Paulina Flores en China: las mismas preguntas al otro lado del mundo

La autora chilena participó en la Feria del Libro de Beijing, donde reflexionó sobre literatura, traducción y las similitudes entre las críticas a escritores de los años 80 en distintos países.

La autora chilena participó en la Feria del Libro de Beijing, donde reflexionó sobre literatura, traducción y las similitudes entre las críticas a escritores de los años 80 en distintos países.

El lobby de un colosal hotel del centro de Beijing figura lleno de huéspedes chinos que conversan, toman té o atraviesan el hall arrastrando maletas. En uno de sus rincones, en medio de las mesas que adornan su cafetería y lejos del bullicio y el húmedo sol del verano asiático, la escritora chilena Paulina Flores se dispone a conversar sobre literatura y aquellas experiencias que, como una revelación constante a las barreras geográficas y el muro cultural que divide a oriente y occidente, nos demuestran que tenemos más similitudes que diferencias. Aunque, muchas veces, esa experiencia nos señale una herida en común.

Autora de los libros “Qué vergüenza” e “Isla Decepción“, Flores llegó a la capital china como una de las voces invitadas de la literatura latinoamericana contemporánea en el marco de la 32ª edición de la Feria Internacional del Libro de Beijing (BIBF). Fue en ese contexto que participó, entre otras actividades, del conversatorio “Nacidas en los 80. Diálogo entre jóvenes escritores de China, España y Chile”, junto a la escritora española Aroa Moreno y la académica china Fan Yingchun.

Allí descubrió una coincidencia inesperada entre los debates literarios de ambos países.“La primera pregunta que le hicieron a la expositora china sobre la generación nacida en los 80 era sobre por qué la crítica solía decir que no tenían ética. Lo mismo que les dicen a los escritores nacidos en los 80 en Chile: que son muy individualistas, que se centran demasiado en el yo, que no son políticos”, relató Flores.

Según la escritora, se trata de una discusión recurrente para una generación que ha sido observada desde parámetros distintos a los que marcaron a los autores de décadas anteriores, cuyos contextos de producción estuvieron marcados por procesos sociales donde lo colectivo era algo indiscutiblemente central.

Paulina Flores, escritora chilena.
Paulina Flores, escritora chilena. Foto: Redes sociales de Paulina Flores.

“Siempre esa pregunta viene muy de cerca con el boom”, ejemplificó. “Nos dicen: ‘Neruda y otros autores de esos años se preocupaban de cosas políticas y ustedes no, que solo se preocupan del yo, del microyo y de la intimidad’”, señaló.

Sin embargo, Flores es firme a la hora de cuestionar esa lectura. “El feminismo dejó sentado hace mucho tiempo que lo personal es político. Ahora es una especie de cliché, pero siempre es bueno recordarlo, porque es importante”, expresó la escritora, recordando que gran parte de las escrituras contemporáneas exploran, precisamente, otras formas de lo político.

Literatura chilena al otro lado del Pacífico

Nacida en Santiago en 1988 y criada en Conchalí, Paulina Flores irrumpió en el panorama literario con “Qué vergüenza”. Un retrato feroz de la forma de vida del Chile contemporáneo que se coronó como ganador del Premio Roberto Bolaño y el Premio Municipal de Literatura de Santiago.

Desde entonces, Paulina ha vivido el oficio de la escritura entre Barcelona y la vocación de la exploración de la cultura asiática. Así, y destacada por diversos medios internacionales, hoy figura como la autora latinoamericana más joven en ser traducida al chino.

Esa circulación internacional fue uno de los temas que más apareció durante su visita a Beijing. Al respecto, la escritora recordó especialmente su encuentro con un profesor universitario chino especializado en traducción al español, quien realizó su tesis sobre literatura chilena contemporánea, en un gesto que todavía le parece difícil de dimensionar.

Portada del libro "Qué vergüenza" de Paulina Flores, con fondo blanco e ilustración central de un espejo redondo que refleja de perfil a una persona con los brazos levantados.
Portada del libro “Qué vergüenza” de Paulina Flores.

Me dijo: te leí a ti, a Zambra, a Nona Fernández, a Lina Meruane, a Fuguet, a Bolaño, a Donoso, un montón”, contó. Algo que la llevó a reflexionar sobre el alcance inesperado de historias profundamente locales. “Él lo leía desde la literatura de los hijos, esta especie de búsqueda de reconciliación generacional, de la identidad, que son temas que están muy presentes en la literatura chilena después de procesos políticos muy intensos y destructivos, crueles, que generan heridas generacionales. Es muy emocionante”.

