El arzobispo de Santiago, Fernando Chomali, presentó este viernes una carta dirigida a pequeños, medianos y grandes empresarios, en la que aborda el papel que tiene el sector privado frente a los principales desafíos que enfrenta el país.
El documento titulado “La empresa promotora del bien común”, fue presentado durante un encuentro convocado junto a la Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC), que reunió a más de 300 empresarios, ejecutivos y emprendedores, que contó con la participación de Vittorio Corbo y Alfredo Moreno.
Chomali relató que la carta surgió después de las distintas conversaciones que sostuvo con empresarios desde su llegada a Santiago. Recordó que, tras recibir numerosas invitaciones, decidió convocar a un encuentro privado con un grupo de ellos. En esa ocasión, contó, un empresario le manifestó su sorpresa por asistir a una reunión en la que no le pidieran dinero.
La situación llevó al arzobispo a cuestionarse cuál debería ser el sentido de su vínculo con el mundo empresarial. “Estoy lejos, pero lejos, de pensar que ustedes son un cajero automático”, aclaró.

El cardenal recordó que las personas buscan amar, ser amadas, ser respetadas y contar con un trabajo donde puedan desarrollar sus capacidades. Desde esa perspectiva, recalcó que la actividad empresarial no puede analizarse de manera aislada de la sociedad en la que funciona.
Chomali llamó a los empresarios a “ampliar la mirada” frente a los problemas que enfrenta el país y a no reducirlos a ámbitos separados. Para el arzobispo, la situación de los niños, los jóvenes, las cárceles, el empleo y las familias también interpela al mundo empresarial, por lo que “el problema es de todos y también las soluciones de todos”
Durante su intervención, el arzobispo puso el foco en la situación de niños y jóvenes. Advirtió sobre los problemas de aprendizaje que afectan a una parte importante de los estudiantes y manifestó su preocupación por la falta de esperanza entre las nuevas generaciones.
También abordó la realidad de las personas privadas de libertad y las dificultades para acceder a un trabajo formal. Chomali mencionó el caso de Colina 2, donde, según expuso, solo 25 de los cerca de 3 mil internos tienen un trabajo formal.

A partir de esa realidad, el cardenal cuestionó que la respuesta frente a los problemas sociales se concentre únicamente en aumentar las medidas de seguridad. “No se trata de construir más cárceles, aunque hay que hacerlo como política pública, pero más que construir más cárceles tenemos que trabajar para que no hayan cárceles”, sostuvo.
Para el arzobispo, el trabajo constituye una de las principales herramientas para enfrentar la exclusión. En esa línea, llamó a generar oportunidades laborales y vinculó el empleo con la posibilidad de construir familias capaces de entregar afecto y estabilidad.
La relación entre trabajo y familia también ocupa un lugar en la carta. Chomali instó a considerar las responsabilidades familiares dentro del mundo laboral y abordó, además, la participación de las mujeres, las condiciones de trabajo y la necesidad de evitar que la maternidad se transforme en un obstáculo para su desarrollo profesional.
Otro de los temas que marcó su intervención fue el avance de la inteligencia artificial. El arzobispo alertó sobre la velocidad con que estas tecnologías están transformando el mundo laboral y advirtió que los procesos de reconversión podrían avanzar más lentamente que la incorporación de estas herramientas.

Ante ese escenario, Chomali propuso abrir una conversación entre distintos sectores. “Yo creo que es fundamental un gran diálogo entre los empresarios, los sindicatos, la academia y el Gobierno”, expresó.
El arzobispo advirtió que ese debate debe considerar también a quienes podrían quedar fuera de las nuevas formas de trabajo, y cuestionó que personas que dedicaron años a su formación puedan terminar con estudios que ya no respondan a las exigencias del mercado laboral.
Hacia el cierre de su intervención, Chomali insistió en que los desafíos del país no pueden abordarse como problemas aislados. “Hoy día ya no es tema, este es mi problema de educación, problema de salud, problema de trabajo, problema de la empresa, problema de Iglesia. No, es nuestro problema”, enfatizó.
En la carta, el arzobispo también aborda la vocación empresarial, la dignidad de los trabajadores, el bien común y el futuro de las nuevas generaciones. Su planteamiento apunta a que las decisiones que se toman dentro de las empresas tienen consecuencias que exceden sus resultados económicos y alcanzan directamente la vida de las personas.






