Antes de la diplomacia, el arte: la historia del puente cultural que Venturelli y Neruda tendieron entre Chile y China

Mucho antes del establecimiento de relaciones diplomáticas, artistas, escritores e intelectuales comenzaron a tejer un vínculo entre ambos países. Una historia marcada por la cultura que sigue vigente hasta hoy.

Mucho antes del establecimiento de relaciones diplomáticas, artistas, escritores e intelectuales comenzaron a tejer un vínculo entre ambos países. Una historia marcada por la cultura que sigue vigente hasta hoy.

Los jardines, los árboles centenarios y las antiguas casonas que alguna vez albergaron a la legación de Italia conforman hoy uno de los rincones más singulares de Beijing. En ese amplio recinto, ubicado en pleno distrito de Dongcheng, hoy funciona la Asociación de Amistad del Pueblo Chino con el Exterior, una de las principales instituciones encargadas de promover los vínculos culturales e internacionales del gigante asiático.

Al ingresar al edificio principal, una fotografía de gran formato llama especialmente la atención. El retrato corresponde a un chileno: el pintor José Venturelli, acaso uno de los artistas más importantes del continente americano. Sin embargo, pocos visitantes imaginarían que ocupa ese lugar de honor por haber contribuido a construir un puente entre Chile y China cuando las relaciones diplomáticas entre ambos países aún no existían.

“Cuando uno entra, la primera casona a la derecha funciona como el área de bienvenida. Ahí hay tres fotografías, una de una escritora norteamericana, otra de un escritor asiático y, la tercera, una fotografía grande con su biografía, es la de un chileno. Esa es la foto de José Venturelli”, relató Fernando Reyes Matta, exembajador de Chile en China y director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre China de la Universidad Andrés Bello.

Antes de los embajadores llegaron los artistas. Previo a los tratados, los libros. Mucho antes del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Chile y la República Popular China en 1970, fueron escritores, pintores e intelectuales quienes comenzaron a tender un puente entre ambos países. Pablo Neruda, José Venturelli y el Instituto Chileno-Chino de Cultura protagonizaron una diplomacia cultural que no solo abrió camino al acercamiento político, sino que también ayudó a forjar un vínculo que, más de siete décadas después, sigue vivo entre lectores, artistas e instituciones de ambos países.

El pintor chileno José Venturelli junto a sus estudiantes chinos.
El pintor chileno José Venturelli junto a sus estudiantes chinos.

Cuando se habla de las relaciones entre Chile y China, la fecha que suele aparecer es el 15 de diciembre de 1970, cuando ambos países establecieron oficialmente vínculos diplomáticos. Pero lo cierto es que la historia ya había comenzado mucho tiempo antes. En opinión de Jiang Shan, directora del Departamento de Cooperación Internacional y Exposiciones del Grupo Internacional de Comercio de Libros de China y directora general de la Librería Internacional del CICG, el verdadero acercamiento entre ambas naciones tuvo un origen cultural.

“Hay un lazo histórico antes de establecer las relaciones diplomáticas. Se oficializan en los años setenta, pero Pablo Neruda ya había sido traducido en los años cincuenta. Esa fue nuestra diplomacia cultural”, sostuvo. La afirmación encuentra eco en la mirada de Reyes Matta, quien plantea que el acercamiento entre ambos países no fue una consecuencia de la política pura y dura, sino un proceso impulsado por intelectuales convencidos de que la cultura podía derribar las enormes distancias geográficas que separaban a Chile y China.

“Los dos países se relacionaron para crear la primera institución que, en toda América Latina, estableció un vínculo formal e institucional con China. Ese fue el Instituto Chileno-Chino de Cultura, creado en el año 1952″, explicó. La creación de esa entidad representó un hecho inédito para la región. Mientras gran parte de América Latina todavía mantenía escasos vínculos con la naciente República Popular China, en Chile comenzaba a articularse una red de escritores, artistas, científicos y dirigentes políticos interesados en conocer la realidad del país asiático y fortalecer los intercambios culturales.

El Instituto fue impulsado especialmente por Pablo Neruda, Luis Durán, Salvador Allende, Alejandro Lipschutz, pero, sobre todo, por alguien que estaba viviendo en China, vino a Chile para participar en la creación del Instituto y luego volvió a vivir allá. Es más, murió en China”, relató Reyes Matta. Ese hombre, por supuesto, era Venturelli.