Me decía que volvió a buscar mi libro, que leyó el primer cuento y que no se acordaba de que le gustaba tanto. Uno piensa ‘¡qué raro!’… Si ese primer cuento trata de dos niñas caminando por Bellavista y de un papá buscando trabajo. Son cosas tan concretas que parece imposible que alguien pueda sentirse identificado o que le pueda interesar. Pero sucede”, reflexionó.

Sin embargo, también reconoció que el intercambio todavía le parece desigual. “Siento que no hay tantas lecturas de literatura china, traducciones hacia el otro lado”, observó.

Asia como espejo

Durante buena parte de su vida, Flores ha encontrado en el continente oriental un eco a varias de las sensaciones de hastío que durante décadas han marcado a las generaciones de jóvenes nacidos en los últimos años del siglo XX. 

“Si me gusta Corea no es porque crea que tienen la respuesta, sino porque veo que tienen los mismos problemas que nosotros”, explicó sobre su acercamiento, que comenzó a través del cine surcoreano y continuó luego con el estudio de la historia del país.

Paulina Flores, escritora chilena.
Paulina Flores, escritora chilena. Foto: Redes sociales de Paulina Flores.

Las películas coreanas que vi me hablaban de un capitalismo desalmado consumiendo las almas de las personas”, señaló. Esa búsqueda, explicó, no tenía que ver con encontrar modelos alternativos, sino con reconocer experiencias compartidas. “Yo no buscaba en Corea un cliché de cómo lo hacen ellos, sino poder decir ‘oye, tienen los mismos problemas que nosotros’”, recalcó la autora.

Por eso, y luego de varios días habitando un territorio que rasga sus diferencias para abrirse a las experiencias y dolores compartidos, su balance sobre los aprendizajes de esta visita son positivos. “Es un viaje que me deja súper inspirada y, no sé… Enriquecida“, aseguró.

“Solo llegar es pensar en que todo va a ser tan distinto. En un mundo como en el que vivimos actualmente, donde todo está unificado por Netflix, donde todo es uniforme y aburrido, donde todas las películas tienen la misma fotografía y todas las canciones suenan igual, donde todos nos vemos iguales y nos vestimos iguales, es interesante llegar a un lugar y que sea otra cosa“, complementó la autora.

De hecho, esa es la misma reflexión desde la cual observa el rol que podría jugar en nuestras sociedades el desarrollo de la inteligencia artificial, donde el gigante asiático es una potencia indiscutible. “Todos los días pienso algo distinto”, confesó. “A veces tengo miedo; otras, algo parecido al entusiasmo. Internet fue una herramienta militar desde el comienzo, pero también hubo jóvenes de Conchalí que lo ocuparon para culturizarse. Siempre podemos sacarle los espacios marginales a las cosas”.

Paulina Flores, escritora chilena.
Paulina Flores, escritora chilena. Foto: Redes sociales de Paulina Flores.

“El lenguaje humano es una tecnología”, profundizó la autora. “Nosotros no veníamos con esto integrado y es una tecnología, igual que la inteligencia artificial. Una que no fue hecha para escribir poesía, y aún así algunos decidimos que íbamos a utilizarla principalmente para eso. Siempre podemos darle un uso radical a las herramientas tecnológicas. Y ahora me gustaría hacer eso. Es como una especie de Babel. Está todo tan homogéneo y aburrido que es bueno que pase algo y que se ponga todo más divertido. Porque, al final, es terrible que sea solo una herramienta de inversión más de billonarios”.

A pocos minutos de abandonar el hotel que la alberga en Beijing, Flores mira a su alrededor y confiesa que aún está procesando las impresiones que le deja el país. Aunque sí hay una reflexión que se asoma con bastante claridad: “Me parece alucinante tener una historia de cinco mil años y ser consciente de eso”, afirmó.

“Siento que los chinos son súper herméticos, pero lo digo en el mejor sentido, no como algo negativo”, sumó. Así, y para la autora, incluso símbolos tan conocidos como la Gran Muralla ofrecen una imagen sugerente de esa relación con el mundo exterior. “Es interesante que algo tan representativo de su cultura hacia el exterior sea una muralla. Tiene que ver con una estrategia militar, pero también es defensivo. Es decir: ‘Mira, no pasen’”.

Por lo pronto, y finalizados sus compromisos en el continente, Paulina Flores asegura que parte de sus reflexiones seguirá relacionada con cómo la literatura sigue tendiendo puentes entre realidades aparentemente distantes. Una experiencia que, según su propia experiencia, confirma que las preguntas sobre la identidad, la memoria o el lugar de la escritura contemporánea son mucho más universales de lo que suele pensarse.





Presione Escape para Salir o haga clic en la X