Europa en alerta: la extrema derecha derriba el muro en Alemania y pone a Francia en la mira

El triunfo de AfD en marca un nuevo quiebre para los cordones sanitarios europeos. Ahora, Francia enfrenta la prueba decisiva: Marine Le Pen y Agrupación Nacional llegan a 2027 con la posibilidad cierta de alcanzar la presidencia.

El triunfo de AfD en marca un nuevo quiebre para los cordones sanitarios europeos. Ahora, Francia enfrenta la prueba decisiva: Marine Le Pen y Agrupación Nacional llegan a 2027 con la posibilidad cierta de alcanzar la presidencia.

La aplastante victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt confirmó que el avance de las extremas derechas y populistas en Europa dejó de ser una proyección de un fenómeno político capaz de disputar el poder, a convertirse en parte de ese poder.

AfD obtuvo un 43,8% de los votos y 39 de los 83 escaños del parlamento regional, mientras la Unión Demócrata Cristiana (CDU), que gobernaba el estado desde 2002, cayó hasta el 17,2%. Aunque Sajonia-Anhalt representa apenas un 3% del electorado y 2% de la economía alemana, el resultado rompió un tabú construido durante ocho décadas. Desde el régimen nazi ninguna fuerza de extrema derecha había ganado unos comicios de esta magnitud en Alemania.

Desde la República Federal Alemana (RFA) hasta la actualidad, la CDU y el Partido Socialdemócrata (SPD), principalmente, se repartieron el poder y construyeron un sistema donde los extremos quedaban excluidos de los acuerdos de gobierno. Ese mecanismo, conocido como cordón sanitario (Brandmauer), permitió que una formación pudiera crecer electoralmente sin transformar necesariamente esos votos en poder efectivo.

Ulrich Siegmund y Alice Weidel, líderes de AfD.
Ulrich Siegmund y Alice Weidel, líderes de AfD. Foto: X.

Eso ocurrió en Turingia en 2024, cuando AfD ganó las elecciones regionales con aproximadamente un tercio de los sufragios, pero los demás partidos levantaron una mayoría alternativa para impedirle gobernar. Ahora Afd supera el 40%, haciendo esteríl esa estrategia.

Desmontando el muro de contención y la prueba de fuego en Francia 2027

Ese es precisamente el fenómeno que de Alemania trasciende a Europa, la extrema derecha poco a poco han ido desmontando el muro de contención que los restringían. Pasaron primero de ser una fuerza marginal a convertirse en una oposición relevante, después comenzó a condicionar el debate público y las políticas de los partidos tradicionales, luego ingresó a coaliciones o sostuvo gobiernos desde el parlamento y ahora empieza a disputar algunos de los principales centros de poder del continente.

La próxima gran prueba de ese proceso estará en Francia. Las presidenciales están previstas para el 18 de abril y el 2 de mayo de 2027 y el actual presidente, Emmanuel Macron, no puede postular a un tercer mandato consecutivo.

Por primera vez, Rassemblement national (Agrupación Nacional, RN, por sus siglas) llega como la favorita a conquistar la presidencia. Su líder, Marine Le Pen, aparece en distintos escenarios alrededor del 33 o 34% en primera vuelta, mientras Jordan Bardella, el número dos, registra números prácticamente equivalentes cuando aparece como eventual candidato del partido.

Marine Le Pen insertando su voto en la caja votación
Líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen. Foto: Aton/ EUROPA PRESS.

El mejor posicionado del centro, Édouard Philippe, se encuentra bastante más atrás, aproximadamente entre 17 y 18%, mientras Jean-Luc Mélenchon se mueve en cifras similares dependiendo del sondeo.

La fragmentación de la izquierda y el centro en Francia

La fragmentación de sus adversarios explica buena parte de esa ventaja. La izquierda francesa permanece dividida entre La France Insoumise de Mélenchon, sectores socialistas, comunistas y dirigentes más moderados como Raphaël Glucksmann o incluso el ex presidente François Hollande.

Al mismo tiempo, el centro construido alrededor de Macron debe encontrar un sucesor entre figuras como Gabriel Attal y Édouard Philippe. Si el centro se divide y la izquierda tampoco logra concentrar votos, RN tiene prácticamente asegurada su presencia en una segunda vuelta.

Pero el verdadero cambio aparece justamente en esa segunda vuelta. Durante décadas funcionó en Francia el  front républicain, la versión gala del muro de contención alemán.

Cuando el antiguo Frente Nacional alcanzaba una instancia decisiva, votantes de izquierda, centro y derecha tradicional se agrupaban detrás del candidato contrario para impedirle acceder al poder. En 2002 Jacques Chirac derrotó a Jean-Marie Le Pen por 82% contra 18%. En 2017 Macron venció a Marine Le Pen aproximadamente por 66% contra 34%. En 2022 la diferencia se redujo nuevamente, hasta 58,5% contra 41,5%. Ahora existen encuestas donde Le Pen aparece incluso por encima del 50% frente a diversos candidatos.