José Venturelli en China.
José Venturelli en China.

El chileno que abrió las puertas de China

Pintor, muralista y discípulo de David Alfaro Siqueiros, Venturelli llegó a China en 1952 tras participar en un Congreso Mundial por la Paz en Moscú. Así, lo que pudo ser un viaje más en la variopinta agenda de un artista de proyecciones internacionales terminó convirtiéndose en el comienzo de una vida profundamente ligada al país asiático.

Venturelli llega a China el año 1952 y pasa inmediatamente a formar parte de la reorganización de la Academia de Bellas Artes de Beijing“, contó Reyes Matta, en una faceta de la biografía del pintor de la cual existen múltiples testimonios gráficos que muestran al chileno como profesor de artistas en formación del país asiático. De ahí en adelante que su trabajo pronto dio paso a una intensa labor diplomática, aunque fuera de los canales oficiales.

Se hace amigo del primer ministro Zhou Enlai, colabora activamente con destacados pintores chinos y, en algún momento, Zhou Enlai le pide que actúe como una especie de embajador de contacto con América Latina”, precisó el exembajador.

Una tarea que consistía en identificar intelectuales y artistas latinoamericanos que pudieran contribuir a estrechar los lazos entre ambas regiones. Desde entonces, Venturelli comenzó a promover viajes e intercambios que involucraron no solo a figuras chilenas, sino también a escritores brasileños, artistas mexicanos y representantes del mundo cultural de distintos países.

José Venturelli en China.
José Venturelli en China. Foto: Archivo Fundación José Venturelli,

“Tuvo un rol muy importante para contactar no solo al mundo chileno, sino también a escritores de Brasil, pintores de México —como David Alfaro Siqueiros— y distintas personalidades que comenzaron a viajar sucesivamente a China a partir de esa inspiración”, puntualizó Reyes Matta.

Ese movimiento también permitió que Chile conociera de primera mano las transformaciones que comenzaban a desarrollarse en la recién fundada República Popular China. “Por supuesto, la creación del Instituto Chileno-Chino de Cultura determinó que muchos escritores chilenos y personalidades culturales y políticas viajaran a China durante esos primeros años: 1953, 1955, 1956…”, recordó.

Entre ellos, dos figuras que en Chile parecían irreconciliables: Pablo Neruda y Pablo de Rokha. “Hay una cosa muy interesante. Aquí tenían profundas diferencias, pero ambos concurren finalmente a impregnarse de lo que significaba China y del proyecto que allí se estaba construyendo”, recapituló el experto, quien incluso compartió conversaciones con el Nobel de Literatura.

Para Reyes Matta, ese episodio refleja que, más allá de las diferencias ideológicas o personales, el interés por comprender la experiencia china terminó reuniendo a intelectuales que pocas veces compartían los mismos espacios. Más que una anécdota, era el reflejo de cómo la cultura se había transformado en el primer lenguaje común entre ambos países.

Pintura del artista José Venturelli.
Pintura del artista José Venturelli.

Neruda, un navegante del Pacífico

Si José Venturelli ayudó a construir un puente institucional entre Chile y China, Pablo Neruda fue el hombre que permitió que ese vínculo echara raíces en la literatura.

Su llegada al país asiático coincidió con los primeros años de la República Popular China y ocurrió en un momento en que el intercambio entre América Latina y el gigante asiático era todavía incipiente. Sin embargo, su obra ya comenzaba a circular entre los lectores chinos e iniciaba un recorrido que, más de siete décadas después, sigue vigente.

Neruda es muy, muy popular entre los lectores chinos, incluso entre quienes no leen habitualmente literatura latinoamericana“, explicó Jiang Shan. De hecho, para la directora del Departamento de Cooperación Internacional y Exposiciones del Grupo Internacional de Comercio de Libros de China, el vínculo entre el Nobel chileno y China posee un carácter casi fundacional.

Los poemas de Neruda fueron traducidos al chino casi desde el establecimiento de la República Popular China. Nosotros establecemos la República en 1949 y, dentro de un año, ya teníamos sus poemas traducidos”, ejemplificó sobre un hecho que tampoco fue casual.

Así, la literatura comenzó a convertirse en uno de los principales canales de acercamiento entre ambas regiones. Según recordó Jiang Shan, la primera obra latinoamericana publicada en la República Popular China fue, precisamente, un libro de Pablo Neruda.

