Rusia y Europa desmontan los cortafuegos en Ucrania mientras la guerra desborda sus fronteras

Sabotajes, amenazas, cierres diplomáticos, sanciones y nuevas operaciones militares empujan a Moscú y a la UE hacia una confrontación que desborda cada vez más las fronteras ruso-ucranianas.

Sabotajes, amenazas, cierres diplomáticos, sanciones y nuevas operaciones militares empujan a Moscú y a la UE hacia una confrontación que desborda cada vez más las fronteras ruso-ucranianas.

En camino de cumplirse cinco años de guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto atraviesa probablemente uno de sus momentos de mayor tensión desde el inicio de la invasión. La diferencia es que ahora la crisis comienza a desbordar con mayor claridad la frontera ruso-ucraniana.

Durante las últimas semanas, el conflicto comenzó a expandirse de manera cada vez más visible hacia Europa mediante acusaciones de sabotaje, incursiones aéreas, espionaje, amenazas militares, sanciones, cierres diplomáticos y una creciente presión económica sobre Moscú. Así la confrontación comienza a desbordar progresivamente los límites dentro de los cuales había permanecido contenida durante los últimos años.

Uno de los episodios que permiten entender esta escalada paso el 5 de agosto, cuando apareció un dron cargado con explosivos en el aeropuerto alemán de Leipzig/Halle y otro presunto aparato impactó contra un avión de carga, Leipzig se trata de uno de los principales centros logísticos europeos. Alemania acusó formalmente a los servicios rusos de estar detrás de la operación. Moscú negó cualquier responsabilidad y Putin acusó a Berlín de fabricar pruebas.

Soldado ucraniano sosteniendo un dron FPV en medio de la noche. Vía X@DefenceU

Por otro lado, Polonia, Rumania y los países bálticos denunciaron además nuevas incursiones con drones y violaciones de su espacio aéreo. El Consejo del Atlántico Norte llegó a reunirse específicamente por estos incidentes y advirtió que Rusia mostraba una creciente tolerancia al riesgo.

Ese contexto permite mirar de otra manera el viaje del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú el 25 de agosto. El Kremlin confirmó que mantuvo reuniones con responsables de los servicios de inteligencia rusos y que Putin fue posteriormente informado de sus resultados. Más que una señal de distensión, parece revelar la necesidad de mantener un canal de emergencia precisamente cuando los mecanismos políticos y diplomáticos tradicionales comienzan a deteriorarse.

Europa también empezó a cambiar el lenguaje con el que describe lo que ocurre. La alta representante europea Kaja Kallas sostuvo que el episodio de Leipzig presenta características de “terrorismo patrocinado por un Estado”. Desde la OTAN, distintas autoridades han señalado que comienza a resultar insuficiente hablar solamente de amenazas híbridas porque ya se observan acciones concretas, sabotajes, incendios, espionaje, intentos de asesinato, ataques cibernéticos y violaciones del espacio aéreo.

Dinamarca acusó además a los servicios rusos de intentar reclutar ciudadanos mediante redes sociales y plataformas de videojuegos para obtener imágenes de la infraestructura y eventualmente preparar sabotajes contra empresas vinculadas a la industria de defensa. Rusia niega estas acusaciones.

Bruselas, París, Londres e Irlanda convocaron a representantes rusos y respaldaron nuevas medidas contra Moscú. Francia calificó la proliferación de operaciones híbridas como una escalada irresponsable. Reino Unido sostuvo que Leipzig forma parte de un patrón destinado a erosionar la seguridad colectiva europea. Moscú respondió denunciando una provocación coordinada.

El canciller polaco Radosław Sikorski lo resumió con claridad; “ya no estamos en tiempos de paz normales”. Lo que comienza a cambiar, por lo tanto, es la propia definición europea del conflicto. Hasta ahora podía sostenerse que Rusia estaba en guerra con Ucrania mientras Europa ayudaba a Kiev.

La tensión militar, diplomática y financiera

En una guerra convencional resulta relativamente sencillo determinar desde dónde salió un misil o qué ejército realizó una determinada operación. En esta denominada zona gris aparecen drones sin identificación, intermediarios, ciudadanos reclutados por internet, ataques informáticos, incendios o sabotajes. Es más complejo determinar una respuesta coherente sin que eso cruce una línea que pueda derivar en un conflicto mayor.

Líderes de los países miembros de la OTAN
Líderes de los países miembros de la OTAN. Vía X@NXT4EU 10/09/2025

Precisamente esa incertidumbre permite realizar operaciones por debajo del umbral que obligaría a la OTAN a evaluar una respuesta militar. Por eso el riesgo no depende necesariamente de que Rusia decida invadir mañana Polonia, Finlandia o Estonia. Puede surgir de la acumulación de incidentes ambiguos hasta que uno de ellos provoque víctimas, afecte infraestructura crítica o genere una reacción difícil de contener.

