El paso de un intenso sistema frontal ha dejado profundos estragos a nivel nacional, obligando a las autoridades a desplegar planes de emergencia desde Atacama hasta La Araucanía. Según el último balance de Senapred, el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres, la cifra de víctimas fatales se elevó a cinco y más de 500 damnificados a nivel nacional. En este contexto, la Región de Coquimbo, una de las zonas más golpeadas, concentra hoy la mayor presión política, luego de que parlamentarios en la zona exigieran al Gobierno decretar Estado de Catástrofe.
Si bien las precipitaciones han comenzado a declinar en la zona central, la alarma meteorológica se mantiene activa y focalizada exclusivamente en la Región de Coquimbo y la Provincia de Huasco, zonas que continúan bajo monitoreo crítico por riesgo de deslizamientos.
Las intensas lluvias impactaron directamente el suministro de agua potable en la región. Cerca de 74 mil clientes de La Serena y Coquimbo quedarán sin el servicio a partir de las 20:00 horas, afectando a aproximadamente el 50% de los usuarios de la conurbación, con especial impacto en los sectores altos.
El delegado presidencial regional, Víctor Pino, detalló que la medida fue obligatoria tras el cierre de la bocatoma Las Rojas, instalación que abastece a una parte importante de ambas comunas, debido al aumento del caudal y la alta turbiedad del río Elqui.

Tras el cierre de la infraestructura, un sistema de respaldo logró mantener el suministro por cerca de 30 horas, pero el agotamiento de estas reservas hizo inminente el corte programado. Como medida de mitigación, las autoridades comenzaron la instalación de estanques estacionarios en diversos puntos. A pesar de la contingencia, la disminución de las lluvias y el descenso en el caudal de las quebradas permiten proyectar una evolución favorable en los niveles de turbiedad.
El severo daño en las viviendas y la infraestructura pública movilizó a parlamentarios en la zona, quienes exigen respuestas más contundentes por parte del Gobierno central para ir en ayuda de las familias damnificadas.
La diputada Carolina Tello (FA) solicitó formalmente la declaración de Estado de Catástrofe para la Región de Coquimbo. Tras visitar tres condominios, la parlamentaria relató haber encontrado departamentos totalmente anegados, advirtiendo sobre la vulnerabilidad y el riesgo de enfermedades para personas mayores, mujeres embarazadas y niños producto de la humedad. Tello requirió la visita urgente del seremi de Vivienda y Urbanismo y la rápida ejecución de los recursos del 2% de emergencia del Gobierno Regional para reparar los espacios afectados.

Por su parte, el diputado Daniel Manouchehri (PS) fue enfático en la magnitud de la destrucción, rebatiendo estimaciones previas del Ejecutivo que minimizaban los daños. “Los que hemos estado en terreno nos damos cuenta que son miles los damnificados”, aseguró, agregando que caminos, puentes y otra infraestructura vital se encuentran completamente destruidos. Manouchehri argumentó que los fondos regionales no serán suficientes y solicitó la inyección directa de recursos estatales mediante el uso del 2% constitucional para lograr poner a la región nuevamente de pie.
Saturación de suelos y ríos atmosféricos
Para comprender la rápida activación de emergencias en el norte chico, académicos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile analizaron los factores geográficos y climáticos que gatillan estos fenómenos.
En cuanto a la saturación y el escurrimiento superficial, Felipe Ochoa, académico del Departamento de Ingeniería Civil, explicó que el riesgo de remociones en masa aumenta debido a las características propias del terreno norteño. Las lluvias persistentes disminuyen las succiones que mantienen estable la superficie del suelo, lo que desestabiliza los materiales. Cuando la intensidad de la precipitación supera la capacidad de infiltración del terreno, el agua no absorbida escurre rápidamente por la superficie y se concentra en las quebradas.

Este escurrimiento moviliza grandes cantidades de sedimentos sueltos acumulados durante años producto de la sequía y de la falta de vegetación, volviendo el riesgo crítico cuando las viviendas, los caminos y la infraestructura se emplazan cerca de la desembocadura de estas quebradas o sobre rutas que históricamente han funcionado como vías de escurrimiento natural.
Por otro lado, desde la perspectiva climatológica, Roberto Rondanelli, experto y académico del Departamento de Geofísica, indicó que la mayor parte de las crecidas en la zona son provocadas por ríos atmosféricos, fenómenos cuya frecuencia aumenta durante los años de El Niño.
El cambio climático, a través del aumento de las temperaturas oceánicas, incrementa la disponibilidad de vapor de agua en el norte de Chile, lo que provoca que las tormentas —aunque inusuales en la zona— contengan más vapor y generen precipitaciones mucho más intensas y destructivas. Rondanelli advirtió sobre la gran vulnerabilidad social frente a estos eventos, ya que las poblaciones tienden a olvidar el lugar donde habitan y se asientan en las mismas zonas por donde el agua escurre de forma natural. Ante esto, el académico concluyó que la planificación urbana en las ciudades del norte debe adaptarse de manera imperativa para soportar estos fenómenos extremos.






