Noviembre Nacional: el partido neonazi que busca desplazar los límites de la política española

El grupo neonazi español, Núcleo Nacional, da el salto como partido político bajo este nuevo nombre. Más que disputar votos, busca normalizar el nazismo y fascismo, captar jóvenes y blindar institucionalmente su proyecto supremacista.

El grupo neonazi español, Núcleo Nacional, da el salto como partido político bajo este nuevo nombre. Más que disputar votos, busca normalizar el nazismo y fascismo, captar jóvenes y blindar institucionalmente su proyecto supremacista.

En España, una organización abiertamente neonazi decidió abandonar parcialmente los pasamontañas, el anonimato de redes sociales y la agitación callejera para intentar entrar en las instituciones. Núcleo Nacional pasará a llamarse Noviembre Nacional, un partido político inscrito desde febrero de 2026 en el registro del Ministerio del Interior español.

Su lanzamiento público se produjo esta semana y su programa será presentado este sábado 11 de julio en Madrid. Su importancia no radica, al menos por ahora, en sus posibilidades reales de conseguir diputados, sino en el intento de normalizar dentro del debate político español un discurso explícitamente neonazi y fascista.

No surgen de la nada: la base doctrinaria

El nombre Noviembre Nacional alude a las protestas de noviembre de 2023 frente a la sede del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en la calle Ferraz, convocadas contra la ley de amnistía para los dirigentes independentistas catalanes. En esas manifestaciones confluyeron antiguos miembros de organizaciones neofascistas, grupos ultras del fútbol y jóvenes reclutados mediante redes sociales.

Manifestantes de Núcleo Nacional convocados en Barcelona para protestar en contra de la migración. Foto: Redes sociales de Núcleo Nacional.

De esa experiencia nació Núcleo Nacional, que comenzó a organizarse digitalmente a comienzos de 2024 y realizó su presentación pública en abril de ese año. Ahora, tras distintas investigaciones, detenciones por delitos de odio, desórdenes públicos y tenencia ilícita de armas vinculados a militantes de su entorno, el grupo decidió dar el salto hacia la política institucional.

En su presentación, a través de un video de poco más de 2 minutos en la red social X, el portavoz Iván Rico sostuvo que Noviembre Nacional surge como un proyecto impulsado por un grupo de nacionalistas que, desde hace dos años, emprendieron un camino de lucha por un pueblo del que —según afirma— se ha desconectado la clase política. A su juicio, tanto la derecha como la izquierda comparten premisas del liberalismo y el marxismo que buscan destruir las naciones. “Nos quieren convencer de que el hombre y la mujer son iguales, o que un sudamericano o africano es igual que un europeo“, cuestionó el portavoz.

Las palabras de Rico resumen una doctrina que rechaza la igualdad entre hombres y mujeres, sostiene una jerarquía racial entre europeos, latinoamericanos y africanos. Adscriben a la “teoría del gran reemplazo” un supuesto complot que busca “sustitución racial”, en este caso de la población española, pero que cada agrupación repite en sus territorios ante la inmigración.

El grupo propone lo que llama “remigración”, un eufemismo utilizado por movimientos identitarios europeos para defender expulsiones masivas de inmigrantes y ciudadanos de origen extranjero. A esto suma un tradicionalismo católico militante, el antisemitismo, la islamofobia, el machismo militante y una retórica antiglobalista,

No se trata, por lo tanto, de una derecha simplemente conservadora, sino de una organización neonazi que reivindica elementos del fascismo español y del nacionalsocialismo alemán.

Los personajes detrás y su táctica: el escudo institucional de la institución que desprecian

La agrupación está presidida por Enrique Lemus, antiguo dirigente de Democracia Nacional, mientras que los hermanos Iván y David Rico Olivares, ambos hijos de un exconcejal del Partido Popular (Pp) —misma élite política que critican—, son quienes controlan buena parte de su estructura política, comunicacional y comercial.

