En conversación con la primera edición de Radioanálisis, el académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, Pablo Aguayo Westwood, se refirió a la propuesta del Gobierno para modificar el Sistema de Admisión Escolar (SAE). Cuestionó el debate en torno al mérito y afirmó que no existe una forma “objetiva de medirlo”, además fue crítico con la manera en que se ha llevado la discusión en el Congreso.
El académico hizo una reflexión en torno a cómo se ha concebido el mérito en el debate. Planteó que se asocia “al esfuerzo de los estudiantes y sus familias para poder ingresar a la educación”, por lo tanto, al tiempo y trabajo que cada uno invierte.
Según Aguayo, lo anterior apunta a dificultades morales por “las condiciones que habilitan el mérito”, que son diferentes para cada estudiante. “Por ejemplo, un estudiante que nace en una familia, que recibe apoyo, que sus padres y madres están preocupados por su educación, evidentemente va a tener un mejor desempeño escolar”, explicó.
En ese sentido, el académico separó el desempeño escolar del mérito. “En ese caso el estudiante que recibió el apoyo va a tener una opción mucho más clara. En cambio, un estudiante que no recibió el apoyo de su familia, que tiene pobreza material o pobreza cultural, va a tener mucha más dificultad. Entonces, ya está siendo castigado porque no recibe el esfuerzo de su familia y luego el Estado lo deja fuera de una institución escolar porque supuestamente no tiene los méritos suficientes, entonces, ahí hay una contradicción que es bastante importante”.
Aseguró que la dificultad central con el mérito es que “no hay una forma, llamémosle, relativamente objetiva de medirlo”. Así, centró su análisis en el esfuerzo y cuestionó cómo se mide. “El estudiante que ya viene con capital cultural se tiene que esforzar menos, tiene menos mérito, pero tiene una mejor calificación. Entonces, como usted me explica cómo se mide finalmente y cómo se traduce esto. El estudiante que gasta menos tiempo tiene una posición privilegiada porque ya tiene un capital anterior”, detalló.
“¿Cómo uno puede establecer un criterio de medición del mérito en estudiantes de séptimo básico? ¿Qué va a medir usted? ¿Va a hacer una investigación respecto del tiempo que gastaron en su casa estudiando? ¿Va a tener que hacer una traducción respecto del capital cultural que tienen los estudiantes? Es imposible medirlo”, cuestionó.

Aguayo Westwood aseguró que detrás de esta visión hay una dimensión moral respecto a lo que es meritorio. “Este gobierno en particular tiene una tesis de fondo muy interesante que traspasa a la educación”, dijo y lo comparó con el Registro Nacional de Vándalos.
“Está esta idea de que los seres humanos siempre somos responsables de nuestras acciones y tenemos que someternos a las consecuencias de nuestras decisiones. Esto se expresa en condenar las acciones de las personas que cometen actos de vandalismo y también en los estudiantes que no se han esforzado lo suficiente. Entonces, si usted no se ha esforzado suficiente, hay un castigo, si usted se ha esforzado lo suficiente, un premio”, planteó el profesor.
“Esa distinción en séptimo básico es inadmisible. Usted no puede castigar a un niño de 13 o 14 años porque no se ha esforzado lo suficiente, porque normalmente, y esto está en la literatura más filosófica, incluso la capacidad de esforzarse depende del apoyo de la familia”, argumentó.
El académico asistira a la Comisión de Educación Cámara de Diputadas y Diputados para exponer sobre esta materia. En ese sentido, planteó tres dimensiones a tener en consideración: la conceptual respecto al mérito, el uso del término “tómbola” y la mala utilización de las fuentes.

“Se habla de mérito, pero en realidad no hay mérito. Lo que hay acá es selección escolar en virtud del desempeño académico. Eso políticamente a quien gobierna ahora no le gusta mucho, porque el discurso popular del mérito rinde más”, afirmó primero.
Como segundo punto, descartó el uso del término “tómbola” y dijo que “el procedimiento que tiene el SAE no es una tómbola, no es azaroso, sino que tiene condiciones objetivas de participación, por ejemplo, de los padres y madres cuando postulan a sus hijos, ellos pueden seleccionar”.
Y en tercer lugar, aseguró que “hay una responsabilidad moral por parte de la Comisión de Educación”, pues “las fuentes que se utilizan (en el proyecto) para apoyar lo que el mensaje dice son falsas y esto es más gravoso”.
“El mensaje refiere a ciertos documentos oficiales de la OCDE de PISA y estudios científicos sobre esta cuestión, pero cuando uno va a la fuente, los documentos dicen justamente lo contrario de lo que el mensaje dice apoyar y esto sí que es grave”, agregó Aguayo Westwood.

Como ejemplo, el académico señaló que “en el mensaje se establece que muchas fuentes académicas e internacionales han dicho que es bueno (la selección) para los colegios, para los padres y para los estudiantes seleccionar y hacer grupos homogéneos”. Sin embargo, advirtió que al revisar el documento citado —en la página 194— “se utiliza esa cifra para lo contrario, para demostrar que los mecanismos de selección empeoran el resultado. Entonces, yo encuentro que esa cuestión tiene que ser modificada”.
Aguayo-Westwood enfatizó que “no se puede aprobar un proyecto de ley cuyas fuentes que se citan… esto es como en la universidad, si un estudiante me presenta un trabajo así, yo le digo que vaya de nuevo y revise la fuente y la cite correctamente”. En ese sentido, subrayó que el problema no es solo conceptual, sino también político.
En tanto, el académico manifestó que “tendría cierta flexibilidad” para “abrir la discusión” y evaluar que los colegios emblemáticos “tengan algún porcentaje de selección que no sea por este procedimiento”.