Pablo Neruda en la Gran Muralla China.
Pablo Neruda en la Gran Muralla China. Foto: Embajada de China en Chile.

“La visita de Neruda a China no solo fue un acontecimiento importante en el ámbito de la cultura y las relaciones exteriores. Acortó la gran distancia cultural entre China y América Latina y abrió un nuevo capítulo de amistad entre China y los países latinoamericanos“, afirmó.

Fernando Reyes Matta coincide con esa lectura. A su juicio, la importancia del poeta trasciende ampliamente la literatura. “Neruda permitió que muchos intelectuales latinoamericanos comenzaran a mirar hacia China. Él formó parte de una generación que entendió que el intercambio cultural podía convertirse en una forma de construir relaciones entre países”, sentenció.

Setenta años después de aquellas primeras traducciones, Neruda continúa siendo uno de los autores latinoamericanos más leídos en China. Jiang Shan sonríe cuando intenta recordar en español algunos de sus versos más conocidos. “Recuerdo perfectamente la traducción al chino, pero no el original”, comentó entre risas.

Basta que alguien mencione los primeros versos de “Poema 15” para reconocerlos inmediatamente. “‘Me gusta cuando callas…’. Incluso aparece esa frase en canciones”, expresó. Lo mismo ocurre con otra de las citas más conocidas de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada“.

“‘Es tan corto el amor y tan largo el olvido‘. Esa también la conocemos muy bien”, recitó con afecto. En el fondo, y para la editora, el cariño que despierta la literatura chilena no responde únicamente al prestigio internacional de sus autores ni al interés que pueda generar Chile como país.

Los lectores chinos no leen a los escritores porque sean chilenos. No dicen: ‘Es un escritor de Chile, por eso lo voy a leer’. Dicen: ‘Es una obra muy buena, vamos a leerla'” Y agrega: “Los escritores chilenos se han ganado la reputación de los lectores a través de la escritura, a través de la calidad de sus obras“.

Pablo Neruda con Soong Ching-ling.
Pablo Neruda con Soong Ching-ling, Vicepresidenta de China. Foto: Foto: Embajada de China en Chile.

En ese reconocimiento también ocupa un lugar destacado Gabriela Mistral. “Por años también ha sido muy popular en China”, afirmó Jiang Shan, quien recuerda que ambos premios Nobel forman parte de las principales referencias de la literatura chilena para varias generaciones de lectores chinos. Aunque el interés por las letras nacionales no quedó detenido en el siglo XX.

En los últimos años, la irrupción de Roberto Bolaño volvió a despertar un fuerte entusiasmo entre los lectores chinos, mientras que autoras contemporáneas como Paulina Flores también han comenzado a circular gracias a los programas de intercambio editorial impulsados por distintas instituciones culturales.

Por otro lado, las relaciones construidas por Neruda en China no se limitaron al ámbito editorial. Durante sus viajes al país asiático desarrolló una estrecha amistad con el poeta Ai Qing, considerado una de las figuras más importantes de la poesía china del siglo XX.

Para Fernando Reyes Matta, ese vínculo constituye uno de los ejemplos más elocuentes de cómo la cultura logró acercar dos países separados por miles de kilómetros. “Hay una dimensión que va más allá de las razones políticas de aquella época. Lo que yo valoro es la confianza que existía entre un poeta chino y un poeta chileno”, aseguró el académico.

De hecho, el exembajador recordó una conversación que Neruda relataría años después. Durante un recorrido por el río Yangtsé, Ai Qing le confesó la incertidumbre que atravesaba mientras aumentaban las tensiones políticas dentro de China. “‘Mira, no sé si podré volver a Chile y no sé dónde voy a estar dentro de un tiempo más’, le dijo“, citó Reyes Matta sobre un episodio que refleja el nivel de cercanía que alcanzaron ambos escritores. “Esa confianza también forma parte de las confianzas que se fueron construyendo entre Chile y China“, graficó el exembajador.

Michelle Bachelet inaugurando estatua de Pablo Neruda en China.
Michelle Bachelet inaugurando estatua de Pablo Neruda en China.

Una historia en desarrollo

A juicio de Jiang Shan, esa diplomacia cultural iniciada por Neruda no pertenece únicamente al pasado. Desde hace más de una década dirige una colección dedicada a traducir literatura china contemporánea al español, iniciativa que ha llevado a escritores chinos a recorrer distintos países de América Latina, entre ellos Chile.

