¿Por qué los chinos aman a Bolaño?

Dos librerías bautizadas en honor al escritor chileno revelan una historia que comenzó con García Márquez y el realismo mágico, y que convirtió a la literatura latinoamericana en un fenómeno editorial en China.

Dos librerías bautizadas en honor al escritor chileno revelan una historia que comenzó con García Márquez y el realismo mágico, y que convirtió a la literatura latinoamericana en un fenómeno editorial en China.

El pasado sábado 6 de junio de 2026, en Chengdú, la capital de la provincia china de Sichuan, un grupo de aficionados a la literatura llevó a cabo lo que ellos mismos describen como una hazaña que desafía las tendencias del mundo moderno. Ese día, y tras varios años de funcionamiento nómade, inauguraron la librería “Bolaño”, la primera del sector dedicada exclusivamente a la literatura latinoamericana y que, desde su propio nombre, rinde homenaje al destacado escritor chileno.

Pero no se trata de una elección al azar. Los fundadores de este espacio —que promete ofrecer un refugio para la lluvia y una estufa siempre encendida para preparar té frente al hostil invierno del país asiático— se definen a sí mismos como férreos seguidores del autor de “Los detectives salvajes”. Incluso la fecha escogida para la inauguración guarda una relación explícita con una de sus novelas más célebres.

Seguro habrán notado la fecha que abre el texto: 6 de junio de 2026, es decir, 2666, un número que coincide con la obra cumbre de Roberto Bolaño, ‘2666’. Al ser la librería ‘Bolaño’, teníamos que aprovechar esta coincidencia, por forzada que parezca. La próxima vez que se repita esta secuencia numérica pasarán cien años, y no tenemos confianza en vivir tanto tiempo”, escribieron los impulsores del proyecto en el anuncio de inauguración publicado en WeChat, una de las redes sociales más utilizadas en China.

Librería "Bolaño", la primera de Chengdú, China, en estar dedicada a la literatura latinoamericana.
Librería “Bolaño”, la primera de Chengdú, China, en estar dedicada a la literatura latinoamericana. Foto: WeChat.

Y continúan: “Los lectores de Bolaño habrán reflexionado sobre el significado de ‘2666’, y hemos leído multitud de interpretaciones. Pero esta fecha, donde la suma de sus dígitos 2+6+6+6 da 20, solo ocurre una vez en la historia del calendario, y ese número veinte es también una metáfora oculta en ‘2666’. A veces los encuentros necesitan una razón absurda. Queremos aprovechar esta fecha mágica para traer un poco del misterio y la maravilla del continente latinoamericano a este lugar“.

Sin embargo, lo ocurrido en Chengdú no constituye el primer homenaje chino dedicado al ganador del Premio Herralde. En 2014, cinco jóvenes que se presentaban como “amantes de la lectura obsesionados con ‘2666’” inauguraron, en el corazón de Shanghái, una librería bautizada, precisamente, con el nombre de la novela. Ubicada sobre un puente peatonal en el barrio de Xintiandi, en un largo corredor de grandes ventanales, el proyecto buscaba convertirse en un refugio para los lectores que transitaban diariamente entre los miles de peatones de una de las ciudades más pobladas del mundo.

Aunque aquella librería ya no existe, ambos gestos son sintomáticos de una realidad que salta a la vista al recorrer las vitrinas de cualquier librería china: la literatura latinoamericana ocupa hoy un espacio privilegiado dentro de la oferta editorial del país y, dentro de ese panorama, Roberto Bolaño logró consolidarse como el escritor chileno más exitoso entre los lectores chinos.

En este punto, la pregunta es inevitable. ¿Cómo llegó un autor nacido en Santiago, cuya obra transita entre detectives perdidos, poetas errantes y asesinatos sin resolver, a convertirse en una referencia literaria para lectores que viven al otro lado del Pacífico?

Librería "Bolaño", la primera de Chengdú, China, en estar dedicada a la literatura latinoamericana.
Librería “Bolaño”, la primera de Chengdú, China, en estar dedicada a la literatura latinoamericana. Foto: WeChat.

