“Tomamos del pasado el fuego, no las cenizas. ‘Caminos’ nace de esa convicción”. Esa es la idea que instala una solemne voz de Jorge Coulon en off antes de que arranque la primera canción de la noche. Una que, además, resulta difícil separar de la propia historia de Inti-Illimani, acaso una de las bandas fundamentales de la tradición musical chilena. “Estas canciones vienen de lejos, pero no miran atrás. Caminan como nosotros”.
A casi seis décadas de su fundación, la frase podría funcionar también como una definición de la trayectoria del conjunto. Una historia atravesada por la experimentación de la Nueva Canción Chilena, el exilio, el retorno y la transformación permanente de su música, la misma que este viernes 7 de agosto volvió al Teatro Caupolicán para encontrarse con el presente a través de “Caminos”.
Son las 20:15 cuando comienza el concierto, frente a un recinto desbordante que aguarda con la misma expectación de siempre la subida del grupo a la tarima. “Caminos”, la canción que da nombre al nuevo álbum, abrió la jornada acompañada por la proyección de su videoclip, que recorre los recovecos de una historia cargada de recuerdos sostenidos en objetos como los afiches que antaño presentaban a ese grupo de rebeldes jóvenes chilenos que musicalizaban la revolución del fin del mundo.
“Caminos que se entrecruzan como me enseñó un refrán”, anuncian desde el escenario, trazando desde el primer momento la imagen que acompañará buena parte de la presentación: la música como un territorio donde distintas épocas, historias y generaciones pueden encontrarse.

Después llegó el clásico “Malagueña” y “Somos”, antes de un momento de reconocimiento de parte del público para Jorge Coulon, integrante histórico y fundador de Inti-Illimani que fue recibido entre cálidos aplausos. También hay palabras de valoración por parte del músico —quien ofició como una suerte de vocero de sí mismo y sus compañeros— para el Teatro Caupolicán, escenario que ha albergado numerosos capítulos de la música popular chilena y que esa noche volvió a convertirse en punto de encuentro para una de sus agrupaciones fundamentales.
La noche condujo hacia “El fuego de la memoria”, una combinación que parece condensar el espíritu del nuevo trabajo de los chilenos, asegurando que el camino no se construye negando lo vivido, sino avanzando con ello. Así pasaron canciones como “Todo en ti”, el “Rin del angelito”, de Violeta Parra, y “Vanidad”.
Como parte de un buen equilibrio, en el repertorio convivieron las canciones nuevas con aquellas que han acompañado durante décadas la trayectoria de Inti-Illimani. Y es en esa convivencia que aparece una de las principales fortalezas del conjunto, la que tiene que ver con su capacidad de hacer que el repertorio de la tradición no suene como una pieza detenida en el tiempo, sino como una música que todavía puede ser interpretada, discutida y compartida.
Así se dio paso a “Samba Lando” y luego a “Carnaval de colores”, interpretada en un bello dueto de los hermanos Coulon. Más adelante llega “La tramontana”, de Patricio Manns, cuya presencia se vuelve especialmente significativa en un concierto que también está marcado por la memoria de aquellos creadores que ayudaron a construir el paisaje de la música popular chilena. Esos queridos “fantasmas”, en palabras de Marcelo.
Y es entonces cuando el concepto de “Caminos” dejó de ser solamente una idea para transformarse en una escena concreta: los caminos de Inti-Illimani cruzados con los de otras generaciones, géneros musicales y estilos que arrancaron con el arrivo del trapero Pablo Chill-E en el escenario para interpretar “Abya Yala“, una composición que celebra la diversidad.

Más tarde, y luego de “Vuelvo”, uno de los retratos más desgarradores sobre el destierro sufrido durante los años de la dictadura civil militar, Los Bunkers acompañaron al conjunto en temas icónicos como “Lo que más quiero”, “El hombre es un continente” y “La exiliada del sur”. Tres canciones que adquirieron una nueva dimensión en este encuentro.
Luego llegó otro clásico como lo es “La copa alzada”, en homenaje a Manns. Un cantautor cuyo recuerdo atravesó el concierto no como una pausa solemne, sino integrado al repertorio y como parte de una memoria que sigue cantándose.
“El pueblo unido” y “El aparecido” llevan luego la presentación hacia uno de sus momentos más colectivos. Canciones que exceden el escenario y que, al ser entonadas en un recinto como el Caupolicán, parecen activar una memoria compartida entre intérpretes y público, donde incluso se encontraban personajes tan importantes para la historia reciente del país como Alicia Lira, Premio Nacional de Derechos Humanos 2026 y presidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD).
El recorrido siguió con “Medianoche” y “El tinku”, antes de entrar en el tramo final de la noche. Entonces apareció La Combo Tortuga, un clásico de la nueva cumbia chilena que se integró a Inti-Illimani para interpretar “Sobre tu playa”, para luego sumarse a Los Bunkers en “Fiesta de San Benito”.

La última parte del concierto se convirtií así en una verdadera convergencia de caminos, con músicos de distintas generaciones y procedencias compartiendo un repertorio que encuentra nuevas formas de sonar. Y quizá ahí esté una de las claves de “Caminos”, un disco y una presentación no buscan convertir la historia de Inti-Illimani en una pieza de museo. Al contrario: la revisitan, la ponen en diálogo con el presente y la entregan nuevamente a otros intérpretes.
Desde la Nueva Canción Chilena hasta el exilio y el retorno; desde Violeta Parra y Patricio Manns hasta Los Bunkers y La Combo Tortuga; desde las canciones que nacieron hace décadas hasta las que hoy buscan abrir nuevas rutas, la trayectoria de Inti-Illimani aparece como un largo ejercicio de continuidad y transformación.
Por eso la frase que abre el concierto termina adquiriendo un sentido mayor. Tomar del pasado el fuego y no las cenizas implica conservar aquello que todavía tiene calor, pero permitirle cambiar de forma.
En el Teatro Caupolicán, Inti-Illimani hizo justamente eso: volvió a sus canciones, homenajeó a quienes forman parte de su historia y abrió el escenario para nuevas voces. Un recorrido que no se detiene en lo que fue, sino que sigue preguntándose hacia dónde puede llevar el próximo camino.






