“Una memoria que se puede acariciar”: el manifiesto del libro “Textiles de compañía”

Tania Pérez-Bustos, profesora titular de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia, es la autora de esta reciente publicación de la Editorial Kikuyo.

Tania Pérez-Bustos, profesora titular de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia, es la autora de esta reciente publicación de la Editorial Kikuyo.

 “Ana se da cuenta de que su abuela duerme con un suéter morado que tiene algunos agujeros. Entonces decide remendarlo utilizando los hilos gruesos que usaba en México y el bordado que le había enseñado Sabrina. A medida que pasa el tiempo, Ana sigue los agujeros en distintas partes del tejido, y su remiendo acaba tomando la forma de un árbol. Tras la muerte de su abuela, Ana regresa a México con el suéter, y desde entonces lo usa con regularidad, llevándolo a todas partes…”

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Quisiera pedirte que por un instante revises qué ropa escogiste hoy… ¿Por qué esa prenda? ¿De qué forma ese objeto habla de ti? ¿Tiene alguna historia en particular? Esta es la invitación que se lee al inicio del libro “Textiles de compañía, un manifiesto”, publicado recientemente por la Editorial Kikuyo.

Y la propuesta continúa: que cierres los ojos y sientas la prenda. Quizás la puedas acariciar. ¿Cómo se siente esa textura, esas costuras? ¿Activa algún otro recuerdo?

Tania Pérez-Bustos, autora del texto y profesora titular de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia, ha dedicado más de una década a la investigación de las tecnologías y los diálogos de saberes. En los haceres textiles artesanales se ha detenido a pensar el conocimiento y el cuidado.

En entrevista con Radio y Diario Universidad de Chile, la antropóloga feminista recuerda que empezó a escribir este ensayo en 2021 para una conferencia académica y, originalmente, se publicó hace algunos años en inglés.

En 2025, trae ejemplares a nuestro país de su libro “Gestos textiles. Un acercamiento a las etnografías, los cuerpos y los tiempos”. En la Librería Alma Negra, tienen una buena recepción. Luego la contactan desde Kikuyo y comienza este proyecto conjunto. Para Pérez-Bustos, fue “interesante” rescatar este ensayo porque no había una versión para el público en español. Y explica que el título está “retomando la idea de compañías que propone Donna Haraway, en su momento, cuando escribe un manifiesto de las especies de compañía”.

Ella rompe la idea de la parentalidad como algo que está solo al interior de la especie, que es lineal de sangre…Ella particularmente está hablando de seres vivos, especies de compañía, las mascotas, perros”, recuerda la investigadora. Y Haraway señala que hay que dejar de hablar de familia y “hay que comenzar a hablar de parentesco para ampliar lo que somos, más allá de lo relacionado en un sentido más reproductivo”.

Por eso, Pérez-Bustos propone lo siguiente: intentar pensar que las relaciones de parentesco no se dan solo entre “seres vivos”.

¿En qué sentido? “Los textiles son unas materialidades que coexisten con lo humano. Nosotros no podemos pensarnos como humanos sin los textiles. No se puede. Evolutivamente, las torsiones de las fibras son como el origen de cualquier textil, sea una canasta, una cuerda, una fibra que luego se teje. La torsión aparece con el nacimiento de la especie humana”, destaca la antropóloga.

Tania Pérez-Bustos.

Con la mirada al derecho y el revés de la tela, se presenta la idea de que hay formas de compañía que se están dando a través de los textiles. Por ejemplo, algunos casos en el libro que muestran un vínculo que se establece con otras personas.

¿Y cómo puedo relacionarme conmigo a través del textil? “Cuento casos que, a través de ejercicios de reparación, transformación, bordado de piezas, se reconocen ellas mismas en relación con su propia historia”, argumenta.

“Textiles de compañía, un manifiesto” tiene una impronta artesanal que es una de las líneas de producción de la editorial. Hecho a mano, costuras a la vista, el tamaño…Cada libro es único. Y la parte posterior de la portada, incluye una sorpresa. “El texto habla del hacer manual. Es lindo pensar que conversa con la propuesta del ensayo”, reflexiona la autora.

“Un siglo está en mis manos”

En el libro se advierte que el hacer textil artesanal nos enseña, en particular, sobre esos lazos en los que nos unimos a través de las distancias y los tiempos. “Un siglo está en mis manos cuando sostengo el poncho de mi abuelo…” se puede leer en las siguientes líneas. Tania Pérez-Bustos describe el proceso de tocar esa prenda y, al mismo tiempo, “una memoria que se puede acariciar y llevar puesta”.

“No es solo recordar con la cabeza sino también con el cuerpo…Traer al presente eso que pasó a través del tacto”, agrega. Es una forma de relacionarse con la materia textil que es sutil, es cuidadosa. Sin embargo, hay otra manera de conectar con los recuerdos que no es así, por ejemplo, personas que han vivido situaciones de violencia muy difíciles.