Iván aparece como portavoz y principal agitador público; David dirige su producción audiovisual y figura como responsable de Ultra Invicta, la tienda que comercializa camisetas, banderas, pasamontañas y otros productos con la simbología del movimiento.

Al centro Iván Rico, portavoz de Noviembre Nacional en el video de presentación del partido político neonazi español. Foto: Captura del video de presentación difundido por redes sociales.

Su sede madrileña fue bautizada como “El Nido”, en una referencia evidente al refugio alpino de Adolf Hitler en Berchtesgaden. Allí conviven una estética paramilitar, símbolos semejantes a los empleados por unidades de las SS, referencias falangistas y una comunicación diseñada especialmente para captar a hombres jóvenes.

El paso de Núcleo Nacional a Noviembre Nacional responde también a una estrategia de supervivencia. La inscripción como partido político les entrega una protección jurídica e institucional superior a la de una asociación civil. Les permite abrir cuentas, recaudar fondos, convocar actividades y utilizar las garantías de la legislación que ellos mismos desprecian.

La organización asegura que pretende destruir el llamado “Régimen del 78”, el sistema democrático nacido de la Constitución española de 1978 después de la muerte de Franco, al mismo tiempo que recurren a sus leyes para protegerse frente a investigaciones policiales y eventuales intentos de disolución.

Su transformación electoral no implica el abandono de la agitación callejera, sino la creación de un paraguas legal para mantenerla.

El espacio que buscan disputar

A corto plazo, las posibilidades de Noviembre Nacional de obtener representación parlamentaria parecen reducidas. El sistema electoral español castiga a las fuerzas pequeñas y la extrema derecha extraparlamentaria arrastra décadas de divisiones, personalismos y disputas internas. Sin embargo, medir su éxito únicamente por los votos sería un error.

Su objetivo inmediato es desplazar los límites de lo que puede decirse públicamente, introducir ideas abiertamente racistas en la discusión cotidiana y presionar a Vox para que endurezca todavía más sus posiciones migratorias y culturales.

Noviembre Nacional forma parte de una corriente europea que comparte la teoría conspirativa del “gran reemplazo”, la defensa de una supuesta “Europa blanca” y el rechazo de la Unión Europea en favor de una comunidad de naciones definidas por criterios étnicos.

Su verdadera apuesta se encuentra en la construcción de una contracultura juvenil. Para ello utilizan videos breves pensados para redes sociales, música, ropa, propaganda digital, clubes de boxeo y espacios asociados a las artes marciales. No ofrecen un programa político detallado para enfrentar la precariedad, la inflación, el desempleo o la crisis de vivienda. En cambio, transforman problemas sociales complejos en un relato simple.

España estaría en decadencia porque las élites, los inmigrantes, el feminismo, los musulmanes y los judíos habrían debilitado a la nación. Esa simplificación les permite presentar a jóvenes frustrados una identidad colectiva, una estética de fuerza y un enemigo al cual responsabilizar por sus dificultades personales.

Pero detrás de esa imagen existe una profunda inconsistencia ideológica. Defienden una “Europa blanca” que desconoce la historia mestiza, mediterránea y plural de España; reivindican la Hispanidad, pero niegan el aporte e importancia de los pueblos latinoamericanos; utilizan la cruz católica mientras rechazan el carácter universal del cristianismo; se proclaman anticapitalistas, pero financian su actividad mediante tiendas digitales, mercancías, redes globales y plataformas de grandes corporaciones. Denuncian al sistema democrático, pero buscan protección en sus instituciones.

En definitiva, Noviembre Nacional no logra constituir una doctrina coherente, sino una combinación oportunista de neonazismo, antisemitismo, islamofobia, racismo biológico, catolicismo instrumental y mercadotecnia digital. Su contradicción no es accidental, reemplaza el pensamiento por la estética, el análisis por el resentimiento y la política por la fabricación de enemigos. Precisamente por eso, su escasa consistencia intelectual no reduce su peligrosidad; puede hacerlos todavía más funcionales a una época dominada por la polarización, la frustración y los mensajes rápidos.





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