Antes de Bolaño

Para Guillermo Bravo, gestor cultural, profesor de Literatura en Español en la Capital Normal University de Beijing y dueño de la librería china Mil Gotas, el fenómeno del escritor chileno no puede entenderse de manera aislada. En estricto rigor, su éxito forma parte de una historia más amplia, marcada por la llegada de la literatura latinoamericana al mercado editorial chino y por la manera en que el país ha construido históricamente sus lecturas del mundo hispanohablante.

“China se sigue moviendo bastante por lo que se publica en Europa y en Estados Unidos. Y Bolaño, claro, es un gran escritor, pero también el mercado estadounidense decidió que era el nuevo gran autor latinoamericano. Me parece que a partir de ahí los editores vieron el fenómeno y decidieron publicarlo”, explicó.

El entusiasmo, sostuvo, se puede medir de distintas maneras. “Ese boom es palpable en las ventas y en las publicaciones. El hecho de que se haya publicado de Bolaño no solo las novelas, sino también los artículos, las entrevistas y todo lo que lo rodea, muestra que hay un entusiasmo por él”, comentó. Algo a lo que suma otros indicios menos convencionales: “Cuando uno pone ‘Bolaño’ en WeChat aparecen muchísimas cuentas que hablan sobre él“, deslizó Bravo, quien igualmente recordó la apertura de la librería “2666” en Shanghái y una adaptación teatral basada en la novela como señales de que el autor chileno trascendió hace tiempo el circuito universitario para instalarse en la cultura popular.

Pero si Bolaño representa el presente de la literatura latinoamericana en China, Gabriel García Márquez explica buena parte de su pasado. Para Álvaro Lorite, profesor de español y literatura en la Universidad de Pekín y periodista de la revista China Hoy, el verdadero punto de inflexión ocurrió varias décadas antes, con la llegada de “Cien años de soledad“.

Antes de Bolaño, el gran fenómeno que hubo fue García Márquez. Fue, obviamente, en parte por la propia calidad y la proyección literaria que se le dio a todo el fenómeno del boom, pero además de eso, esto entroncaba con ciertas iniciativas estatales que estaban buscando una manera de reencantar a la población con las regiones rurales”, recapituló.

Edición en chino de "En la sala de lecturas del infierno", libro de poesía de Roberto Bolaño.
Edición en chino de “En la sala de lecturas del infierno”, libro de poesía de Roberto Bolaño.

La afirmación, dice, no proviene únicamente de su experiencia como profesor o investigador. Durante una serie de entrevistas realizadas sobre la recepción de la literatura hispanoamericana en China, conversó con John Gualteros, profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad de Lenguas Extranjeras de Dalian, quien le planteó una hipótesis que ayuda a entender el fenómeno.

Había un interés estatal por reencantar las zonas rurales de China y el realismo mágico generaba una serie de herramientas muy útiles para ello. Hasta el punto de que al realismo mágico no solo se empezó a destinar mucho dinero para su traducción, edición y distribución, sino que también comenzó a generar una propia literatura china basada en el realismo mágico”, ilustró Lorite.

Así, la influencia latinoamericana no se limitó a llenar las estanterías con traducciones de García Márquez, Julio Cortázar o Mario Vargas Llosa, pues también comenzó, inevitablemente, a permear la producción literaria local. “Hay autores chinos que se entroncan con la tradición latinoamericana pasada por China”, resumió Lorite, quien menciona a la escritora Can Xue como una de las autoras cuya obra dialoga con ese legado, sin contar la declarada admiración que el Nobel de Literatura chino, Mo Yan, ha expresado por la obra de su par colombiano.

El proceso fue, en otras palabras, mucho más profundo que una simple moda editorial. Y es que la literatura latinoamericana no solo encontró lectores en China, sino que terminó incorporándose a las herramientas con que el propio país comenzó a pensar y representar parte de su realidad.

