Mar de Música y la apuesta por las industrias creativas: "Puede ayudarnos a dejar de depender eternamente de los recursos naturales"

El primer Programa Territorial Integrado (PTI) de CORFO, dedicado exclusivamente al ecosistema musical, busca fortalecer la industria en Valparaíso y posicionar a la música como un motor para diversificar la economía chilena.

El primer Programa Territorial Integrado (PTI) de CORFO, dedicado exclusivamente al ecosistema musical, busca fortalecer la industria en Valparaíso y posicionar a la música como un motor para diversificar la economía chilena.

Durante décadas, hablar de desarrollo productivo en Chile ha significado pensar en minería, agricultura, manufactura o logística. La música y en general las industrias creativas, rara vez han ocupado ese lugar.

Una lógica que, sin embargo, ya comienza a cambiar. Eso es lo que trae consigo Mar de Música, el primer Programa Territorial Integrado (PTI) que la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) dedica exclusivamente al ecosistema musical, el que reconoce su capacidad para generar empleo, dinamizar economías locales y proyectar el desarrollo cultural de un territorio.

La iniciativa, implementada por Codesser en la Región de Valparaíso, reúne actualmente a 44 empresas ligadas a la música en vivo y la música grabada, entre ellas salas de conciertos, estudios de grabación, sellos discográficos, agencias de representación y artistas formalizados. Su creación recoge años de trabajo impulsados por CORFO, el programa Valparaíso Creativo, la Asociación Gremial de la Industria Musical de Valparaíso (IMUVA) y el reconocimiento de la ciudad puerto como Ciudad Creativa de la Música por la UNESCO.

Para Matías Mancisidor, gestor del programa, el mayor cambio no radica únicamente en la creación de un nuevo instrumento público, sino en la mirada desde la cual comienza a entenderse la música. “Es un enfoque productivo hacia el sector de la música por parte de CORFO, que depende del Ministerio de Economía. Es un programa bastante vanguardista y novedoso, que se relaciona con desafíos que el país viene comentando hace hartos años, pero en los cuales se avanza quizás un poco más tímidamente”, señaló.

A su juicio, el desafío es ampliar la matriz productiva del país e incorporar sectores cuyo aporte muchas veces queda fuera de las políticas económicas tradicionales. “En la experiencia comparada internacional se ve el aporte decisivo, no solo a la economía, sino también a la cultura y a la sociedad en general, de lo que pueden lograr las industrias creativas y, en este caso en particular, la música, tanto la música en vivo como la música grabada”, expresó.

Y aunque CORFO ya había desarrollado iniciativas vinculadas a las industrias creativas, esta es la primera vez que concentra un programa exclusivamente en el sector musical. “Es primera vez que CORFO en Chile decide focalizar exclusivamente un programa en la música. Había antecedentes de trabajo con industrias creativas, pero esta es la primera vez que lo hace de forma focalizada y únicamente trabajando con el sector de la música. Estamos súper felices”, aseguró Mancisidor.

Guitarrista en los brazos del público.
Mar de Música, primer PTI de Corfo dedicado exclusivamente a la industria musical.

Construir una industria desde el encuentro

Más que financiar proyectos aislados, Mar de Música busca fortalecer un ecosistema completo. La apuesta pasa por reunir a quienes, hasta ahora, muchas veces han trabajado desde espacios distintos: artistas, dueños de salas, sellos, instituciones públicas, universidades y gremios.

Para Mancisidor, esa articulación constituye uno de los principales desafíos del programa. “Uno de los grandes avances que se puede generar con un instrumento como este tiene que ver con alinear voluntades, con poder tener una visión común. Los artistas viven una realidad, los locatarios viven otra, las instituciones públicas viven otra, y no hay un espacio de articulación que permita trabajar detrás de una misma visión”, manifestó.

La intención es que esa coordinación permita consolidar a Valparaíso no solo como un territorio históricamente ligado a la cultura, sino como un verdadero polo de desarrollo para la música en vivo y el turismo cultural.

“No se trata de inventar la rueda”, comentó. “Hay experiencias que muestran el impacto económico que puede tener la música. Además del retorno económico, está todo lo que significa el posicionamiento como destino turístico y las oportunidades que se generan para los artistas locales. Es un modelo bastante redondo y es el tipo de política que distintos territorios y países vienen impulsando hace años”.

Cuando se habla de industria musical, explicó Mancisidor, no se habla únicamente de quienes suben al escenario. Detrás de cada concierto y de cada disco existe una red de trabajadores, empresas y emprendimientos que hacen posible la circulación de la música.

Es en esa línea que, actualmente, el programa combina dos líneas de trabajo. Por un lado, una mesa de articulación entre organismos públicos, academia y gremios; y por el otro, un acompañamiento directo a empresas del sector.

“Este primer año son 44 empresas; ahora vamos a abrir una convocatoria para llegar a 50 en el segundo año y en un tercer año vamos a trabajar con un número incluso superior. Son pequeños productores locales, locatarios, estudios de grabación, sellos discográficos e incluso algunos artistas que están formalizados”, recapituló.

“Es un abanico amplio. Trabajamos con la música grabada y con la música en vivo; trabajamos directamente con emprendedores locales pequeños y, al mismo tiempo, impulsamos una articulación público-privada. Con todos esos elementos estamos construyendo una visión común y encaminándonos hacia ese futuro”, agregó el gestor del programa.

Matías Mancisidor, gestor del proyecto Mar de Música.
Matías Mancisidor, gestor del proyecto Mar de Música.

Mirar la música como un motor de desarrollo

Más allá del crecimiento en el número de beneficiarios, el objetivo detrás de la propuesta es instalar una nueva manera de comprender el lugar que ocupa la música dentro del desarrollo económico del país.

“Nos gustaría ver un sector mucho más fortalecido, tanto en la música en vivo como en la música grabada, con una voz mucho más presente y con una valoración que tenga el peso que merece. Eso significa tener un circuito de música en vivo articulado, visible no solo a nivel local, sino también nacional, que demuestre su impacto en términos laborales, económicos y sociales”, compartió Mancisidor.

Y es que las cifras respaldan esa aspiración, pues la economía creativa ya representa un porcentaje relevante del Producto Interno Bruto y la música moviliza públicos, turismo, empleo y actividad económica.

Hoy en día los números hablan por sí solos. La economía creativa en Chile genera el 2,2% del Producto Interno Bruto; eso es más que la pesca. La música en vivo vende más entradas que el fútbol y también tenemos artistas chilenos con reconocimiento global. Falta contar con mecanismos y metodologías de gestión que nos permitan sacarle el jugo a nuestros potenciales y tomarnos mucho más en serio la cultura, la creatividad y la industria de la música nacional como una actividad que puede efectivamente ayudarnos a dejar de depender eternamente de los recursos naturales”, cerró.





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