“Soy periodista, soy periodista”. Esas fueron algunas de las últimas palabras que se escucharon de José Carrasco Tapia durante la madrugada del 8 de septiembre de 1986, cuando agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI) llegaron hasta su domicilio y lo secuestraron. Horas después, su cuerpo fue encontrado con 14 impactos de bala, doce de ellos en el cráneo.
A 40 años de su asesinato, Carrasco es recordado como periodista, dirigente gremial y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), cuya trayectoria estuvo marcada por la oposición a la dictadura de Augusto Pinochet y la defensa de la libertad de expresión.
Conocido como “Pepe” o “Pepone”, durante los años de la Unidad Popular participó en la organización de trabajadores de los medios de comunicación y posteriormente desarrolló labores políticas en el MIR. Tras el golpe de Estado de 1973 permaneció en Chile, hasta que fue detenido en diciembre de 1974 en Concepción. Fue trasladado al Morro de Talcahuano, donde fue torturado, y pasó por distintos centros de detención antes de partir al exilio en 1976.
Carrasco regresó a Chile en 1984 y se incorporó como editor internacional a la revista Análisis, uno de los principales medios de oposición a la dictadura. También retomó su actividad en el Colegio de Periodistas, donde llegó a ser consejero metropolitano y representante del Consejo Nacional.
En aquellos años, la censura y las clausuras de medios eran parte del escenario en que trabajaba la prensa opositora. El Colegio de Periodistas y las revistas de oposición levantaron como consigna “Sin libertad de expresión no hay democracia”, frase que, según la Premio Nacional de Periodismo, María Olivia Mönckeberg, “el Pepe encarnaba”.
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En agosto de 1986, Carrasco recibió amenazas de muerte y salió nuevamente de Chile. Sin embargo, regresó el 6 de septiembre para reunirse con su familia.
Al día siguiente ocurrió el atentado contra Pinochet en el Cajón del Maipo, perpetrado por integrantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y que terminó con cinco escoltas muertos.
Durante la madrugada posterior, la dictadura desplegó una operación de represalia que terminó con el asesinato de cuatro opositores: Felipe Rivera y Abraham Muskatblit, vinculados al Partido Comunista, y Gastón Vidaurrázaga y José Carrasco, militantes del MIR.
La muerte de Carrasco ocurrió además en medio de una nueva ofensiva represiva, que incluyó la clausura de revistas y el establecimiento del estado de sitio.
La figura de Carrasco quedó desde entonces estrechamente ligada al ejercicio del periodismo durante la dictadura y a la defensa de la libertad de expresión.
Mönckeberg, quien era subeditora de Análisis al momento de su asesinato, sostiene que su historia mantiene vigencia para el oficio. “El periodismo, un periodismo de calidad, un periodismo que pueda ir a la profundidad de los hechos, es más necesario que nunca”, afirmó.
A cuatro décadas de su muerte, José Carrasco Tapia continúa siendo recordado por sus compañeros de profesión y militancia como un periodista comprometido con la democracia y la libertad de expresión, valores que marcaron su trayectoria hasta sus últimos días.






