La tragedia venezolana: la responsabilidad de un modelo agotado

El terremoto en Venezuela no solo está dejando miles de víctimas, sino que también expuso el colapso estructural del chavismo. Infraestructura precaria, servicios debilitados y una crisis política que complica la respuesta y agrava la emergencia.

El terremoto en Venezuela no solo está dejando miles de víctimas, sino que también expuso el colapso estructural del chavismo. Infraestructura precaria, servicios debilitados y una crisis política que complica la respuesta y agrava la emergencia.

Pero más allá de la magnitud del desastre natural, lo que comienza a quedar en evidencia es que el terremoto no solo derrumbó edificios, también expuso el colapso de un modelo estatal que ya venía profundamente debilitado. Lo ocurrido en ciudades como Caracas y La Guaira, donde barrios completos quedaron reducidos a escombros, revela más que el poder de la naturaleza, el abandono acumulado durante años.

El desastre que evidenciaron los terremotos

De acuerdo con estimaciones de Naciones Unidas, más de 6 millones de personas podrían haberse visto afectadas. La destrucción de infraestructura crítica, viviendas y servicios básicos mantiene paralizado gran parte del país. Informes preliminares incluso hablan de decenas de miles de edificaciones destruidas o gravemente dañadas. Sin embargo, la explicación no se agota en la fuerza del sismo. La baja profundidad del movimiento telúrico o las condiciones geográficas que influyen, el nivel de devastación también responde a factores humanos y políticos.

Edificios derrumbados en Caracas, Venezuela tras los dos terremotos que afectaron al país. Foto: difundidas por redes sociales

El desastre, en ese sentido, no puede entenderse como una simple fatalidad natural. Es el resultado de un modelo agotado incapaz de responder. Durante años, el estado venezolano abandonó su rol de fiscalización técnica, permitiendo construcciones sin los estándares adecuados, muchas de ellas impulsadas por objetivos propagandísticos más que por criterios de seguridad. Ejemplo de esto es el colapso total de complejos habitacionales emblemáticos del chavismo como ocurrió en numerosas estructuras de la Gran Misión Vivienda o el complejo habitacional “El Urbanismo Hugo Chávez” que colapso por completo. Hoy simbolizan no solo una tragedia, sino también un fracaso institucional.

A esto se suma el deterioro progresivo de edificaciones antiguas que nunca fueron adaptadas a normas antisísmicas modernas. La crisis económica, además, terminó por vaciar de recursos tanto al estado como a los propios ciudadanos, imposibilitando el mantenimiento básico. Sin contar en como según estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), solo con los terremotos del pasado 24 de junio, hasta el 7% del PIB del país se borro en los minutos que duraron los terremotos.

Cuando la tierra tembló, los sistemas diseñados para responder ya estaban colapsados. Los cuerpos de rescate, como bomberos y protección civil, enfrentan una crisis de falta de personal capacitado, escasez de equipos y una politizació de sus redes. Se estima que más de la mitad del personal especializado abandonó el país en la última década, dejando instituciones debilitadas justo en el momento en que más se necesitaban.

El sistema de salud refleja una situación aún más crítica. Hospitales sin insumos, con fallas constantes de electricidad y agua, y con una fuga masiva de profesionales. En este contexto, el terremoto no desbordó al sistema, simplemente dejó en evidencia que ya estaba desbordado desde antes.

La vuelta de Machado

En medio de este escenario, más de veinte países ya han enviado ayuda humanitaria y equipos de rescate. Sin embargo, esta asistencia también esta marcada por tensiones. Diversas denuncias apuntan a una fuerte centralización por parte del gobierno venezolano, que estaría obstaculizando el trabajo de ONG, voluntarios y brigadas internacionales mediante controles burocráticos y restricciones de acceso.

Trabajo de rescatistas y bomberos en Venezuela.

Testimonios de rescatistas extranjeros hablan de retrasos, exigencias administrativas excesivas e incluso interrupciones en labores críticas. El argumento oficial es la necesidad de ordenar la ayuda y evitar el caos logístico, pero las críticas señalan que esta centralización responde más a un intento de control político que a criterios de eficiencia.

El gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, defiende su gestión apuntando a las sanciones internacionales como principal causa del deterioro estructural del país. Según esta narrativa, las restricciones económicas habrían impedido la inversión en infraestructura, equipos y servicios básicos. Desde esta perspectiva, la crisis actual sería en gran medida consecuencia de factores externos.

En esta dimensión, la figura de María Corina Machado toma especial protagonismo. Desde el extranjero exige la creación de un corredor humanitario gestionado por organismos internacionales. Su postura es rechazada por el oficialismo, que la acusa de promover una intervención extranjera bajo el pretexto de la ayuda.

El eventual retorno de Machado al país genera aún más tensión, especialmente tras el cierre del espacio aéreo decretado por el gobierno. Más allá de lo simbólico, su presencia en terreno podría alterar el equilibrio político en un momento extremadamente delicado.

Bencina a un incendio

Todo esto ocurre en un contexto donde la cúpula chavista enfrenta una paradoja cada vez más evidente. Mantiene su capacidad de control territorial y político, pero está perdiendo gran parte de su capacidad operativa para responder a las necesidades básicas de la población. Es lo que algunos describen como un estado fuerte para reprimir, pero débil para proteger.

El terremoto, además de una catástrofe es un acelerador de procesos que ya estaban en marcha. La crisis económica, la migración masiva, el deterioro institucional y la pérdida de legitimidad se combinan ahora con una emergencia humanitaria de gran escala.

Incluso dentro de las propias fuerzas de seguridad, que son claves en la estabilidad del régimen, comienzan a aparecer tensiones. Sus integrantes no están aislados de la realidad que vive el resto de la población, y la incapacidad del estado para proteger a sus propias bases podría tener consecuencias en la cohesión interna.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez
REMITIDA / HANDOUT por JUAN CARLOS / PRESIDENCIA VENEZUELA
27/6/2026

Además, el modelo de control social basado en la distribución de recursos enfrenta un desafío inédito. Con la infraestructura dañada y la logística interrumpida, el estado pierde su principal herramienta de contención. En paralelo, las comunidades comienzan a organizarse de manera autónoma, debilitando el vínculo de dependencia con el gobierno.

Mientras tanto, la diáspora venezolana —que ya supera los siete millones de personas— es también un actor importante. Desde el exterior, miles de ciudadanos están movilizando ayuda, recursos y apoyo logístico, en muchos casos enfrentando las mismas barreras burocráticas que los equipos internacionales.

El terremoto también reconfigura el debate sobre el futuro del país. La idea de “reconstruir Venezuela” deja de ser una consigna política para convertirse en una necesidad literal. Sin embargo, el corto plazo plantea un riesgo, en lugar de un retorno masivo, podría producirse una nueva ola migratoria de personas que han perdido todo.

A largo de la historia se demuestra que los desastres naturales no necesariamente derriban gobiernos, pero sí pueden acelerar procesos de cambio cuando las condiciones estructurales ya están presentes.

Hoy, Venezuela enfrenta ese momento. Un punto en el que la crisis deja de ser abstracta y se vuelve visible, cotidiana y urgente. Porque al final, más allá de los discursos, de las responsabilidades compartidas o de las disputas de poder, lo que se habla es algo mucho más básico. La capacidad de un Estado de proteger a su población cuando más lo necesita. Y hoy, esa capacidad está siendo puesta a prueba como nunca antes.





Presione Escape para Salir o haga clic en la X