Este domingo 21 de junio, Colombia define su futuro político en una de las elecciones más reñidas y polarizadas de los últimos años. La segunda vuelta presidencial enfrenta a dos figuras completamente opuestas. Iván Cepeda, candidato de continuidad del actual gobierno de Gustavo Petro, y Abelardo de la Espriella, un outsider de ultraderecha que llega como favorito tras una sorpresiva primera vuelta. No es solo una elección más, sino que promete ser el proceso electoral más complejo de las últimas dos décadas.
Un escenario distinto
La primera vuelta dejó un escenario inesperado. De la Espriella, prácticamente fuera del radar hace algunos meses, obtuvo un 43,7% de los votos, superando a Cepeda, que alcanzó un 40,9%. Una diferencia de apenas tres puntos, unos 670 mil votos, pero suficiente para cambiar completamente la dinámica de la campaña. Las encuestas habían anticipado el rendimiento de Cepeda, pero no el crecimiento del candidato de ultraderecha, que logró capitalizar el colapso del centroderecha tradicional.

Ese resultado también evidenció una fractura territorial muy clara. Las regiones centrales, más estables y menos golpeadas por el conflicto armado, se inclinaron mayoritariamente por De la Espriella. En cambio, las zonas rurales y periféricas, históricamente más afectadas por la violencia, respaldaron a Cepeda. Una división que no solo es geográfica, sino también social y económica, y que atraviesa hoy todo el país.
En las semanas posteriores, el escenario se movió aún más. Hoy, las principales encuestas ubican a De la Espriella con una ventaja que oscila entre el 52 y el 54% de los votos, frente a un Cepeda que ronda entre el 45 y el 47%. Un giro total si se compara con hace apenas un mes, cuando el candidato oficialista lideraba cómodamente. El desgaste del gobierno de Petro, cuya desaprobación supera el 55%, se transformó en un factor decisivo en esta segunda vuelta.
La fórmula De La Espriella
Pero más allá de los números, lo que está realmente marcando la campaña es la radicalización del discurso. La contienda se ha convertido en una confrontación directa, cargada de ataques personales y acusaciones cruzadas. De la Espriella construyó su narrativa como un candidato de “mano dura”, ajeno al sistema político tradicional, responsabilizando a la izquierda y a las élites por la crisis del país. Su discurso, con ecos de figuras como Nayib Bukele o Javier Milei, pone el foco en la seguridad, el orden público y el rechazo frontal al modelo de Gustavo Petro.
En esa línea, sumó apoyos clave de la derecha tradicional, aunque sin sellar alianzas formales. Figuras como Álvaro Uribe y Paloma Valencia respaldaron su candidatura, consolidando un bloque opositor amplio. Entre sus principales propuestas destacan la construcción de megacárceles, el regreso de la fumigación aérea con glifosato y un endurecimiento general de la política de seguridad, llegando a proponer una “guerra” contra el narcoterrorismo. También ha cuestionado abiertamente el sistema de justicia transicional y los acuerdos de paz con los diversos grupos armados del país.

Sin embargo, el tono de su campaña está marcado sobre todo por los ataques. Ha acusado reiteradamente a Cepeda de ser “guerrillero”, “terrorista” y cómplice del deterioro del país, vinculándolo con las FARC y el ELN. Lo presenta como la continuidad de un proyecto que, según él, llevaría a Colombia hacia un modelo similar al de Venezuela o Cuba. Incluso denuncia supuestas presiones armadas para favorecer al oficialismo en las elecciones, elevando aún más la tensión política.
La táctica de Cepeda y las polémicas que le abren una ventana
Del otro lado, Iván Cepeda enfrenta una campaña cuesta arriba. Tras llegar debilitado a la segunda vuelta, optó por moderar su discurso y presentar un programa más acotado, buscando conquistar el voto de centro que quedó viudo tras la primera vuelta. Se tomó distancia de algunas propuestas más polémicas del gobierno actual, descartando por ejemplo una asamblea constituyente, e intentando posicionarse como un garante de la institucionalidad. Su estrategia apunta a retener el voto de izquierda y, al mismo tiempo, seducir al electorado de centro e indecisos.
Cepeda centró su campaña en la defensa de los procesos de paz, los derechos sociales y la estabilidad democrática. Pero no está escatimando palabras para responder con dureza a Abelardo. Lo acusa de representar a la “plutocracia”, la corrupción y el paramilitarismo, recordando su rol como abogado de figuras vinculadas a escándalos financieros. Además, advierte que sus propuestas de seguridad reflejan una deriva autoritaria que podría poner en riesgo la constitución y los avances logrados en materia de paz.
La confrontación escaló incluso al plano judicial. Ambos candidatos han presentado denuncias cruzadas que incluyen acusaciones de corrupción, vínculos con grupos armados e incluso montajes políticos.
No obstante, durante estas dos semanas de campaña ambos evitaron el debate directo, ninguno de los dos aceptó enfrentarse cara a cara, rechazando múltiples invitaciones de medios y universidades, lo que refuerza la sensación de una elección dominada por la confrontación.

En los últimos días, además, una nueva polémica agitó la campaña. De la Espriella elogió públicamente al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, por la ofensiva militar de Israel en Gaza y el Líbano, asegurando que aplicaría una estrategia similar en Colombia para “destripar” a la izquierda y acabar con las guerrillas. Sus declaraciones generaron fuertes críticas, incluyendo la del propio presidente Petro, que lo acusó de promover “genocidio del pueblo colombiano”.
A esto se suma el respaldo internacional del expresidente estadounidense Donald Trump, quien manifestó su apoyo al candidato de derecha, agregando la dimensión geopolítica a la elección, pero también despertando alarmas de intervencionismo.
Un favorito, pero 17 millones de votos aún sin candidato
Con este panorama, el resultado sigue abierto. Aunque De la Espriella llega con ventaja, todo dependerá de factores clave en las próximas horas. Uno de ellos es el comportamiento del voto de centro, especialmente de quienes apoyaron a candidatos como Sergio Fajardo. Otro factor, aún más decisivo, es la abstención. En la primera vuelta, más de 17 millones de colombianos no fueron a votar, una cifra que supera ampliamente la diferencia entre ambos candidatos.
También será determinante la geografía del voto. Cepeda necesita una movilización masiva en Bogotá, el Valle del Cauca y la costa pacífica, además de recuperar terreno en el Caribe. De la Espriella, en cambio, busca consolidar su ventaja en regiones como Antioquia, el Eje Cafetero y los Santanderes, donde su discurso de orden tiene mayor impacto.
En el fondo, la elección está siendo vista como un plebiscito. Para unos, es la oportunidad de castigar al gobierno actual. Para otros, es un intento por frenar un giro hacia posiciones más extremas. Entre el voto castigo y el miedo al autoritarismo, Colombia llega a esta segunda vuelta con una sociedad profundamente dividida.
Así, a pocas horas de la votación, la moneda sigue en el aire. Más que una simple elección presidencial, lo que está en juego son dos modelos políticos, sociales y democráticos completamente opuestos, en prácticamente todos los sentidos. El desenlace, por ahora, es completamente incierto.






