El proyecto de ley que busca reformar el Sistema de Admisión Escolar (SAE) abrió un nuevo debate sobre los mecanismos de acceso a la educación en Chile. En ese contexto, el investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile e integrante de la mesa técnica convocada para analizar el sistema, Patricio Rodríguez, advirtió que la iniciativa incorpora cambios que, a su juicio, podrían generar mayores niveles de ineficiencia y reinstalar prácticas de selección que ya habían sido superadas.
En conversación con el programa Educación en el Aire de Radio Universidad de Chile, el académico explicó que uno de los principales aspectos que aún genera incertidumbre corresponde al mecanismo secuencial de “elección mutua” que contempla el proyecto para los establecimientos con sobredemanda.
“Uno de los principales elementos en los cuales todavía se necesita mayor detalle tiene que ver con este mecanismo que aparentemente es secuencial”, señaló. Asimismo, sostuvo que concentrar en una primera etapa las postulaciones a los establecimientos más demandados podría incrementar significativamente el número de familias sin asignación inicial.
“Actualmente están postulando más de 420 mil familias para 336 mil cupos. Ya en esa primera pasada, un 19,7% de las familias no va a encontrar cupo, asumiendo que todo eso fuera eficiente”, advirtió. A ello, añadió, se suma la incertidumbre sobre la coordinación del proceso. “Muchos cupos no se van a llenar simplemente por esa ineficiencia. Eso lo comparamos con el SAE, donde solamente un 7,4% de las familias no recibe asignación en la primera etapa”, explicó.

Para el investigador, la propuesta también presenta una contradicción respecto de uno de los objetivos planteados por el Ejecutivo. “Si el objetivo del Gobierno es no tener tanta aleatoriedad, es medio inconsistente. Al final algunos quedan con aleatoriedad y otros no. Uno se pregunta por qué algunos tienen que ir a ese sistema y otros no”, expresó.
Otro de los aspectos cuestionados por el académico fue la posibilidad de incorporar entrevistas y otros mecanismos asociados a la denominada elección mutua. A su juicio, estas herramientas vuelven a introducir factores que el SAE había eliminado y que pueden derivar en discriminaciones.
“Antes se eliminaba cualquier mecanismo de selección. Las entrevistas tienen múltiples sesgos: de identidad, de clase social, de cultura o incluso de apariencia física. No necesariamente lo que uno diga es lo que el colegio selecciona, sino también cómo se viste, qué apariencia tiene o cómo habla”, advirtió Rodríguez.
Y, además de los riesgos de discriminación, alertó que la implementación tendría un alto costo para las familias:”Estamos hablando del orden de 800 mil entrevistas. Antes las familias lo único que hacían era entrar a la plataforma y hacer clic. Ahora van a tener que desplazarse a los establecimientos, pasar por entrevistas y, aun así, muchas van a quedar fuera en la primera ronda”
Así, y en lugar de reinstalar procesos de selección, planteó que el foco debería estar en mejorar la información disponible para las familias sobre los proyectos educativos. “Muchas veces la gente llega a un colegio y ni siquiera sabe que es técnico-profesional. Esas preocupaciones de los sostenedores se pueden resolver con mayor información y más espacios para que las familias conozcan los establecimientos”, clarificó.

Liceos emblemáticos y mérito
Respecto de la propuesta para reincorporar mecanismos de selección por rendimiento en liceos emblemáticos, Rodríguez sostuvo que la mesa técnica sí contempló alternativas, aunque acotadas. “Nosotros creemos que pueden existir establecimientos de alto rendimiento y de excelencia, pero tienen que ser pocos”, manifestó.
Según explicó, ampliar ese criterio al conjunto del sistema terminaría debilitando los principios de inclusión. “Si todos tienen alto rendimiento, al final no existe el alto rendimiento. El sistema educativo tiene el deber de llevar a todos los estudiantes a su máximo potencial”, recordó el investigador.
Asimismo, advirtió que utilizar indicadores como las calificaciones podría generar nuevas distorsiones. “Ya tenemos una inflación de notas. Lo único que va a ocurrir es que nuevamente habrá una inflación y no vamos a terminar midiendo nada”, expresó.
Durante la entrevista, el investigador también abordó los estudios desarrollados por la Universidad de Chile respecto de los efectos del SAE sobre la segregación escolar. En ese sentido, destacó que la evidencia muestra avances importantes.

“Creemos que esas son buenas noticias y una de las justificaciones de por qué un sistema como el que tenemos actualmente debiera mantenerse”, compartió. No obstante, precisó que el SAE, por sí solo, no puede resolver las desigualdades estructurales del sistema.
“Gran parte de la inequidad proviene de la segregación residencial y también del financiamiento compartido. Mientras esas condiciones existan, estructuralmente vamos a seguir teniendo segregación”, explicó. Además, agregó que dividir el proceso de admisión en dos sistemas distintos podría revertir parte de esos avances. “La gente se va a concentrar en tratar de postular a esos establecimientos más demandados y creemos que eso se va a perder”, manifestó.
Rodríguez también defendió varias de las recomendaciones formuladas por la mesa técnica para perfeccionar el SAE sin modificar sus principios de equidad. Entre ellas, destacó la necesidad de entregar mejor información a las familias. “Más del 45% de las familias no conocía su segunda opción y más de la mitad no conocía su tercera”, recalcó.
A su juicio, fortalecer ese acompañamiento permitiría mejorar la experiencia de postulación. “Lo que uno quisiera es que finalmente uno fuera al colegio más cercano y ese colegio fuera el mejor“, ejemplificó. Asimismo, propuso avanzar en mecanismos que permitan asegurar la continuidad de trayectoria dentro de un mismo sostenedor: “Podríamos sacar un 24% de las postulaciones del sistema simplemente permitiendo esa continuidad”, sentenció.
Inclusión, revinculación y desafíos de largo plazo
El investigador también manifestó preocupación por el tratamiento de estudiantes con necesidades educativas especiales y de quienes buscan reinsertarse en el sistema escolar. “Tenemos que pensar si queremos incluir o excluir. Yo creo que en este proyecto estamos pensando más en la exclusión que en la inclusión”, señaló.
Finalmente, Rodríguez llamó a ampliar el debate sobre educación más allá del sistema de admisión. Entre los principales desafíos mencionó la convivencia escolar, la salud mental docente y el impacto que tendrá la disminución de la natalidad sobre el sistema educativo chileno.
“En medio de todas estas discusiones de corto plazo nos estamos olvidando del largo plazo”, dijo. Y concluyó con una advertencia sobre la sostenibilidad del sistema: “Ahora nacen 145 mil niños. Eso significa que muchos establecimientos, en un futuro cercano, no van a ser sustentables. Tenemos que empezar a pensar cómo este sistema se va a ajustar a esa nueva realidad”.






