La socióloga, académica de la Universidad de Santiago y experta en seguridad y crimen organizado, Lucía Dammert, abordó la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT), la Operación Cancerbero y el giro que ha tomado el debate sobre seguridad en Chile.
En conversación con la primera edición de Radioanálisis, a propósito del Operación Cancerbero, Dammert planteó que las políticas de seguridad combinan desde hace tiempo medidas concretas con un fuerte componente comunicacional. “Son las dos cosas”, resumió. A su juicio, en este caso ambas dimensiones quedaron especialmente expuestas.
“Creo que es tal vez la primera vez donde en Chile esto se ve tan en blanco y negro”, observó, al comparar el despliegue con otras iniciativas que también buscaron instalar una determinada imagen en materia de seguridad. A su juicio, se trata del “primer esfuerzo político comunicacional sustantivo, donde lo que se hace, más allá de hacer algo, se comunica de una forma que es una forma distinta”.

Consultada por las similitudes con el modelo de seguridad de Nayib Bukele, Dammert fue directa: “El estilo Bukele lo venimos copiando hace rato”. La principal diferencia, explicó, está en la forma en que esta vez se presentó el operativo.
El endurecimiento de las penas y la idea de aumentar los castigos, agregó, tampoco son nuevos en el discurso político: “El Gobierno también, y esto creo que es importante reconocerlo, ofreció todas estas cosas en su plan de gobierno y ganó, ofreció castigo, ofreció pena más dura, ofreció un cambio de mano”.
Dammert marcó, sin embargo, una diferencia entre Chile y El Salvador. Frente a propuestas más extremas respecto de las condiciones de las personas privadas de libertad, planteó que el sistema político chileno todavía conserva ciertos límites. “Yo creo que eso no va a prosperar, no va a prosperar porque el sentido común de la política chilena está todavía en un espacio más racional”, planteó.
También apuntó a la reacción de la ciudadanía frente a situaciones como el incendio de la cárcel de San Miguel. “La respuesta ciudadana no fue una respuesta de jolgorio, de júbilo (…), fue una respuesta de preocupación”. “No estamos todavía en el ojo por ojo”, agregó.
La discusión sobre el encarcelamiento llevó a Dammert a cuestionar que el aumento de la población penal pueda convertirse en una medida de éxito. “Nosotros hemos pasado la barrera de los 40 mil, luego pasamos la barrera de los 65 mil. Algunos creen que esto es una métrica para estar felices, yo creo que no”.
“Las cárceles no son buenos lugares, las cárceles son lugares donde uno se deshumaniza”, sostuvo, y advirtió que el sistema penitenciario puede incluso favorecer la formación de organizaciones criminales.
Frente a eso, puso el foco en la persecución de los delitos y en la capacidad investigativa del Estado: “Lo que necesitamos es tener más eficiencia en la persecución del delito”.
Dammert también llamó a desarmar los mercados ilegales y diferenciar las respuestas según el tipo de delito. “Para los que lavan activos, para los que hacen fraude, para los que están tratando mujeres, para los que traen migrantes ilegales, para los jefes narcotráficos, por supuesto que las medidas tienen que ser muy duras, muy duras”.
El problema, advirtió, es que esa persecución no siempre llega a quienes ocupan los niveles superiores de las organizaciones criminales. “A esa gente generalmente no llegamos, nos quedamos con el vendedor de droga a la esquina, con el que está tres veces por homicidio, pero que partió en el Sename, bueno, la historia se repite”, dijo.

Al abordar la ACOT, Dammert puso el foco en la percepción de inseguridad. “Chile es un país con miedo”, planteó, y vinculó esa sensación con la percepción de que el Estado no actúa frente a los delitos. “Es posible que cosas como esta generen, por lo meno,s una alerta positiva en la ciudadanía de que algo se está haciendo”, explicó.
No obstante, señaló que incorporación del terrorismo a la agenda le genera una preocupación particular. “Me preocupa profundamente porque hemos ido subiéndole la escala a las cosas (…). Los que eran pandillero resulta que todos son crimen organizado y ahora podrían ser todos terroristas”, advirtió.
También puso en duda el tiempo que tendrá el Gobierno para mostrar resultados. “La gente no va a esperar 10 años para ver resultados”, alertó.
En tanto, Dammert recordó que la tasa de victimización se ha mantenido estable durante los últimos años y que los homicidios venían a la baja: “Pareciera que el ACOT está mucho más enfocado a disminuir el miedo que a otra cosa”.






