Este viernes 21 de agosto el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas volverá a reunirse a puerta cerrada para realizar el segundo sondeo informal, llamados “straw polls”, un proceso vital para definir la carrera del próximo secretario o secretaria general del organismo internacional.
Será apenas la segunda fotografía de un proceso que todavía puede extenderse durante varias semanas, pero probablemente será bastante más reveladora que la primera. Porque si el sondeo del pasado 30 de julio permitió conocer las preferencias iniciales de los quince miembros del Consejo, la votación de este viernes 21 de agosto comenzará a mostrar cuáles candidaturas logran consolidar sus apoyos, revertir resistencias y cuáles empiezan a quedarse sin espacio para construir el consenso necesario.
En estos llamados straw polls, los 15 integrantes del Consejo de Seguridad depositan papeletas en las que tienen tres opciones. Encourage, para alentar una candidatura; discourage, para desalentarla; o no opinion. Por ahora todos votan con papeletas idénticas, por lo que todavía no es posible saber si un rechazo proviene de alguno de los cinco miembros permanentes con derecho a veto —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— o de alguno de los 10 miembros electos.

La primera ronda dejó como favorita a la costarricense Rebeca Grynspan. La exvicepresidenta de Costa Rica y actual secretaria general de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo obtuvo 10 apoyos y apenas un rechazo, convirtiéndose en el perfil que hasta ahora parece más cercano a una candidatura de consenso.
Muy cerca apareció la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, la principal sorpresa de la jornada, con nueve respaldos, dos votos en contra y cuatro países sin posición. El argentino Rafael Grossi, director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica, quedó más atrás con siete apoyos, pero apenas dos rechazos y seis votos sin opinión, un resultado que todavía le entrega bastante margen para crecer.
Una jornada crucial para las aspiraciones de Bachelet
La expresidenta chilena Michelle Bachelet, en cambio, quedó cuarta con seis apoyos, cinco rechazos y cuatro votos sin opinión. No está eliminada, pero sí fue bastante más adverso de lo que esperaba su campaña. Está a tres votos del umbral de nueve, pero su principal problema son esos cinco en contra. Mientras Grynspan acumuló uno; Rodrigues-Birkett y Grossi dos, Bachelet comenzó la carrera con un núcleo de oposición bastante más amplio.
Por eso este viernes para Bachelet probablemente será más importante reducir sus votos negativos que simplemente subir del cuarto al tercer lugar. Una votación de ocho apoyos, tres rechazos y cuatro países sin opinión sería, por ejemplo, políticamente más favorable que alcanzar ocho apoyos manteniendo cinco votos en contra.
Lo que necesita demostrar es que parte de las resistencias del primer sondeo correspondían a posiciones tácticas, negociables o todavía no consolidadas. Si después de tres semanas de conversaciones vuelve a registrar alrededor de cinco rechazos, la señal es que exista un techo para su candidatura.

Eso convierte la siguiente votación en el primer examen concreto del trabajo diplomático desarrollado después del 30 de julio. Bachelet llegó al primer sondeo después de meses de contactos con integrantes del Consejo de Seguridad, pero desde entonces su equipo conoce con bastante precisión el problema político que debe resolver. Cinco países decidieron desalentar su candidatura. El objetivo ya no consiste tanto en presentar su trayectoria o explicar sus credenciales, sino en identificar cuáles de esos votos pueden modificarse antes de que el Consejo avance hacia una fase mucho más decisiva.
Después de que el gobierno de José Antonio Kast retirara en marzo el patrocinio chileno, Brasil y México mantienen formalmente la candidatura. Al mismo tiempo, el excanciller Heraldo Muñoz ha encabezado parte de ese esfuerzo, junto con figuras como a los también excancilleres Mariano Fernández y Juan Gabriel Valdés, en una estructura diplomática bastante poco convencional para una candidatura a la Secretaría General.
Brasil aparece, probablemente, como el principal activo de esta campaña. El gobierno de Lula da Silva ha definido públicamente su candidatura como prioritaria e intenta presentar su nombre no simplemente como una candidatura chilena, sino como una opción latinoamericana sustentada en tres argumentos particularmente atractivos para Naciones Unidas: la primera mujer, latinoamericana y la extensa experiencia multilateral de la expresidenta.

México mantiene una lógica similar, generando una situación bastante excepcional. El país de origen de Bachelet no respalda su postulación, pero sí lo hacen las dos mayores potencias latinoamericanas. Eso representa tanta una debilidad y como una oportunidad. Pero la idea que se trata de transmitir es que Bachelet dejó de ser simplemente una candidatura chilena y se convirtió en una apuesta regional
El problema de Bachelet: su perfil ya no es único
Además de Grynspan, Rodrigues-Birkett, Grossi y Bachelet, permanece en carrera la ecuatoriana María Fernanda Espinosa y esta semana se incorporó la diplomática ecuatoriana Ivonne A-Baki, nominada por Tonga. Mientras más candidaturas latinoamericanas sobrevivan, más difícil resulta construir la imagen de una candidata regional única. Por eso la estrategia de Bachelet puede depender sencillamente de resistir. Necesita continuar suficientemente cerca del grupo de avanzada como para beneficiarse posteriormente del retiro de otras candidaturas.
La otra gran incógnita es en torno a los cinco miembros permanentes. Bachelet realizó gestiones en Moscú, Pekín, Londres y París, pero todavía no sabemos de dónde provinieron sus cinco votos negativos del primer sondeo. Este punto puede terminar definiéndolo todo. Una candidata podría conseguir nueve, diez o incluso once votos y aun así quedar bloqueada si uno en contra corresponde a Estados Unidos, China, Rusia, Francia o Reino Unido.

No existe un número predeterminado de rondas antes de llegar al momento de las papeletas diferenciadas. El Consejo decide políticamente cuándo los sondeos iniciales ya permitieron separar las candidaturas viables de aquellas que no tienen posibilidades. En 2016 se realizaron cinco rondas con papeletas idénticas y recién en la sexta se identificó si los votos procedían de miembros permanentes. En otros procesos el cambio ocurrió antes, por lo que septiembre probablemente aparezca como el mes en que la competencia actual podría entrar en su etapa decisiva.
Eso hace que este viernes existan varios indicadores relevantes. El primero será comprobar si Grynspan consolida su ventaja. El segundo será si Rodrigues-Birkett confirma nueve o más respaldos. El tercero será Grossi, porque sus seis votos sin opinión representan una reserva importante de potencial crecimiento. Si esos votos comienzan a transformarse en apoyos al tiempo que Bachelet permanece alrededor de seis, la contienda podría empezar a ordenarse claramente alrededor de Grynspan, Rodrigues-Birkett y Grossi.
A Bachelet no le conviene que este viernes aparezca un ganador demasiado claro. Si Grynspan alcanza once o doce votos y prácticamente ningún rechazo, el resto de las candidaturas comenzará a enfrentar una presión mucho mayor para abandonar la carrera. Una elección todavía fragmentada, en cambio, entrega tiempo a Brasil, México y al propio equipo de Bachelet para seguir negociando y esperar que otros nombres comiencen a caer.






