Las relaciones bilaterales entre las dos mayores economías del continente americano sufrieron una fractura de proporciones históricas. El Gobierno de Estados Unidos, liderado por el presidente Donald Trump, ordenó la imposición de un arancel aduanero del 25% a la mayoría de las exportaciones de Brasil, tras acusar formalmente al mandatario Luiz Inácio Lula da Silva de obstaculizar deliberadamente las tratativas comerciales con Washington. El anuncio fue divulgado por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien aseveró que el líder del Partido de los Trabajadores (PT) “ha antepuesto su propio ego a la consecución de un acuerdo que beneficie al pueblo brasileño”.
La drástica represalia comercial —que entrará en vigor el próximo 22 de julio de 2026 bajo la firma del Representante de Comercio de EE.UU., Jamieson Greer— afectará a sectores neurálgicos de la industria brasileña, abarcando desde componentes para la aviación civil, vehículos de pasajeros, material farmacéutico y hasta bienes informativos o culturales. El origen del conflicto radica en el fuerte proteccionismo que el Palacio del Planalto ha otorgado a Pix, el exitoso sistema público de pagos electrónicos instantáneos impulsado por el Banco Central de Brasil y recientemente patentado como “marca de renombre”. Washington acusa que esta herramienta estatal discrimina y perjudica injustamente a los proveedores de tecnología financiera norteamericanos.
Indignación en Brasilia por superávit histórico y defensa de Pix
La respuesta del Ejecutivo brasileño fue inmediata y categórica. A través de un comunicado oficial de la Secretaría de Comunicación Social difundido por el propio Lula da Silva, el gobierno catalogó la jornada de este miércoles como “un hito lamentable” en la historia diplomática de ambos países y repudió el carácter unilateral de la sanción económica de Washington. El Planalto argumentó que las acusaciones de competencia desleal carecen de todo fundamento multilateral y contravienen las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
La diplomacia de Brasilia sustentó su defensa técnica apelando a la balanza de pagos recíproca de los últimos tres lustros, recordando que Estados Unidos acumula un superávit de USD 424.500 millones con Brasil en los últimos 15 años y que, durante 2025, el 76% de las importaciones norteamericanas ingresaron al gigante sudamericano con arancel cero. “PIX es un activo de nuestro pueblo y un referente internacional. No renunciaremos a proteger a nuestras familias de la avaricia de un puñado de tecno-oligarcas”, enfatizó el manifiesto brasileño, desestimando además los reparos norteamericanos en materia ecológica al exhibir los históricos descensos en las tasas de deforestación de la Amazonía logrados bajo el mandato de Lula.
Flávio Bolsonaro abre fuego y califica a Lula como “el Biden brasileño”
El castigo arancelario sacudió de inmediato el tablero político interno de Brasil, con miras a las elecciones presidenciales de octubre próximo. El senador y precandidato presidencial derechista, Flávio Bolsonaro, capitalizó de inmediato la arremetida de la Casa Blanca para demoler la conducción del gobierno del PT, asegurando que Lula da Silva carece de las condiciones cognitivas y de liderazgo internacional necesarias para seguir conduciendo el rumbo de la potencia sudamericana.
“Lula ya no tiene condiciones para ser el presidente de Brasil. Estamos en un avión sin piloto“, fustigó el parlamentario e hijo del expresidente Jair Bolsonaro a través de sus redes sociales. El candidato conservador comparó despectivamente al actual mandatario con el expresidente estadounidense Joe Biden, tildándolo de “gruñón, irresponsable” y acusándolo de haberse transformado en un peligro activo para la estabilidad financiera nacional. “Quien mira a Lula no ve futuro. Ve pasado, atraso, incertidumbre, desconfianza, corrupción e incompetencia”, remató Bolsonaro para clausurar la jornada.