“Organizamos muchas charlas y actividades para presentar la literatura contemporánea china a los lectores latinoamericanos”, explicó. Y, en esa labor, uno de los principales desafíos ha sido la escasez de traductores capaces de trabajar directamente entre el chino y el español.

“Muy poca gente puede traducir directamente del chino al español, especialmente literatura”, comentó, apuntando a las críticas sobre la fidelidad de ciertas traducciones sobre otras. Sin embargo, cree que el camino ya comenzó. “Hay que hacerlo primero. Después podremos discutir cómo mejorar las traducciones“, enfatizó.

La iniciativa busca equilibrar un intercambio que durante décadas se produjo principalmente en una dirección: desde América Latina hacia China. Hoy, advirtió, existe un interés creciente por que los lectores hispanohablantes conozcan también la narrativa china contemporánea y comprendan las transformaciones que ha vivido el país durante las últimas décadas.

Edición en chino de "En la sala de lecturas del infierno", libro de poesía de Roberto Bolaño.
Edición en chino de “En la sala de lecturas del infierno”, libro de poesía de Roberto Bolaño.

Ese intercambio, sin embargo, no se limita a los libros. Para Fernando Reyes Matta, la cultura sigue siendo uno de los principales espacios desde donde China busca dialogar con el resto del mundo. Un ejemplo de ello es el renovado interés por poner en conversación las grandes tradiciones filosóficas de Oriente y Occidente.

“Hace dos años se realizó en Roma un Congreso Mundial de Filosofía. Utilizando inteligencia artificial, incorporaron todo el pensamiento de Platón y de Confucio en un sistema que los hacía conversar sobre problemas contemporáneos, como la guerra en Ucrania. La idea era mostrar que esas corrientes filosóficas todavía tienen algo que decirle al siglo XXI”, contextualizó.

Algo similar ocurrió durante la inauguración del Congreso Mundial de Sinología, celebrado en la ciudad china de Qingdao. “Cuando llegamos al edificio había un cuadro enorme. Bajo un árbol estaban Sócrates y Confucio conversando. Resulta muy interesante observar cómo los chinos están impulsando deliberadamente el diálogo entre las dos grandes corrientes filosóficas de la humanidad, porque consideran que ambas tienen mucho que aportar al devenir contemporáneo”, ilustró.

A juicio del exembajador, esa convivencia entre tradición e innovación constituye una de las claves para comprender la China actual. “Yo escribí hace algunos años un libro que se llama ‘China: innovación y tradición‘, porque creo que esas dos palabras constituyen un todo único, como el yin y el yang. Son dos dimensiones inseparables del devenir chino contemporáneo”, precisó.

Pablo de Rokha en China.
Pablo de Rokha en China.

Esa misma lógica, sostuvo, también explica la manera en que el país asiático entiende sus relaciones con el mundo. “Para cualquier decisión vinculada al desarrollo social, universitario o industrial, los chinos vuelven permanentemente a su tradición milenaria. Esa conexión entre el presente y el pasado forma parte de su manera de comprender el mundo”, afirmó.

Quizás por eso, más de setenta años después de que Pablo Neruda comenzara a ser leído en chino y de que José Venturelli cruzara el Pacífico para instalarse en Beijing, sus nombres siguen apareciendo una y otra vez cuando ambos países intentan explicar el origen de una relación que hoy parece natural.

Los lectores chinos siguen descubriendo a Roberto Bolaño, Gabriela Mistral y nuevos autores chilenos; editoriales de ambos países impulsan proyectos de traducción; universidades organizan encuentros entre académicos; y escritores vuelven a cruzar el Pacífico para participar en ferias del libro, festivales y seminarios.

Y, quizás por eso, al ingresar a la sede de la Asociación de Amistad del Pueblo Chino con el Exterior, en Beijing, la fotografía de José Venturelli sigue ocupando un lugar de honor. El gesto no solo recuerda la historia de un pintor chileno que encontró un segundo hogar al otro lado del mundo. También resume una convicción que atraviesa más de siete décadas de intercambio entre ambos países: que, mucho antes que la diplomacia, fueron la cultura, la amistad y los libros los que comenzaron a acercar dos naciones separadas por miles de kilómetros.





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