Una tradición que echó raíces

¿Por qué el realismo mágico encontró un terreno tan fértil en China? La respuesta, según Lorite, no pasa únicamente por las decisiones editoriales o las políticas de traducción, sino también por la existencia de puntos de encuentro entre ambas tradiciones culturales.

Antes de conocer las explicaciones sobre el impulso estatal que recibió el realismo mágico, la asociación parecía surgir de manera casi intuitiva: la relación con la naturaleza, el paisaje entendido como un personaje más y la convivencia entre lo cotidiano y lo extraordinario parecían establecer puentes evidentes entre América Latina y China.

Para Lorite, esa intuición no estaba del todo equivocada. “Una de las cosas que se hace en China dentro de esta corriente, no solo en la literatura del realismo mágico, sino también a través del cine, es buscar una conexión con costumbres tradicionales previas a periodos más unificadores, que tienen que ver con lo ritual, con costumbres más chamánicas y animistas. En ese sentido, creo que también ahí entronca y tiene muchos paralelismos con el realismo mágico de América Latina”.

Edición en chino de la novela "2666".
Edición en chino de la novela “2666”.

Ese diálogo, indicó, permitió que las obras latinoamericanas fueran leídas no como un universo completamente ajeno, sino como una tradición capaz de conversar con imaginarios ya presentes dentro de la cultura china.

Guillermo Bravo coincide en que la cercanía entre ambas regiones excede ampliamente lo literario. “A mí me parece que hay una conexión especial entre China y América Latina en la literatura“, afirmó. Como ejemplo, recordó la impresión que le transmitió un escritor argentino durante una reciente visita al país asiático.

“Me decía: ‘Yo me sentí muy cómodo en China, sentí que era un lugar muy latinoamericano, por cómo nos trataban, por cómo nos invitaban’. Después decía que había visto obras en construcción por todas partes, y sentía que había una cierta precariedad que hacía que el ambiente le resultara más cercano. Decía que en Japón todo era perfecto y que era más difícil para un latinoamericano sentirse en casa”, comentó.

Más allá de la anécdota, Bravo reconoce elementos históricos que ayudan a explicar esa sensación de familiaridad. “No fuimos países colonizadores, sino colonizados durante los últimos siglos. También formamos parte de una periferia, aunque China ya no lo sea, pero sí lo fue durante buena parte de la historia reciente. Hay un montón de cosas que hacen que exista un parentesco entre China y América Latina que es muy palpable”, sintetizó.

Esa historia compartida, sostuvo, ha convertido a la literatura latinoamericana en una referencia particularmente relevante para los lectores chinos. “Eso, sin duda, hace que la literatura latinoamericana tenga en China un lugar súper especial. Yo diría que, en ese sentido, incluso antes que la literatura europea“, recalcó.

La generación Bolaño

Sobre ese terreno ya preparado por décadas de traducciones, lectores y autores influenciados por el boom latinoamericano apareció Roberto Bolaño. Y lo hizo con una recepción que, incluso para quienes llevan años enseñando literatura en China, continúa resultando llamativa.

“Yo tengo amigos en Kunming que no son especialmente amantes de la literatura y, de repente, cuando les pregunto por sus autores favoritos, me hablan de Bolaño”, contó Lorite.

Y la sorpresa no termina ahí. “Descubrí también que un colega que conocí en ambientes de música electrónica y de punk tenía una obsesión con Bolaño. Y los números lo demuestran: se vende muchísimo su literatura”, graficó.

Para el académico, parte de la explicación puede encontrarse en el momento histórico en que la obra del chileno comenzó a circular con fuerza fuera del mundo hispanohablante.

“Creo que hay una cuestión generacional. Igual que a la gente de nuestra generación —millennials, sobre todo—, Bolaño tenía algo que también ha calado en Europa, en España. Y creo que, dentro de esta globalización, la generación millennial comparte muchas cosas con la generación millennial de otros lugares“, reflexionó Lorite.