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“La repetición también se encarna en las manos de Sabrina y Ana mientras bordan juntas en medio de las protestas por la educación y los derechos humanos en la plaza de Oaxaca. Este gesto está en las manos de quienes llegaron antes que ellas, las mujeres que sostenían agujas en Chile para documentar las atrocidades de la dictadura de Pinochet, así como las mujeres desplazadas en Colombia que cosen cojines y manteles para dignificar sus hogares…”

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Hay trabajo en el activismo textil, se plantea en el texto. Se hace referencia a los llamados textiles de conflicto como formas de manifestación y de hacer memoria. “Hacer eso, textilmente, irrumpe en las formas tradicionales de la denuncia”, describe Pérez-Bustos. Se transforman en documentos: te llama a detenerte y observar.

Fotografía de Editorial Kikuyo (2026).

“Esa persona se enfrenta a lo que le pasó con una temporalidad particular. No es lo mismo que salir al exterior a gritar a que yo me siente… y grite haciendo un bordado. La disposición, la corporalidad es distinta y la emocionalidad se tramita de otra manera”, reflexiona la académica de la Universidad Nacional de Colombia.

“Más allá del propio textil”

Tania Pérez-Bustos describe que participó en un proyecto con artesanas en Colombia. Y a partir de eso, se fue desplegando en “un mundo muy amplio de reflexiones”. “Entiendo que esas formas de ensamblar el mundo y de producir el mundo, a partir de esas materialidades, están atravesadas por el género de manera muy concreta. En muchos casos, son lenguajes feminizados y también son desvalorizados. Se los ven como lindos y ya…No se entiende la política de la belleza detrás de esos objetos”, agrega la antropóloga.

¿Podemos imaginar metodologías para entender problemas que van más allá del propio textil? “El olfato, el tacto, la sensibilidad, están allí y nos convocan a detenernos ante el frenesí del mundo. Reflexiones que hay que tomarlas con calma, observar lo que nos rodea con una mirada más compasiva y dulce, hace falta”, responde.

En estos meses, la investigadora también está presentando una segunda publicación: “A medio hacer: pausas, memorias, linajes”. Pérez-Bustos regresará a Chile en agosto y participará en una serie de actividades, entre ellas, en Librería Alma Negra.

“Se ha movido mucho, tengo la fortuna de participar de un momento en que estos temas tienen acogida y no solo en los estudios sociales, sino que desde las artes”, comenta la autora de “Textiles de compañía, un manifiesto”, uno de los libros más vendidos de junio en Nueva de Lyon 63 (Providencia).

“Atravesando Los Andes”

La Editorial Kikuyo fue fundada originalmente en Quito (2016) por Daniel Galeas. En 2021, con la incorporación de Natalia Alarcón, el proyecto se expandió y adoptó una perspectiva de pensamiento crítico latinoamericano, operando actualmente entre Santiago (Chile) y Ecuador.

Natalia Alarcón, artista visual, docente e investigadora, destaca la recepción de “Textiles de compañía, un manifiesto” desde que aparece en La Furia del Libro (mayo, 2026).

“Evidencia el interés de la gente en ciertas temáticas. Algo se está tejiendo, esa sensibilidad que propone Tania en su libro…Tuvo un recibimiento muy rápido, por lo que hemos ido corriendo en nuestra costura de libros para imprimir más porque nos piden”, comenta la coeditora y diseñadora en Kikuyo.

Fotografía de Editorial Kikuyo (2026).

Y afirma: “Las capas que tiene el textil y toda su sabiduría”. Alarcón explica que el ensayo dialoga muy bien con el área artesanal del proyecto.

Tenemos una producción híbrida: una mitad artesanal y la otra industrial. ¿Cómo vamos decidiendo eso? Por muchos factores, ya sea económico, desde la autora, que busca ella y que buscamos nosotros. Y nos ponemos de acuerdo entre todas”, agrega en conversación con nuestro medio.

Se piensa cada detalle en relación con su texto, se encuaderna y cada libro lleva un objeto que se relaciona con el contenido. Luego, “la vida se la da cada lector y lectora, siempre creemos que toman caminos muy diversos y amplios, porque no sabe a lo que puede llegar por lo que estamos agradecidas por eso”.

Han participado de diversas ferias a nivel nacional e internacional durante los dos últimos años. Natalia Alarcón recuerda que estuvieron en Estados Unidos, Colombia y España.

“Se siguen valorando mucho los textos críticos y los temas que se proponen en la mesa. Esa materialidad y ese doble dialogo va agarrando potencia”, reflexiona.

Editorial Kikuyo en Nueva York (Estados Unidos)
Editorial en Nueva York (Estados Unidos). Fotografía: Kikuyo.

¿Cómo se proyecta el segundo semestre? El catálogo tiene contempladas a varias autoras. Además de las ferias y librerías, han sumado distribuidoras en México y Colombia.

Se reconoce la labor del equipo porque son varios integrantes colaborando y el oficio nos enseña que esa comunidad va creciendo… Hemos llevado adelante ciertos procesos metodológicos de edición comunitaria artística, al poder compartir el quehacer editorial con otro grupo de personas de distintos lugares”, relata Alarcón.

Y se “termine activando-concluye-otra red de conocimiento y saberes que tiene que ver con el libro”. Esto, con el objetivo de seguir “atravesando Los Andes”.





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