El frágil equilibrio que mantiene a los mercados en vilo ante la renovada fase de la guerra en Medio Oriente

La ruptura del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán abre una etapa más peligrosa de la guerra. Ormuz, Yemen y Líbano amenazan con expandir el conflicto y trasladarlo a los mercados, la energía y la estabilidad global.

La ruptura del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán abre una etapa más peligrosa de la guerra. Ormuz, Yemen y Líbano amenazan con expandir el conflicto y trasladarlo a los mercados, la energía y la estabilidad global.

El cese al fuego entre Estados Unidos e Irán, establecido por el Memorando de Islamabad, quedó definitivamente en el pasado ad portas de que se cumplan los 60 días establecidos para negociar un pacto sobre los puntos pendiente. Lo que comenzó como una serie de represalias acotadas ya entró a una fase abierta de enfrentamiento directo, concentrada en degradar la capacidad militar iraní y disputar el control del estrecho de Ormuz.

Estados Unidos lanzó su quinta oleada de ataques en seis días contra Irán centrándose en instalaciones en Juzestán, Hormozgán, Isfahán y Markazi, mientras Teherán respondió contra bases estadounidenses y aliadas del Golfo. La principal clave es que la guerra ya no gira únicamente en torno al programa nuclear iraní. Ahora el centro de la disputa está en quién controla Ormuz y las rutas marítimas que atraviesan el corredor donde navega hasta una cuarta parte del comercio energético mundial total.

Ataques y contraataques

Washington afirmó haber golpeado defensas antiaéreas, radares, redes de mando, lanzadores de misiles y embarcaciones de la Guardia Revolucionaria. El Comando Central (CENTCOM) también utilizó por primera vez drones navales de ataque junto con aviones, buques y drones aéreos. Sin embargo, la superioridad estadounidense no garantiza un desenlace rápido.

Enormes columnas de humo tóxico salen de almacenes de petróleo en la capital de Irán, Teherán, luego de ser atacada por bombardeos conjuntos de Israel y Estados Unidos.
Explosión en Teherán tras bombardeo de Estados Unidos a almacenes petroleros iraníes.

Irán construyó durante años una estructura militar con posiciones móviles, depósitos ocultos y redes subterráneas. Se habla de verdaderas ciudades bajo tierra dispersas por todo el territorio, donde se mueve toda la maquinaría de defensa. Estados Unidos puede ganar casi todos los enfrentamientos tácticos y, aun así, no cerrar la guerra. Cada ataque destruye capacidades, pero obliga a mantener vigilancia, localizar nuevos blancos y repetir operaciones. La campaña comienza así a parecerse menos a un golpe decisivo y más a una guerra de desgaste.

La Guardia Revolucionaria, por su parte, anunció cinco oleadas contra instalaciones en Jordania, Baréin, Kuwait y Omán dirigidas, según Teherán, contra depósitos, centros de mando, radares, sistemas Patriot, lanzadores HIMARS y dependencias vinculadas a la Quinta Flota estadounidense en Baréin. En las últimas horas Irán y diversos reportes, como imágenes satélites, confirmarían importantes daños en la sede de la Quinta Flota. La secuencia revela una estrategia clara: Teherán busca demostrar que puede amenazar la arquitectura militar estadounidense en el Golfo y mantener la presión sobre la navegación comercial mediante ataques contra petroleros y buques de gas.

El bloqueo de Ormuz: la tasa “trump”

En este contexto, el punto más importante del enfrentamiento es el estrecho Ormuz. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que restablecerán el bloqueo sobre las exportaciones iraníes, garantizará el tránsito del resto de los buques y se convertirá en el “guardián del estrecho”. Pero agregó una propuesta que más que calmar a los mercados y aliados, levantó más preocupaciones que un bloqueo iraní: anunció que cobrará una tasa del 20% del valor de toda carga que atraviese la zona.

Por el momento, los mercados evaluaban si Irán cerraría el estrecho o si la inseguridad lo volvería comercialmente intransitable. No obstante, ahora aparece un nuevo escenario donde Ormuz permanezca militarmente abierto, pero sometido a un gravamen estadounidense.

Mapa del Estrecho de Ormuz.
Mapa del estrecho de Ormuz. Foto: Aton/ Europa Press.