Faltan todavía siete meses y esos números pueden cambiar, pero el dato político relevante es que ya no existe la garantía automática de que una mayoría transversal de franceses se agrupe contra RN.

Presidente de Francia, Emmanuel Macron.
Presidente de Francia, Emmanuel Macron. Foto: Faces Of The World.

Por eso Francia representa una prueba incluso más importante que Italia. Francia es una potencia nuclear, miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, segunda economía de la zona euro, una de las mayores fuerzas militares del continente y uno de los motores históricos de la integración europea. El presidente francés posee amplias atribuciones en política exterior y defensa.

Las extremas derechas europeas

Italia demostró con Giorgia Meloni que una formación proveniente de la tradición posfascista podía gobernar y normalizar su presencia institucional.

Sin embargo, hablar de “la ultraderecha europea” como una sola organización con un programa común no es correcto. Se trata más bien de una familia política transnacional cuyos integrantes comparten determinados principios, pero los adaptan a sus respectivos contextos nacionales.

Entre los elementos comunes aparecen el nativismo, el soberanismo, el endurecimiento de las políticas migratorias, la reivindicación de fronteras más fuertes, la crítica al multiculturalismo y la oposición a una mayor federalización de la Unión Europea. También comparten una reacción frente a determinadas dimensiones del liberalismo cultural y un discurso populista que contrapone a un supuesto “pueblo real” frente a élites consideradas desconectadas de los intereses nacionales.

Pero las diferencias son igualmente importantes. Giorgia Meloni, Marine Le Pen y AfD se reconocen como integrantes de una misma ola política y, al mismo tiempo, defienden proyectos geopolíticos parcialmente incompatibles. Fratelli d’Italia busca reformar la UE desde dentro y mantiene una posición favorable con la OTAN.

Primera ministra de Italia, Giorgia Meloni.
Primera ministra de Italia, Giorgia Meloni. REMITIDA / HANDOUT por PALAZZO CHIGI.

RN de Francia, también abandonó propuestas antiguas como el Frexit, pero quiere reducir profundamente el carácter supranacional de la Unión y conservar una mayor autonomía francesa. AfD, en cambio, sostiene posiciones mucho más rupturistas respecto de la arquitectura europea.

Algo similar ocurre frente a Rusia y Ucrania, Meloni respaldó de manera consistente a Kiev y mantuvo el alineamiento italiano con la OTAN, mientras RN conserva una tradición mucho más autonomista y AfD plantea reconstruir relaciones con Moscú, levantar sanciones y mantener a Ucrania fuera tanto de la OTAN como de la Unión Europea.

Marine Le Pen lleva años impulsando la denominada dédiabolisation, una estrategia destinada a retirar del partido aquellas posiciones que impedían ampliar su base electoral. El antiguo Frente Nacional defendía abandonar el euro y mantenía posturas mucho más confrontacionales frente a Europa. RN ya no plantea una salida francesa de la Unión, sino convertirla en una “Europa de las naciones”, donde París recupere competencias y capacidad de decisión. En ese sentido se acercó bastante a Meloni. AfD permanece en un estadio diferente. Cuestiona pilares mucho más profundos de la actual arquitectura institucional y geopolítica europea y, por ahora, ha mostrado bastante menos disposición a moderar sus planteamientos.

Puede existir una red internacional de nacionalistas, pero resulta mucho más difícil construir un nacionalismo internacional completamente coherente. Todos defienden, en última instancia, la primacía de su propia nación. Eso significa que tarde o temprano esos intereses pueden chocar. Por eso más que un bloque completamente cohesionado, Europa observa el avance de distintos “nacionalismos paralelos”.

La mejor forma de entender este proceso es, entonces, mediante círculos concéntricos. En el centro aparecen aquellas ideas que comparten. Soberanía nacional, control fronterizo, inmigración restrictiva, identidad cultural, crítica a las élites y resistencia a una mayor integración supranacional. Después vienen materias donde las coincidencias disminuyen, como economía, transición ecológica o política social. Finalmente aparecen cuestiones donde pueden ser directamente adversarios, Rusia, Ucrania, Estados Unidos, OTAN, comercio, gasto europeo o política industrial.

Esa diferencia ayuda también a entender por qué Francia 2027 puede transformarse en un punto de inflexión. Si RN llega al poder, no demostraría simplemente que “la ultraderecha ganó Francia”. Pondría a prueba si una formación construida históricamente desde los márgenes del sistema puede recorrer el camino italiano y transformarse en una derecha nacional-populista de gobierno, moderando determinadas estrategias sin abandonar su núcleo ideológico.





Presione Escape para Salir o haga clic en la X