Wile E. Coyote lleva décadas perdiendo. Le explotan cohetes en la cara, cae desde acantilados kilométricos, compra inventos inútiles que inevitablemente se vuelven contra él. Pero ningún golpe en su larga carrera fue tan cruel como el que le propinó, esta vez, su propio estudio, Warner Bros. estuvo a punto de enterrar su película antes de que alguien pudiera verla.
Este jueves 28 de agosto, sin embargo, “Coyote vs. Acme” llega por fin a los cines chilenos y la historia de cómo sobrevivió para contarlo dice tanto sobre Hollywood como la película misma.
Hay una imagen en el afiche promocional que lo dice todo, el Coyote empujando cuesta arriba una enorme roca con el logo de Acme, en una pose que cualquier estudiante de mitología griega reconocería de inmediato. Sísifo, condenado por los dioses a empujar eternamente su piedra hasta la cima de una montaña, solo para verla rodar de vuelta al inicio una y otra vez, sin fin posible.
La analogía no hace falta forzarla: el Coyote lleva décadas atrapado en ese mismo loop absurdo, persiguiendo al Correcaminos con una obstinación que trasciende la lógica, comprando cohetes y trampas y catapultas que siempre explotan en su propia cara, cayendo al abismo para levantarse en el siguiente episodio con la misma determinación intacta. Como Sísifo, su condena es también, de algún modo retorcido, su esencia. La película entiende eso, y lo convierte en su punto de partida.
Todo comenzó con una premisa brillante: ¿qué pasaría si el Coyote, harto de décadas de productos defectuosos, decidiera demandar a la empresa Acme? La idea provenía de una columna satírica del escritor Ian Frazier publicada en The New Yorker, y en manos del director Dave Green (inspirado abiertamente por el clásico “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”) se convirtió en una mezcla de acción real y animación con el actor Will Forte (SNL, The Last Man on Earth) como el abogado que debe llevar el caso ante los tribunales.
Las expectativas eran altas. Las pruebas con público arrojaban buenos resultados. Pero días antes de que Forte pudiera ver la película terminada, Warner la canceló. No la pospuso, no la mandó a streaming: la archivó. Para siempre, o eso parecía.
Lo que siguió fue, según el propio Forte, una de las experiencias más desconcertantes de su carrera. El actor se sumó a la proyección que el equipo bautizó, sin eufemismos, como “la proyección fúnebre”, creyendo que la película debía haber salido mal. Pero lo que vio lo dejó sin palabras. “Era todo lo que yo deseaba que la película pudiera haber sido y más. Era tan especial, lo que la hacía tan frustrante y tan devastadora. La confusión se intensificó, luego la frustración y después una ira abrasadora. No tenía sentido”, recordó el actor.
Para entender por qué Warner. tomó esa decisión, hay que entender cómo funciona la contabilidad en Hollywood, y la respuesta es tan absurda que parece sacada de un episodio de los propios Looney Tunes.

David Zaslav, director ejecutivo de Warner Bros., había decidido cambiar radicalmente la estrategia del estudio y alejarse de los proyectos destinados al streaming, heredados de la gestión anterior. En ese contexto, el gasto en marketing, estimado entre 30 y 40 millones de dólares, para estrenar “Coyote vs. Acme“ simplemente no cuadraba en la ecuación. Pero en lugar de buscar una salida alternativa, el estudio optó por algo más rentable en el corto plazo: acogerse a una deducción fiscal por los 70 millones de dólares que había costado producir la película. Junto a ella, corrieron la misma suerte otras producciones como “Batgirl“ y “Scoob! Holiday Haunt“.
No es la primera vez que algo así ocurre en Hollywood. Durante décadas, la industria ha perfeccionado lo que algunos llaman la “contabilidad creativa”: un conjunto de prácticas que permiten a los grandes estudios declarar pérdidas en películas que fueron éxitos de taquilla, o directamente cancelar producciones para obtener ventajas tributarias. Casos como el de “Forrest Gump”, cuyo autor Winston Groom nunca recibió regalías pese al éxito masivo del filme, o el de “Retorno del Jedi”, que según Lucasfilm “nunca ha generado beneficios” pese a recaudar cientos de millones de dólares, ilustran hasta dónde puede llegar esta práctica.
En palabras del experto John D. MacDonald, “las personas realmente creativas en este tipo de industrias son los contadores”.
Lo que hizo Warner con “Coyote vs. Acme“ no fue exactamente lo mismo, pero sí pertenecía al mismo espíritu: tratar una obra de arte como un activo financiero prescindible, optimizable según criterios que nada tienen que ver con su valor cultural o artístico.

