Conozco a varios detenido/as desaparecidas de mi generación, esas personas secuestradas, torturadas y luego hechas desaparecer por agentes del Estado de Chile. Muchos eran amigos del Liceo, otros del barrio o de las luchas políticas y pienso en los horrores sufridos por ellos y ellas y por sus familiares y amistades.
El origen de esa barbarie está en el golpe de Estado, ese que, a diferencia de todos los ocurridos en el continente, comenzó con el bombardeo en pleno centro de la capital, a la sede presidencial de La Moneda, como un recado de lo que vendría.
Ellos y ellas eran personas comunes y corrientes como nosotros, con sus defectos y sus grandezas, siendo estas últimas expresiones de valores esenciales en las relaciones humanas y colectivas. La preocupación por “el otro”, la indignación ante la desigualdad social, la solidaridad con los que sufren, la idea del amor y un sentido de la vida que ponía en un lugar privilegiado el interés colectivo, pues reconocían que sin lo colectivo no hay individuos.
Hoy todo ello está en cuestión. El individualismo exacerbado, las ganas de sobresalir aplastando a quién sea necesario para sobrevivir en la selva, el empeño en tener más y más, el éxito medido en el consumo y la felicidad como algo pasajero que hay que perseguir día a día. Esa transformación cultural en curso obliga a pensar cómo recordar a esas compañeras y compañeros que literalmente lo dieron todo por liberarse de la dictadura y tener una sociedad más justa.
Convocar a repetir el camino en un contexto tan distinto, tecnológica como económicamente, sería un error. Discursear como lo hacíamos en el pasado, está visto que no atrae mayorías, más cuando las sociedades que eran referentes se han desnudado en su autoritarismo e incapacidad de resolver los derechos básicos para todos. Nadie puede pensar que esos luchadores valientes no habrían ido cambiando con las transformaciones de la sociedad, la experiencia acumulada y su coraje, para expresar disidencias y propuestas que transformen las condiciones de vida del pueblo.
La memoria no es solo individual o la suma de estas, es colectiva y socialmente entrega identidad, a la vez que es dinámica, pues está condicionada por el contexto y por la memoria de los demás. La memoria individual está asociada también al marco cultural del momento en que se recuerda y por ello si la memoria de los luchadores contra la dictadura no la actualizamos a las condiciones del presente, pueden ser leídas como “actos heroicos”, pero poco útiles; como “idealistas desubicados” que no leyeron la realidad; como “espíritu sacrificial” más que constructivo.
En definitiva, se trata de comprender que la memoria no es lo mismo que la Historia, la memoria está viva, no sólo en los que vivieron las luchas y horrores de la dictadura también en las generaciones que luego gozaron las libertades y una democracia a medias, con relatos diversos marcados sobre todo del sufrir más que de las luchas, organización y compromiso realizado.
La memoria es hoy, cuando esta se verbaliza o escribe. Su mensaje debe anclarse en las dinámicas sociales y culturales del presente para que pueda ser comprendida y usada como guía para la acción con los valores que movieron a esas luchadoras y luchadores desaparecidos, lo que es distinto al proyecto político que podía ser viable en esa época. Las nuevas generaciones se comunican con un lenguaje y de forma radicalmente distinta al mimeógrafo, el microfilm y el diario en papel, así como artísticamente; también le han sido extirpados los hechos históricos en su formación, por ello el recuerdo del ejemplo de nuestros desaparecidos requiere de nuevas formas de comunicación para que la memoria -siempre en disputa- no pierda el apoyo social y su actualidad cultural y política.
La memoria no puede ser recitada como un “resto arqueológico” que narre como fue la vida y luchas del pasado solamente, necesita ser entendida por aquellas personas que no la vivieron y que necesitamos la hagan suya. No se trata de renunciar al pasado, se debe buscar en ella la experiencia para un futuro mejor.
La memoria requiere rescatar las experiencias del compromiso con las luchas solidarias, las transformaciones sociales, la democracia e igualdad sustantiva, para que en el presente se expresen en un proyecto colectivo que permita construir un país en libertad, igualdad y fraternidad para esta nueva época.






