En efecto Chile mantiene deudas con su historia independentista. Cruzando el tiempo, oligarcas impusieron su intransigente ideología y el país creció respetándola. Rescatando el Damnatio Memoriae o asesinato de imagen y sus obras brillantes, el sistema inventado por los romanos tras la muerte de Julio César, en casa los conservadores la fueron aplicando fríamente a varios héroes: José Miguel Carrera y familia, Manuel Rodríguez. Por cierto, Ramón Freire encabezó la lista al ser convertido en un inepto fantasma político: un gobernante desprestigiado hasta el hastío. Un vilipendiado. Repudiables asertos demuestran la canallada.
En su odio enfermizo no repararon que él fue el militar más victorioso en las sangrientas batallas contra los españoles. Lo acosaron hasta en su humillante exilio de una década huyendo por Lima, Juan Fernández, Sídney, Tahití, Sucre, Tarija y en 1851, en su lecho, martirizado por cáncer bucal mortal. Huérfano a los 16 años, entró a los Dragones de la Frontera. Desde su hazaña inicial en Talcahuano, 1813, capturando la fragata virreinal Thomas, despojándola de su botín, quemándose la cara al abordarla, su hoja guerrera inscribe veintena de triunfos: El Roble, Huilquilemu, El Quilo, Las Tres Acequias, Mocopulli, El Planchón, tres veces Talcahuano, San Carlos de Ancud, Campo Santo; sumados Callao y Guayaquil en mares pirateados junto al almirante William Brown, fundador de la armada argentina. Siempre admirado, respetado en su calidad de cíclope de invencible espada, fue comparado con el legendario Cid Campeador.
Como si las glorias militares no bastaran, su currículo político sumaba títulos excepcionales. Inigualables. Menos para el desterrado Bernardo O’Higgins Riquelme que, durante los años veinte de la década del siglo XIX, profitó y tramó su retorno a Chile desde Lima en una confortable casona y una amplia hacienda en Montalbán, regaladas por el estado peruano.
Ascendido a coronel por su intrépida acción en Maipú-Lo Espejo, San Martín y O’Higgins lo nombraron Intendente de Concepción. La ciudad sureña, en condiciones miserables, de hambruna por los constantes ataques realistas y de montoneros, fue su cuna política. El condecorado soldado empezó a sensibilizarse en torno a injusticias sociales, abusos, corrupciones y el abusador poder aristócrata imperante desde Santiago. Su admirado Bernardo, quemando los sueños republicanos independentistas se había convertido en despreciado dictador. En 1823, enseguida de masivos requerimientos pencones y del nortino Coquimbo, Ramón, exhibiendo la dureza de su carácter, aceptó conducir el Ejército del Sur hacia la capital para derrocar y exiliar al entrañable amigo.
Concentrado en la alta magistratura, resguardando siempre la República, su energía, ponderación, honradez, coraje, pragmatismo, tuvo un dramático desenlace en la demencial guerra civil de 1830 contra el ejército derechista de Prieto-Portales: fue condenado a destierro y muerte. ¿Que cometió errores? Sí. Como cualquier persona equivocó decisiones que los historiadores oligarcas (Barros Arana) denuncian en sus páginas. Empero, ante el ojo objetivo de otros investigadores (Gabriel Salazar), el balance de aciertos y virtudes le favorecen. Dueño de un desprendimiento insólito por el poder: ¡cuatro veces rechazó la Jefatura de Estado!, hastiado de conflictos, motines, traiciones, sólo el ruego popular y el clamor militar lo hicieron retirar renuncias y retomar la conducción del país.
Cual mínimo muestrario de sus realizaciones aprobadas mientras ejerció de Director Supremo y Presidente, cito algunas;
°Adelantándose al feminismo, en una resolución absolutamente innovadora impuso la creación de un palco especial en el Congreso para que las mujeres asistieran a sus sesiones. ° En todos los documentos oficiales obligó el uso del nombre Chile en vez del generalista Patria. ° Contra la oposición conservadora, rubricó la ley que otorgó libertad absoluta de los esclavos. Determinación en que debe haber influido la existencia del corajudo Batallón de los Pardos que lo acompañó en la batalla de El Planchón. ° Rompiendo relaciones con la Santa Sede, dictaminó la confiscación de los bienes del clero con el objetivo de salvar el déficit fiscal, ° Del código Penal suprimió medidas cavernarias: apaleamientos, torturas, latigazos en la plaza de Armas. ° Fueron concretados artículos y reglas destinadas a la educación pública gratuita. ° Con mirada intelectual superior, creó la Academia Chilena dividida en tres secciones: Ciencias Morales y Políticas, Ciencias Físicas y Matemáticas, y la de Literatura y Artes.
Analizado su abrumador despliegue de estadista, la expulsión definitiva del Ejército Real de España en el archipiélago sureño constituye la máxima conquista en pro de la consolidación republicana. Insigne hazaña sin homologación ni debido reconocimiento derechista y público. Derrotado de forma humillante en la primera campaña, desatendiendo la oposición pelucona, habiendo sufridos mortíferos combates, victorioso en Pudeto y Bellavista, el 18 de enero de 1826, Ancud y Castro, Ramón Freire y el general ibérico Antonio Quintanilla ratificaron el Tratado de Tantauco, que aseguraba la Pacificación de la Araucanía y la plena independencia de Chile.
Detenerse en Chiloé, obliga a revelar que el archipiélago fue el motivo de actualización de sus conocimientos mercantiles juveniles aprendidos en Concepción. Sabedor de que los británicos explotaban en el norte exitosos yacimientos cupríferos, recurrió a la Compañía Inglesa de Minas. Tras hábil negociación le facilitaron 100.000 pesos. Capital que sirvió para equipar trece barcos y bien armados 2.500 soldados. En noviembre de 1825, flota y regimientos, con la valiosa experiencia de oficiales europeos: Tupper, Beaucheff, Viel, Rondizzoni, la legendaria cruzada bélica se echó a la mar.
No por azar deje este apéndice biográfico para concluir que, el justo jolgorio post Chiloé no bastó para apagar el incendio político que se vivía ese año ’26. Caos absoluto. Patético. El Senado elimina el título de Director Supremo. Freire dimite buscando descomprimir la crisis partidista, El Congreso crea el cargo de Presidente de la República. El 04 de julio de 1826 asume Manuel Blanco Encalada. Abismado por tanto descalabro, a los ¡dos meses! dimite. Entonces el gobierno provisorio decide reponer a Freire. Una vez más, dispuesto al sacrificio patrio, el noble militar acepta, transformándose de esta manera en el primer Presidente ¡chileno!, pues el vice almirante Blanco era argentino y nacido en Buenos Aires. Tal es la verdad: Ramón Federico Freire Serrano fue el primer ¡chileno! en terciarse la banda tricolor.
Así se escribe la historia cuando es rigurosa. Como el presente 09 de julio el mandatario Kast Rist, con gran publicidad e incluso almuerzo de gala en La Moneda con ex mandatarios, conmemorara el Bicentenario de la creación de nuestra primera Presidencia, pongo el acto sobre el tapete. Y consigno que en el marco de los discursos y homenajes, increíblemente, jamás se mencionó a Freire. Fue un gran fantasma; un libertador silente y ex primer Presidente chileno sin derecho a revolotear entre las mesas. Un espectro sin sombra demostrando que la vengativa Damnatio Memoraie romana sigue aplicándose. Sin escrúpulos, quizás por ignorancia, al insigne patriota una vez más se le borró de la historia. Queda escrito: la perfidia de la Roma de los Cesar y sus asesinatos de imagen continuarán funcionando.