Un petrolero que transporte 160 millones de dólares en crudo podría enfrentar un cobro cercano a los 32 millones. Esto equivaldría a sumar aproximadamente 16 dólares por barril antes de considerar seguros, fletes y costos de guerra.

La propuesta debilita el argumento de que Washington protege simplemente la libertad de navegación. Estados Unidos pasaría de resguardar una ruta internacional a cobrar una renta por garantizarla, sustituyendo un eventual peaje iraní por uno estadounidense. Además de las dudas jurídicas, esto puede generar resistencia entre China, Japón, Corea del Sur, India y Europa, cuyos gobiernos tendrían que financiar una intervención que no decidieron. También perjudicaría a los productores del Golfo, porque sus exportaciones perderían competitividad.

Cuanto más tiempo dure esta dinámica, mayores serán las probabilidades de un error de cálculo. Si la guerra se prolonga, aumentan las bajas estadounidenses o el petróleo vuelve a dispararse sobre los 100 dólares, Trump podría llegar a las elecciones intermedias de noviembre con más inflación, tasas de interés altas, mercados debilitados y una oposición que lo responsabilice de haber iniciado una crisis evitable.

Los mercados al límite: los escenarios que agregan tensión

Los mercados reaccionaron con fuerza, pero no con pánico sistémico, aún. El Brent subió a 80 dólares por barril, mientras el tránsito por Ormuz cayó a mínimos de varias semanas. Ese precio refleja por ahora una interrupción parcial, no un cierre total. El peligro aparece primero en el costo de los seguros, los fletes, los inventarios y los márgenes del diésel y del combustible aéreo. Europa ya enfrenta mayor presión sobre productos refinados, mientras algunas pólizas de guerra pueden sumar millones de dólares por viaje. Irán no necesita hundir decenas de barcos, le basta con elevar el riesgo hasta que aseguradoras, bancos, armadores y tripulaciones concluyan que cruzar dejó de ser rentable.

Corea del Sur se convirtió en la principal víctima. El KOSPI, el principal índice bursátil del país cayó cerca de 9%, golpeado por su dependencia energética y por la fragilidad previa de un mercado concentrado en semiconductores. Wall Street y Europa mostraron retrocesos más moderados, con pérdidas en tecnológicas, aerolíneas y transportes, compensadas parcialmente por las petroleras. Tampoco hubo una huida clásica hacia el oro y los bonos. Los rendimientos estadounidenses subieron y el oro retrocedió, señal de que los inversionistas interpretan el conflicto como un choque inflacionario de oferta. Energía y transporte más caros, menor crecimiento y tasas elevadas durante más tiempo. El riesgo se acerca así a un escenario de estanflación.

Misil iraní. Foto: Agencia Aton.

El otro foco capaz de romper este equilibrio está fuera de Irán. Una reactivación  de una fase más intensa entre Israel y Hezbolá obligaría a Washington a repartir interceptores, inteligencia, municiones y vigilancia aérea, mientras Israel conserva una lógica de acción propia.

Pero es el caso de Yemen el que puede ser todavía más peligroso. Una nueva guerra entre los hutíes y el gobierno central apoyado por Arabia Saudita expondría puertos, oleoductos, terminales petroleras y plantas de desalinización. Y si los hutíes vuelven a paralizar Bab el-Mandeb, el mercado perdería una de sus principales rutas de comercio global. Bab el-Mandeb conecta Europa con Asia, su interrupción podría hacer inevitable una crisis internacional.

El problema, es que ese escenario ya está escalando con ataques cruzados. Los saudíes atacaron el aeropuerto en Sanaá, controlado por los hutíes, debido a que un avión iraní ingresó al espacio aéreo yemení, hacia territorio hutí, sin solicitar permiso al gobierno yemení internacionalmente reconocido y apoyado por Arabia Saudita. Hecho que ya tuvo una respuesta por parte de los Hutiés, quienes atacaron la base aérea saudí del rey Khalid en Arabia Saudita.

Por ahora, los mercados apuestan a que la crisis seguirá siendo administrable. Pero esa apuesta depende de que ningún ataque cierre efectivamente Ormuz o Bab el-Mandeb. La alerta se mantiene, el problema ya no es solo si el petróleo seguirá circulando, sino a qué precio, bajo qué autoridad y durante cuánto tiempo la economía mundial podrá absorber el costo.





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