El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos realizó este viernes un acto conmemorativo por las víctimas del Golpe de Estado de 1973. Una jornada que incorporó por primera vez un componente de espiritualidad y una ceremonia religiosa, además de música y distintas expresiones artísticas.
La actividad comenzó con la reproducción del sonido del bombardeo a La Moneda y las últimas palabras del presidente Salvador Allende, musicalizadas por el Conjunto Jacarandá, agrupación que acompañó distintas actividades durante la jornada. Posteriormente, la directora del museo, María Fernanda García Iribarren, entregó un discurso ante representantes de organizaciones de derechos humanos, autoridades y miembros de distintas comunidades religiosas, así como del público presente.
“Es un día para conmemorar, no es un día cualquiera y no lo será mientras estemos vivos”, señaló García al inicio de su intervención, para luego destacar que el Golpe de Estado constituye un hecho que permanece presente más allá de la memoria histórica.
“Si la historia fuese distinta no tendríamos este espacio y lugar de visibilidad y de memoria de las víctimas de la dictadura. Pero ocurrió el cruento Golpe de Estado, un hecho irrefutable, que no es sólo un recuerdo, no es una opinión, es un presente que se cuela en los recuerdos, en la memoria y en el cuerpo que sigue doliendo y se sienten las secuelas físicas, emocionales y psicológicas”, sostuvo.

La directora también apuntó al debate actual en torno a la memoria y las violaciones a los derechos humanos. “El golpe aún nos golpea”, remarcó, y cuestionó el “negacionismo o relativismo existente o la banalización de los graves hechos ocurridos en dictadura”.
García también relevó el rol de la educación y de la cultura en la transmisión de la memoria. “Los hemos presentado a través de la educación en derechos humanos, mostrando que estos no tienen color político, que nos pertenecen a todas y todos”, sostuvo. A su juicio, el arte también cumple una función relevante porque “nos conmueve y moviliza” y permite entregar distintas miradas sobre los hechos ocurridos.
Uno de los aspectos particulares de la conmemoración de este año es la incorporación de la espiritualidad. La directora explicó que el museo decidió abrir este espacio “para acoger a aquellas personas que profesan o se sienten parte de una religión” y, al mismo tiempo, homenajear a las iglesias que trabajaron junto a las víctimas y sus familiares durante la dictadura.

“Creemos que es justo, que es necesario y también de algún modo para homenajear a las iglesias que volcaron su trabajo con las víctimas y sus familiares, brindando apoyo, contención, ese arduo trabajo en la defensa de sus derechos”, señaló. En ese contexto, mencionó el trabajo del Comité Pro Paz, la Vicaría de la Solidaridad, FASIC, SERPAJ y las vicarías zonales, entre otras instituciones.
La ceremonia contó con la participación de la obispa luterana Izani Bruch y del sacerdote jesuita Pablo Walker, quienes acompañaron y guiaron la instancia religiosa y cultural en homenaje a las víctimas del 11 de septiembre de 1973.
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La programación continuó durante la tarde, entre las 15:00 y las 17:00 horas, con visitas mediadas y testimoniales por el museo a cargo de personas que fueron parte de la Vicaría de la Solidaridad. Durante la noche, a las 20:00 horas, se realizará la tradicional proyección de los rostros de las víctimas en el frontis del recinto, acompañada por una declamación e intervención de Gonzalo Enríquez.
La jornada concluirá a las 21:00 horas con la presentación de la obra de teatro “Oleaje”, montaje centrado en el caso de Marta Ugarte. De esta manera, el museo contempla una programación que combina memoria, derechos humanos, espiritualidad y cultura para conmemorar un nuevo aniversario del golpe de Estado.