Justamente, y en esa lectura, el escritor chileno ofreció algo que trascendía las fronteras nacionales. “Bolaño nos ha dado una especie de reencantamiento romántico, quizá en un mundo muy líquido y muy posmoderno. De repente nos ha entregado una narrativa a la que, aunque sea un poco jugando, podíamos aferrarnos”, aseguró. De hecho, su propia biografía también habría contribuido a esa circulación internacional. “Él mismo vivió en muchos lugares y su literatura puede saltar de un sitio a otro”, recalcó Álvaro.

Sin embargo, todavía existen aspectos poco explorados sobre la recepción de su obra en China. Por ejemplo, Bravo compartió que uno de ellos tiene relación con las traducciones. “No sé si toda la parte de los femicidios de ‘2666’ se habrá reducido, edulcorado o modificado. Habría que conversarlo con los traductores, pero posiblemente, como es literatura extranjera, se permite un poquito más de lo que se permite publicar dentro de China”, precisó.

Librería "2666" en Shanghái.
Librería “2666” en Shanghái. Foto: WeChat.

Mucho más que aprender un idioma

El fenómeno de la literatura latinoamericana en China tampoco puede entenderse únicamente desde las cifras de ventas o las vitrinas de las librerías. Buena parte de esa historia se ha construido, también, en las salas de clases.

Cada año, miles de estudiantes chinos ingresan a carreras de español en universidades de todo el país. Allí comienzan aprendiendo gramática y vocabulario, pero rápidamente descubren que el idioma viene acompañado de una tradición literaria que termina funcionando como una puerta de entrada hacia otras formas de entender el mundo.

Álvaro Lorite lo ha visto durante años. Antes de dedicarse al periodismo, fue profesor de lengua y literatura en la Universidad de Pekín, una experiencia que le permitió observar de cerca la manera en que muchos jóvenes chinos se aproximan a América Latina. “Muchísimos alumnos me lo han contado. El camino es primero la lengua, luego la literatura y después el país. Y, claro, cuando vuelven de allí, para bien y para mal, ya no son los mismos”, recordó.

El viaje al mundo hispanohablante, entonces, termina modificando mucho más que el dominio del idioma. “El sistema educativo no es igual. La universidad es completamente distinta en Latinoamérica o en los países europeos. La concepción y la forma en que nos relacionamos y socializamos en la universidad aquí en China y allí son totalmente distintas”, puntualizó Lorite.

En ese proceso, los libros ocupan un lugar difícil de reemplazar. “La literatura realmente es una puerta a un universo y a un mundo completamente diferente“, recalcó el académico, Pero esa puerta, advirtió, debería abrirse en ambas direcciones.

Librería "2666" en Shanghái.
Librería “2666” en Shanghái. Foto: WeChat.

Álvaro reconoce que mientras en China varias generaciones de lectores crecieron leyendo a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa o Roberto Bolaño, el interés por la literatura china sigue siendo mucho más reducido en América Latina.

Creo que hay mucha menos gente en Latinoamérica y en Europa que, si le preguntas por tres autores chinos o tres novelas chinas, te los va a poder decir“, ejemplificó. Una observación que, más que una crítica, se asoma como una invitación. “Cuando uno empieza a leer literatura china bien traducida, se encuentra con puertas a otros universos y piensa: ‘¿Dónde estoy?'”, afirmó.

Así, el fenómeno desatado por Roberto Bolaño en la China continental no es solo un homenaje a uno de los escritores chilenos más importantes de las últimas décadas. Tampoco una simple curiosidad bibliográfica. De hecho, es la evidencia de un diálogo cultural que comenzó hace décadas con el realismo mágico, que encontró nuevas formas de expresión en la literatura china contemporánea y que hoy sigue sumando lectores al otro lado del Pacífico.

Los fundadores de la librería escribieron que querían crear un lugar donde “traer un poco del misterio y la maravilla del continente latinoamericano”. Una intención que, finalmente, terminó construyendo una puerta que muchos lectores chinos están dispuestos a cruzar.





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