Hay algo que conecta a Japón, París y América Latina en la trayectoria de Ryutaro Suzuki: el viaje. Nacido en Kamakura, Japón, el pianista comenzó su carrera como solista a los nueve años y en 2008 se trasladó a París para continuar su formación en el Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de París, donde estudió con maestros como Bruno Rigutto, Michel Béroff y Michel Dalberto.
Desde entonces, su carrera lo ha llevado por importantes escenarios y festivales de Europa, Asia y América Latina. Mañana, ese recorrido tendrá una nueva estación en Chile, donde ofrecerá un recital que reunirá obras de Frédéric Chopin y Franz Liszt, incluyendo las transcripciones que este último realizó a partir de obras de Verdi y Mozart.
Esto, como parte del concierto de cierre del más reciente ciclo de piano organizado por el Centro para las Artes Zoco. El día previo de Suzuki es sencillo. Hospedándose en la casa de un amigo pianista radicado en Santiago, el japonés se dio un momento para pensar en torno al repertorio escogido para su paso por Sudamérica.
Sobre los compositores que forman parte del programa, se propone un diálogo entre Chopin y Liszt, dos grandes figuras del piano. “Yo diría que hay solo dos compositores, porque son Chopin y Liszt. Lo de Verdi y Mozart son compositores originales y, de hecho, es Liszt quien ha hecho la transcripción para piano”, explicó el artista.

La presencia de Liszt permite, además, conectar la música pianística con el mundo de la ópera. El programa incluye transcripciones de “El trovador”, de Verdi, y “Don Giovanni”, de Mozart, obras que el pianista entiende como una oportunidad para reunir virtuosismo y emoción.
“Liszt ha hecho muchas transcripciones en su vida. Muchas transcripciones de las obras que originalmente han escrito los dos compositores, incluso Chopin. Yo toco también estas canciones polacas, originalmente escritas por Chopin, que Liszt ha hecho para piano solo, para conectar los dos mundos”, señaló.
La transcripción, en ese sentido, no es para Suzuki un ejercicio meramente técnico. En las manos de Liszt, se convierte también en una forma de conservar el espíritu de una obra mientras se la transforma para el piano.
“Él añadió frases que terminaban transformando las originales. Por ejemplo, haciendo más compleja una frase de Don Giovanni, más impresionante, pero manteniendo la emoción original que tiene la obra inicial”, explicó.

Esa combinación entre técnica, virtuosismo y emoción es precisamente uno de los elementos que el pianista destaca de Liszt, una figura que también ayudó a transformar la relación entre el intérprete y el público. “Liszt ha sido un compositor, pero ante todo era un pianista, tanto como Chopin. Y así mostraba su talento y virtuosidad.”, planteó Suzuki.
De Japón a París
La historia musical de Suzuki también está marcada por el cruce entre distintas tradiciones. Tras comenzar su carrera en Japón, llegó a París en 2008, donde profundizó sus estudios y desarrolló una carrera que actualmente continúa desde Francia.
Esa experiencia le ha permitido observar desde dentro el diálogo entre la tradición pianística japonesa y la europea. Para el músico, parte de la explicación de la importante presencia de pianistas japoneses en la escena internacional podría encontrarse en una característica cultural: la búsqueda constante de perfeccionamiento.
“A nosotros, los japoneses, nos gusta mucho perfeccionar cosas. Por eso, una vez que un japonés o una japonesa toca el piano, siempre quiere perfeccionarlo”, comentó. A eso suma las posibilidades que existen en Japón para desarrollar y registrar el trabajo de los músicos. Una combinación que, a su juicio, podría explicar la presencia de tantos intérpretes japoneses en la escena internacional.

Pero el recorrido de Suzuki no se ha limitado a Europa y Asia. Su vínculo con América Latina comenzó hace años, cuando, mientras estudiaba en París, conoció a un músico venezolano con quien compartió escenarios.
“Cuando tenía como 20 años conocí a un músico venezolano en París, que estaba estudiando allá, y con él tocamos varias veces en Europa, juntos. Después me invitó a la casa de sus amigos y así conocí la cultura latinoamericana”, recordó.
Desde entonces, América Latina se convirtió también en un territorio de exploración para el pianista. Ha visitado países como México, Perú y Colombia, y conserva un interés particular por la historia y los sitios arqueológicos de la región.
“Hay muchos japoneses, de hecho, que están interesados en descubrir esos sitios”, contó, en referencia a lugares como Machu Picchu y los vestigios de las culturas inca y maya. Chile aparece ahora como una nueva parada en ese recorrido. Suzuki llegó al país hace pocos días, después de pasar por Colombia, y se encontró con un invierno bastante más frío de lo que esperaba.

“Cuando llegué aquí, a Chile, hacía mucho frío y al final yo compré un abrigo”, relató entre risas. Pero más allá de la anécdota, el pianista espera aprovechar los espacios que le deje su agenda para conocer algo más del territorio chileno. Tiene contemplada una visita a Viña del Mar y espera acercarse también a Valparaíso, aunque reconoce que le gustaría tener más tiempo para recorrer el país.
“También me gustaría visitar el sur del país, porque todos me han dicho que es maravilloso, pero bueno, quizás, ojalá por la próxima vez”, dijo.
Viajar para encontrar inspiración
En esa relación con los territorios aparece uno de los aspectos más personales de la conversación. Para Suzuki, viajar no necesariamente significa encontrar una conexión literal entre un paisaje y la música que interpreta. Su importancia está en algo más profundo: salir del espacio de trabajo y permitir que la experiencia personal alimente al intérprete.
“Cuando voy, por ejemplo, a Machu Picchu, o a los Andes a respirar el aire, obviamente no hay una conexión directa con la música, con la obra que yo estoy tocando, pero eso hace a la persona más rica, como persona, como emoción”, afirmó.

La reflexión cobra especial sentido cuando se piensa en la rutina de un pianista. Horas frente a una partitura, práctica solitaria y preparación constante anteceden a esos momentos en que finalmente la música se encuentra con el público.
“Sobre todo nosotros los pianistas, que trabajamos solos, en nuestra casa, mirando las partituras. Claro, hay conciertos, pero el trabajo que hacemos es así, la preparación lo es. Estamos en la casa, solos”, explicó.
Por eso, para Suzuki, viajar no es necesariamente una búsqueda consciente de inspiración musical. Es, antes que todo, una manera de volver a encontrarse con el mundo. “Es muy importante para nosotros respirar el aire y descubrir otro sitio para moverse. Y yo creo que eso sirve para eso, pero sobre todo, yo voy a ese sitio para disfrutar, para respirar”, dijo.
Y cuando se le plantea que de esas experiencias finalmente también nace la inspiración, su respuesta es breve, pero reveladora: “Inspiración hace a la persona más interesante”. Este miércoles, esa búsqueda volverá a encontrarse con el piano. Esta vez, en Chile, a través de Chopin, Liszt y las voces de Verdi y Mozart transformadas por el virtuosismo de uno de los grandes transcriptores de la historia del instrumento. Una nueva parada en un recorrido que para Suzuki parece estar hecho tanto de partituras como de lugares, encuentros y experiencias.