La resistencia y el rescate
La cancelación no pasó en silencio. La indignación se extendió rápidamente dentro y fuera de Hollywood. Cineastas como Christopher Miller, Phil Lord y los directores de “Everything Everywhere All at Once”, Daniel Kwan y Daniel Scheinert, salieron a defender la película. Incluso el representante demócrata Joaquín Castro, de Texas, instó al Departamento de Justicia a investigar la decisión de Warner Bros.
Eric Bauza, el veterano actor de doblaje que presta su voz a Bugs Bunny, Pato Lucas y decenas de otros personajes en el filme, lanzó el hashtag #ReleaseCoyoteVsACME en redes sociales. Pero su momento más memorable llegó en los Premios Annie de 2024, cuando subió al podio y, con la voz del pato más famoso de la animación, rogó públicamente por el estreno de la película.
“Es el personaje de caricatura al que se recurre por encima de cualquier otro cuando se trata de suplicar y rogar”, explicó después. “Parecía apropiado”.
Hubo quien fue aún más lejos: el director Dave Green recuerda encontrar a alguien disfrazado de Wile E. Coyote protestando bajo la lluvia frente a las oficinas del estudio, con un cartel en la mano.
La presión funcionó. Warner Bros. puso la película a la venta y la distribuidora independiente Ketchup Entertainment, la misma que ya había rescatado otro proyecto de Looney Tunes archivado, “El día que la Tierra explotó”, la adquirió por alrededor de 50 millones de dólares. Así, casi tres años después de aquella “proyección fúnebre”, “Coyote vs. Acme” llega por fin a los cines.

La película llega acompañada, además, de una ironía demasiado perfecta: la trama del filme, en la que el Coyote lleva a juicio a una corporación que lo ha maltratado durante décadas con productos defectuosos, es casi un espejo de lo que ocurrió en la vida real. Un personaje sin poder enfrentando a una gran compañía que lo trata como un gasto contable.
El propio director Green lo reconoció: “Casi se sentía como si hubiéramos escrito la película después de que se conociera la noticia”.
La promoción terminó abrazando esa lectura, presentando el estreno con el eslogan “la película que ACME no quería que vieras”. Pero más allá del ingenio del marketing, la historia de “Coyote vs. Acme” se ha convertido en algo más grande: una discusión sobre qué clase de industria quiere ser Hollywood, y si los estudios son capaces de valorar una obra en términos que vayan más allá del balance trimestral.
¿Valió la pena la espera?
Según las primeras críticas, sí. La película de Dave Green ha sido descrita como uno de los mejores híbridos de acción real y animación en la historia del cine, comparable a los grandes referentes del género.
Según los críticos, Will Forte compone una comedia inexpresiva de alto vuelo como el abogado que termina formando un vínculo inesperado con su silencioso pero expresivo cliente. John Cena se entrega sin reservas a su papel como el abogado corporativo de Acme, y el reparto secundario incluye a Lana Condor, Luis Guzmán como un juez que usa un mazo de caricatura, y prácticamente todos los personajes clásicos de Looney Tunes, desde Bugs Bunny hasta el Correcaminos.
Para quienes crecieron riéndose de las desgracias del Coyote, la película promete también un regalo inesperado: descubrir que entre él y su eterno némesis existe, en el fondo, algo que se parece al respeto mutuo. Quizás incluso a la amistad. Después de todo lo que tuvieron que pasar para llegar a esta sala, parece justo que ambos, por una vez, salgan ganando.


