Mirar desde Chile al Sudeste Asiático resulta cada vez más atractivo. En un escenario internacional fragmentado, marcado por la competencia entre potencias y el debilitamiento del orden internacional basado en reglas, la relación con nuestros vecinos del sur global abre oportunidades que trascienden ampliamente el intercambio comercial.
La política exterior chilena de los últimos 30 años —desde el retorno a la democracia— se ha caracterizado por su apertura económica y diversificación de mercados, una estrategia que permitió reducir dependencias, ampliar socios y aprovechar las reglas que han facilitado el intercambio entre economías abiertas. Hoy ese orden está en tensión y sus efectos presionan a nuestro país a buscar un camino para navegar la incertidumbre de un viejo mundo que no termina de morir y otro que aún no nace.
La competencia entre Estados Unidos y China, el uso de sanciones arancelarias y restricciones comerciales como instrumentos de poder tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, sumado a la creciente geopolitización de las cadenas de suministro obligan a reconsiderar qué significa realmente diversificar.

Chile, un puente entre América Latina y ASEAN
En medio de este escenario, Chile continúa fortaleciendo sus lazos con distintos países, entre ellos, destacan las relaciones con los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).
El ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, inició el martes 18 de agosto una gira calificada por Cancillería como “de alto valor estratégico” por China, Vietnam —principal socio comercial de Chile en el Sudeste Asiático, con un intercambio bilateral que creció 39% durante 2025 y superó los US$ 2.100 millones— y Japón, con el objetivo de “impulsar las inversiones, ampliar aún más nuestra canasta exportadora, abrirnos a nuevos mercados muy atractivos y encontrar nuevas áreas de cooperación”, según destacó el propio jefe de la diplomacia chilena.
Asimismo, en julio de este año el canciller concluyó una gira por el Sudeste Asiático donde concretó un acuerdo comercial con Filipinas e impulsó otros en materia de inversiones con Indonesia y de libre comercio con Bangladesh.

“Queremos que el Sudeste Asiático mire a Chile y nos abra sus puertas. Queremos robustecer nuestro intercambio comercial, atraer inversiones, capital humano avanzado y talentos para el desarrollo de nuevas tecnologías. Es lo que vinimos a buscar para diversificar nuestros socios en el mundo y abrir mercados que sean atractivos para los exportadores chilenos”, destacó Pérez Mackenna.
Chile no parte de cero. Su relación con la ASEAN es probablemente una de las más desarrolladas de América Latina. En 2019 se convirtió en el primer país latinoamericano en obtener la categoría de Socio de Desarrollo del bloque. A ello se agregan mecanismos como el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés), que conecta a Chile con economías como Brunei, Malasia, Singapur y Vietnam, además de acuerdos vinculados a la economía digital y una extensa red de relaciones bilaterales construida durante décadas.
“Quizás no haya país en Latinoamérica que esté más expuesto al Sudeste Asiático que Chile”, destacó Manuel Gutiérrez, subdirector del Área Sudeste Asiático en el Centro de Estudios de Asia del Este (CEAE Chile), durante el encuentro “Chile y Sudeste Asiático: comercio, cultura y cooperación hacia una región estratégica”, realizado en el marco de los 59 años de la fundación de ASEAN.
Los números respaldan esa afirmación. Las exportaciones chilenas al bloque alcanzaron los US$571 millones en 2025, con un crecimiento constante. Industrias como la láctea y la dedicada a la comercialización de carne bovina y ovina ven en el Sudeste Asiático una oportunidad para fortalecer su presencia en un mercado de alto potencial.
“Tailandia es probablemente el mercado más referente del Sudeste Asiático. Si bien no es el país con la mayor cantidad de consumidores, sí es donde se encuentran muchas de las principales empresas de comercio de alimentos de la región”, destacó Rafael Lecaros, gerente general de ChileMeat, en el Encuentro de Negocios Chile-ASEAN 2026.

“El Sudeste Asiático va a crecer y va a ser un eje fundamental en la economía global y en la política, que va a ser decisivo, eso es seguro. Ahora, la pregunta es si Chile va a saber involucrarse de la manera correspondiente en esta dinámica”, planteó Manuel Gutiérrez.
Ese camino ya iniciado entrega una posición de ventaja que Chile puede capitalizar. Su ubicación geográfica, su apertura hacia el Pacífico y la experiencia acumulada en su relación con Asia permiten pensar al país como una posible plataforma de conexión entre ASEAN y América Latina. No como una puerta exclusiva de entrada hacia una región diversa y con estrategias propias, sino como un articulador.
Para los países del Cono Sur, particularmente aquellos cuya salida natural hacia Asia cruza territorio chileno, la infraestructura física puede complementarse con infraestructura diplomática, académica y tecnológica.
Una cooperación que puede trascender lo comercial
Ese vínculo formal, construido durante décadas y consolidado con el crecimiento exponencial del bloque, plantea una pregunta fundamental: ¿qué hacer con esa relación una vez que el vínculo comercial ya existe?”.
Reducir ese nexo exclusivamente a cuánto exporta Chile hacia Vietnam, Tailandia, Indonesia o Filipinas sería desaprovechar buena parte de su verdadero potencial. Ambos extremos del Pacífico enfrentan problemas que, pese a sus diferencias, comienzan a parecerse. Cambio climático, seguridad hídrica, desastres naturales, envejecimiento de la población, modernización agrícola, transformación energética, digitalización, desigualdades territoriales o formación de capital humano son desafíos que permiten pensar la relación desde la cooperación y no únicamente desde el comercio.

