La política exterior y la restauración en el gobierno de Kast

  • 08-08-2026

La idea de “restauración” cruza el gobierno de José Antonio Kast. Los republicanos quieren recuperar el sentido del modelo pinochetista original, luego de que una derecha que ellos estiman blanda (“derechita cobarde“) claudicara ante la izquierda.

Existe un hilo conductor entre la política exterior de la dictadura y la que pretende implementar la actual administración chilena. A partir del enfoque pretoriano-ideológico, que percibía a nuestro país inmerso en una cruzada anticomunista mundial, y un estilo civil-pragmático, basado en la diplomacia comercial, el oficialismo pretende redibujar la inserción internacional de Chile con esas mismas bases, con el apoyo decidido del trumpismo estadounidense. Este nuevo liderazgo de Estados Unidos suma y potencia al conjunto de las ultraderechas latinoamericanas, en la perspectiva de fortalecer la lucha (cruzada) en contra del marxismo que para ellos ha devenido hoy en un “globalismo cultural“.

La vía comercial aparece más débil, pero igualmente imprescindible. Las condiciones han cambiado y la apertura unilateral que defendían los partidarios del régimen militar fue superada hace décadas, no quedando otra opción que continuar con los Tratados de Libre Comercio (TLC’s), aunque el aumento de aranceles implementado por la Casa Blanca sea una complejidad que la sumisión nacional no resuelve y seguir firmando estos acuerdos sea insuficiente para darle a nuestra economía el vigor que necesita.

En todo caso, las dos almas que algunos quisieron ver en la administración de Kast no era más que un espejismo y menos aún la política exterior constituir una versión más pragmática. La estrategia comercial implica una concepción del mundo, no una aproximación basada sólo en intereses, el presidente chileno no es tan distinto al resto de los mandatarios de extrema derecha de la región -salvo, quizás, en el estilo- ni el origen empresarial del canciller ofrecen condiciones para posturas menos ideológicas.

Consecuente con sus orientaciones esenciales, el gobierno chileno considera a Estados Unidos su socio estratégico más importante, colocando a China en un lugar secundario, estrategia desequilibrada y contraria a los intereses de una economía como la nuestra, cuyas exportaciones tienen a Beijing como destino mayoritario, lo que se traduce en que el alineamiento con uno es incompatible con las relaciones plenas con el otro.

La misma idea está detrás de convertir al ministerio de Relaciones Exteriores en una “Agencia de Desarrollo Económico Internacional“, instancia que reemplazaría las relaciones diplomáticas tradicionales por el comercio, las inversiones y la tecnología, de manera tal que pueda transformarse en un “motor del crecimiento nacional”. Este planteamiento demuestra una comprensión limitada de cómo funciona el sistema internacional, al mismo tiempo que oculta un esquema subordinado a Washington que puede notarse fácilmente en el acuerdo con Estados Unidos sobre minerales críticos y tierras raras, y la creación de un mecanismo de evaluación de inversiones extranjeras, cuyo objetivo apenas disimulado es bloquear a China, lo que contradice la apertura y no discriminación que ha caracterizado a nuestro país.

Una profunda desconfianza en la democracia cruza la acción gubernativa, también en el ámbito externo. El neoliberalismo más duro, un conservadurismo militante y el nacionalismo extremo se van reflejando poco a poco en aspectos como los temas de género y del colectivo LGBTIQ+, junto a unas Naciones Unidas consideradas como inútiles, ineficientes y llena de activistas de izquierda.

Se ha perdido el horizonte de la política exterior de Estado, seguida por todos los gobiernos chilenos desde 1990. Sin embargo, la alternativa no es aplicar la geopolítica de los TLC’s, ni el consenso entendido como un objetivo en sí mismo, sino construir ciertas bases comunes que permitan proyectar políticas a largo plazo para defender y promover los intereses nacionales. Y eso no es otra cosa que la esencia de cualquier política exterior.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

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