Bajo el nivel de la calle, en el subsuelo de Matucana 100, un recorrido invita a reconstruir una historia que permanece parcialmente oculta. Rieles, óxido, archivos y pintura dialogan en “Umbral”, la exposición de la artista visual Camila Baeza que toma como punto de partida la memoria ferroviaria del barrio Yungay y el histórico entorno del centro cultural para convertirla en una experiencia espacial.
La muestra, que forma parte de la programación por los 25 años de M100, nació tras un proceso de investigación territorial y documental desarrollado por la artista con apoyo de archivos de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado (EFE). El resultado es una propuesta que combina pintura, instalación y material archivístico para explorar las huellas materiales que el pasado ferroviario aún conserva en el sector.
“La galería se encuentra ubicada en el subsuelo de Matucana 100, en un -1 que está paralelo y al mismo nivel del túnel Matucana, que fue una referencia importante para la exposición y la investigación situada que hicimos aquí, en el territorio“, explicó Baeza. “Son 300 metros cuadrados que se subdividen en tres salas, con entradas opuestas y con un pasillo que las une. Y esta fragmentación de la sala la quisimos aprovechar para hacer tipo estaciones distintas”.

Ese diseño del espacio no responde únicamente a una decisión museográfica, sino que forma parte del relato que propone la exposición. “En una parte se une la instalación con la pintura; hay otra sala que es solo para pintura y otra sala que es archivística. Hay un diálogo desde este tipo estacionario”, compartió la artista.
Así, más que una visita lineal, “Umbral” invita al público a descubrir gradualmente las piezas que conforman su narrativa. “La idea de estas estaciones también es ir descubriendo de a poco y, a través del recorrido, ir armando este puzzle y que vaya teniendo sentido. También hay una cosa misteriosa”, afirmó. “Hay que completar las tres salas para comprender de qué va toda esta unión”.
En todo este contexto, la memoria ferroviaria aparece tanto en los archivos como en la materialidad de las obras. El óxido de los antiguos vagones, las marcas del tiempo y los rastros del paisaje industrial se transforman en una paleta cromática que atraviesa la exposición.
“La instalación tiene que ver con el óxido y el paso del tiempo de los vagones que están parados en el Museo Ferroviario”, comentó Baeza. En la sala dedicada al archivo, en tanto, un mapa histórico vuelve a cobrar presencia mediante un proceso manual: “Hay un mapa que luego, sobre el plotter de corte, está trazado con tiza para traer al presente este mapa. Hoy, digamos, un mapa de 1937. Hay muchos lugares que no están. La idea fue también esto de lo hecho a mano, algo manual, por sobre la base del archivo“.

En las pinturas, esa búsqueda se expresa a través de superficies donde la materia acumula tiempo. “El vestigio, el rastro y la huella se pueden ver directamente en la superficie pictórica. Yo trabajo las pinturas como una cavidad donde busco, rastreo, escarbo, y toda esta acumulación forma un volumen. El público puede ser testigo de aquello a través del relieve que muestra la superficie de la pintura”, explica.
A ello, se suma una exploración visual que busca representar distintas temporalidades. “También, en términos estéticos, hay un trabajo de primeros planos y planos de fondo, que materializan lo que se va dejando, lo que queda atrás y lo que se viene encima. De nuevo, este rastro, esta huella y estas capas de tiempo y memoria”.
La coincidencia entre “Umbral” y los 25 años de Matucana 100 tampoco es casual. Desde sus primeras etapas, el proyecto estuvo pensado en diálogo con el lugar donde se emplaza el centro cultural.
“Creo que no es azaroso que el proyecto coincidan las fechas, porque ‘Umbral’ tenía en su investigación mucho interés en el territorio donde se ubica Matucana 100. En ese sentido, creo que la selección también tuvo que ver con eso. Era interesante que un proyecto hablara sobre el territorio de M100, más allá de lo que yo podía presentar como artista”, sostuvo.

Para Baeza, uno de los aspectos más significativos ha sido observar cómo el público continúa la experiencia una vez que abandona la galería. La exposición no termina dentro de la sala, pues se proyecta hacia el barrio y sus vestigios.
“Ya ha pasado que la gente que visita la muestra y sabe que hay un túnel al lado cuenta sus relatos, su experiencia. Otra no lo sabe y se da cuenta de que existe, y es como, de nuevo, armar este puzzle con ciertas piezas que faltaban”, relató. “Compartir esos relatos ha sido gratificante, tanto para mí como artista, para Matucana sin duda y para la gente de alrededor”.
La artista agrega que el entorno mismo termina convirtiéndose en parte de la obra. “Ha pasado que la mirada del espectador también va más allá de lo que está mostrando la exposición misma, sino que se ubica en el territorio. Saliendo de la exposición, muchas veces van a querer descubrir dónde está este túnel. La exposición también cuenta con un mapa, entonces esa reubicación ha sido bien interesante y yo creo que es lo que se espera también”.
“Umbral” permanecerá abierta hasta el 9 de agosto en Galería Concreta de Matucana 100, con entrada liberada. Una invitación a recorrer un paisaje que, aunque muchas veces pase inadvertido, sigue conservando las huellas de la historia ferroviaria de Santiago.






