Durante décadas, el nombre de Samuel Beckett ha estado asociado al absurdo, la incertidumbre y la espera. Sin embargo, “No sé. Beckett”, el nuevo montaje del Teatro Nacional Chileno (TNCh) —en cartelera del 5 al 29 de agosto— , propone mirar al Premio Nobel desde otro lugar: el de la esperanza, la sensibilidad y la capacidad de seguir preguntándose qué significa ser humano en tiempos marcados por la sobreinformación y la tecnología.
La puesta en escena, dirigida y escrita por Millaray Lobos García, sitúa la acción en un estudio de radio desde donde nacen tres piezas breves del dramaturgo. A través de entrevistas, canciones, textos y diálogos, el montaje entrelaza lenguajes teatrales, musicales, filosóficos y visuales para construir una experiencia que busca involucrar al espectador desde la escucha y la percepción.
Para Lobos, la elección de la radio como soporte no responde únicamente a una decisión estética. “Es una fascinación por la radio misma como un medio que se ha sostenido en el tiempo, que ha atravesado todas las revoluciones tecnológicas y que, en sus variantes contemporáneas, sigue funcionando como un dispositivo que regula un cierto lugar común, un referente compartido para las personas”, explicó la autora.

La directora agregó que el dispositivo también responde a una necesidad de respetar la propia concepción artística de Beckett, quien dejó instrucciones precisas sobre el uso de sus obras. “Una de las piezas es efectivamente una pieza radiofónica. Hacerla en el teatro nos permite disponer de un escenario y compartir en vivo con el público, respetando las instrucciones del autor, que era que siguiera siendo una pieza radial”, expresó Lobos.
Así, a partir de esa premisa, el montaje juega con distintos niveles de realidad y con las posibilidades expresivas del sonido. “Lo radial tiene una doble medialidad: la del presente, en donde está ocurriendo, y la de lo grabado. Está el streaming en directo y, al mismo tiempo, el formato previamente grabado. Sentía que era un ecosistema propicio y fértil para hacer nacer, a partir de él, otros imaginarios”, precisó su directora.
Beckett para un mundo saturado
Más allá de la propuesta formal, el montaje busca conectar las preguntas del dramaturgo irlandés con el presente. Es en ese contexto que la actriz Paula Luchsinger manifestó que la vigencia de Beckett tiene relación, precisamente, con la necesidad de detener el ritmo acelerado de la vida cotidiana.
“Estamos saturados de noticias y de estímulos, y todos somos, de alguna manera, adictos al celular. Creo que el universo de Beckett lo que hace es parar eso y tratar de poner atención, no solamente en lo que se está diciendo, sino en lo que se siente”, reflexionó la artista.

En ese espacio de pausa aparecen las grandes preguntas existenciales. “Puede ser esto de preguntarse qué estamos haciendo, qué significa ser humano, qué significa vivir. Pero también, y para mí es lo que más he encontrado en este proceso, está la esperanza: el poder descubrir esa humanidad y esa conexión”, agregó Luchsinger.
Precisamente esa dimensión fue una sorpresa para la actriz durante el proceso creativo. “Yo tenía la sensación de que Beckett era mucho más el teatro del absurdo, de que nada pasa, y me he encontrado con la esperanza“, confesó la intérprete, quien añadió que “detrás de todo su pensamiento hay una esperanza en la humanidad, en la ingenuidad y en la ternura.”
Sobre los desafíos del montaje, Lobos compartió que el mayor de ellos fue hacer convivir distintos lenguajes sin perder la esencia del autor. “Es un desafío artístico, logístico, técnico y sensible. Quizás el mayor desafío artístico es transitar entre los distintos registros que apelan a modos de percepción y de escucha diferentes”, reveló.
A su juicio, esa diversidad de formatos responde al propio legado de Beckett. “Fue un autor muy múltiple que tuvo, en el corazón de su proyecto estético, el trabajo con la medialidad. Se interesó muy tempranamente por todos los medios de comunicación y por cómo la voz interior podía manifestarse de distintas formas”, explicó.

Por ello, la directora sostuvo que la obra transita constantemente entre diferentes registros: “Hay momentos humorísticos, otros más delicados; hay escenas con muy poca luz y otras con mucha luz; hay gestos cotidianos y gestos coreografiados. Pero todo eso sigue un hilo conductor que atraviesa la obra de principio a fin”.
En ese proceso, aseguró, hubo una preocupación permanente por mantener un diálogo fiel con el universo beckettiano. “Mi mayor autoexigencia fue liberar todo lo que se pudiera la obra de Beckett, abriéndola de distintas formas, pero manteniendo siempre una relación estrecha con lo que yo creo que él puede transmitir”, sintetizó la dramaturga.
Ese objetivo coincide con el deseo de Paula Luchsinger respecto de la experiencia que vivirá el público. “Si vienen y sienten, eso ya es un gran logro”, dijo la actriz. Y concluyó: “Me gustaría que la gente se quedara con esa esperanza. Creo que la sensibilidad no es una debilidad, sino justamente lo que nos hace humanos y lo que no puede reemplazarnos en un mundo que empieza a ser dominado por la inteligencia artificial y las fake news.”
Con un elenco integrado por Paula Bravo, Paula Luchsinger, Héctor Morales y Camila Ortiz de Zárate —junto a las voces de Gloria Münchmeyer, Sergio Rojas, Nicolás Copano e Yves Citton—, “No sé. Beckett” propone una relectura contemporánea de uno de los grandes autores del siglo XX, transformando la radio en un espacio desde el cual volver a escuchar las preguntas que, quizás, siguen sin respuesta.