Por ejemplo, en el marco del encuentro del CEAE, Simón Villalobos, especializado en Cooperación Internacional por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y experto en Tailandia, puso el acento en la similitud de algunos riesgos climáticos entre Chile, América Latina y el Sudeste Asiático.
“En términos climáticos tenemos muchos desafíos compartidos”, aseguró el Magíster en Políticas Públicas y Sostenibilidad por la Universidad de Barcelona, quien hizo énfasis en las consecuencias humanas que enfrentan Chile y Tailandia debido al calor extremo, inundaciones y escasez hídrica.
“Chile suma cerca de mil muertes al año por calor extremo e inundaciones. Grave. Cuando uno se va al contexto de América Latina, escalamos a 15 mil al año, donde Chile está aportando cerca del 10%. Tailandia tiene alrededor de 8 mil muertes. Esto ya nos hermana: nos pone en el mismo nivel de problemas y oportunidades de cooperación internacional”, detalló Villalobos.
Es allí donde aparece la necesidad de avanzar en otro tipo de relaciones diversificadas. Universidades chilenas y tailandesas podrían trabajar conjuntamente para innovar en resiliencia territorial, soluciones basadas en la naturaleza, agricultura urbana y gestión hídrica. Villalobos destacó la experiencia tailandesa con modelos de economía circular aplicados al agua y la seguridad alimentaria, donde las inversiones y las infraestructuras se alinean a objetivos de sostenibilidad.

La misma lógica podría extenderse hacia otros ámbitos. Chile posee capacidades relevantes en minería, gestión sísmica y de desastres, energías renovables, astronomía, agricultura en condiciones extremas y tecnologías asociadas a recursos naturales.
Asimismo, distintos países del Sudeste Asiático cuentan con experiencias avanzadas en manufactura, digitalización, biotecnología, medicina, adaptación climática, gestión hídrica y desarrollo tecnológico. El interés no consiste en determinar quién tiene un modelo que el otro deba copiar, sino en identificar conocimientos complementarios.
Allí está uno de los principales beneficios de profundizar esta relación. La cooperación científica y académica genera capacidades que permanecen incluso cuando las condiciones comerciales cambian.
Cooperación que no llega en contenedores
Un tratado puede perder importancia, una ruta marítima puede interrumpirse y una cadena logística puede volverse demasiado costosa. Pero una red de investigadores, universidades que trabajan conjuntamente, especialistas formados en ambos países o tecnologías desarrolladas de manera colaborativa generan un vínculo mucho más difícil de romper.
Ese punto cobra especial relevancia en el escenario geopolítico actual. Basta imaginar una escalada mayor de la competencia entre Estados Unidos y China que termine restringiendo rutas marítimas, cadenas logísticas o determinados accesos en el Asia-Pacífico. Para un país situado al otro lado del océano como Chile, una alteración de ese tipo podría trabar buena parte del intercambio físico construido durante décadas.

¿Qué queda cuando mover mercancías se vuelve más difícil? Queda aquello que no depende exclusivamente de un contenedor cruzando el Pacífico: conocimiento, capacidades humanas, redes institucionales, investigación conjunta, cooperación tecnológica y relaciones diplomáticas consolidadas.
Por lo tanto, ampliar la relación con ASEAN más allá del comercio no constituye solamente una política económica. También puede entenderse como una estrategia de resiliencia frente a un orden internacional menos estable.
Ese podría ser finalmente el siguiente paso de la tradicional política chilena de diversificación. Durante 30 años diversificar significó principalmente abrir mercados y firmar acuerdos comerciales. En las próximas décadas deberá significar algo más: construir relaciones capaces de sobrevivir a las turbulencias del comercio internacional.
ASEAN representa una oportunidad particularmente importante para hacerlo. Chile ya construyó parte del camino diplomático y económico. El desafío ahora es utilizarlo para formar capital humano, conectar universidades, desarrollar investigación, compartir tecnologías y enfrentar problemas comunes. Porque en un mundo donde las mercancías pueden encontrar cada vez más barreras para cruzar el Pacífico, quizás el vínculo más estratégico sea precisamente aquel que no puede bloquearse en un puerto.