Paralelamente se están desmontando algunos de los últimos puentes entre Rusia y Europa. Después de atribuir Leipzig a Moscú, Alemania cerró el consulado ruso en Bonn y puso fin al acuerdo que permitía funcionar a la Casa Rusa de Berlín. Moscú respondió anunciando el cierre de los Goethe-Institut, San Petersburgo y Ekaterimburgo. Todavía no existe una ruptura formal de relaciones diplomáticas, continúan funcionando embajadas y representaciones oficiales. Pero comienza a observarse una especie de desacoplamiento diplomático progresivo, porque desaparecen precisamente aquellas instituciones culturales, consulares y sociales que suelen sobrevivir incluso cuando la relación política se deteriora.

La escalada avanza también por el terreno económico y financiero. Los gobiernos europeos discuten nuevas sanciones contra aproximadamente 1.600 personas y entidades relacionadas con el complejo militar-industrial ruso, medidas adicionales contra la denominada flota fantasma utilizada para mantener exportaciones energéticas y mayores restricciones para ciudadanos rusos.

Pero el tema más delicado son aproximadamente 200 mil millones de euros pertenecientes al Banco Central ruso que permanecen inmovilizados en Europa. Países como Polonia, España, Suecia y Países Bajos han pedido reabrir la discusión sobre su utilización para financiar Ucrania. Para Moscú existe una diferencia fundamental entre congelar esos recursos y apropiarse de ellos para financiar directamente a su adversario militar.

El frente para Rusia

Pero Rusia también está reduciendo la distancia entre Ucrania y sus aliados. El 27 de agosto, la portavoz de Exteriores, Maria Zakharova, afirmó que Moscú podría atacar instalaciones y equipos militares británicos dentro y fuera de Ucrania en respuesta al empleo de misiles Storm Shadow contra objetivos controlados por Rusia. La advertencia llegó mientras Reino Unido y Francia profundizaban la transferencia tecnológica para que Ucrania produzca armamento de largo alcance y Finlandia respaldaba públicamente ataques más profundos contra territorio ruso.

Las dos narrativas comienzan así a acercarse peligrosamente, Europa sostiene que Rusia está llevando la guerra híbrida a territorio europeo y Moscú responde que Europa ya participa directamente en operaciones militares contra Rusia.

Presidente de Rusia, Vladimir Putin.
Presidente de Rusia, Vladimir Putin. Foto: Kremlin.

Todo esto ocurre mientras comienza a prepararse una nueva etapa sobre el frente ucraniano. Rusia no consiguió durante la primavera y el verano la gran ruptura operacional que buscaba. Los avances territoriales continúan siendo principalmente tácticos, pero Moscú aumenta el empleo de bombas planeadoras, artillería de largo alcance, drones e infiltraciones de pequeñas unidades para degradar las rutas logísticas ucranianas alrededor del cinturón fortificado de Kostiantynivka, Druzhkivka, Kramatorsk y Sloviansk.

Putin anunció además nuevos ataques contra la infraestructura energética ucraniana antes del invierno. Ucrania, mientras tanto, intensificó sus operaciones contra refinerías y depósitos dentro de Rusia, generando problemas reales de abastecimiento y obligando a Moscú a aumentar importaciones de combustible.

La posible ofensiva de otoño puede entenderse entonces como dos campañas simultáneas. Una ofensiva terrestre destinada a erosionar las principales posiciones defensivas ucranianas del Donbás y otra ofensiva aérea contra su infraestructura energética.

También hay un elemento político. Rusia llega a esta etapa sin haber obtenido la ruptura que esperaba durante los meses anteriores, mientras enfrenta elecciones parlamentarias y vuelve a aparecer la posibilidad de negociaciones. Mejorar la posición militar antes de una eventual mesa de conversaciones forma parte de una lógica clásica de diplomacia coercitiva, elevar el costo para el adversario y negociar desde una posición más favorable.

Lo que estamos viendo es una expansión horizontal y vertical de la guerra. Horizontal porque los efectos del conflicto comienzan a alcanzar Alemania, Dinamarca, Polonia, Rumania, el Báltico, Finlandia, Reino Unido y hasta el Ártico. Y vertical porque cada actor sube progresivamente un peldaño, Ucrania golpea más profundamente dentro de Rusia, Europa facilita capacidades de mayor alcance, Moscú amenaza directamente activos británicos, los europeos endurecen sanciones, congelan bienes y califican determinadas operaciones como terrorismo de Estado.

Todavía existe una barrera fundamental que no se ha cruzado, Rusia no ha lanzado un ataque convencional contra un miembro de la OTAN. El principal peligro es otro. Que Rusia y Europa continúen ampliando gradualmente aquello que consideran permisible hasta que un sabotaje, un dron, una muerte en territorio aliado, un ataque contra algún activo europeo o simplemente una atribución equivocada obliguen al otro lado a responder.

El viaje de Ratcliffe, Leipzig, los cierres diplomáticos, las amenazas contra Londres, las nuevas sanciones y la preparación de la próxima batalla del Donbás dejan entonces de ser acontecimientos separados. Forman parte de una misma crisis de escalada y del progresivo desmontaje de los cortafuegos que durante los últimos años permitieron mantener la guerra de Ucrania relativamente separada de una confrontación directa entre Rusia y Europa.





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