2026 ha sido un año muy intenso para el deporte, dentro y fuera de nuestro país. Presenciando competencias de enorme exigencia motriz, donde los objetivos personales topan con la ilusión del “rival” y en ocasiones, con las expectativas del propio equipo. Este encuentro revela algo que va más allá del resultado: La forma en que los deportistas interactúan consigo mismos y con sus pares.
Hemos sido espectadores de acciones admirables. Deportistas de élite mundial reconocen al adversario, aceptan que otra persona puede presentar una performance superior en un evento, y lo respetan por ello. Sin embargo, también hemos visto lo contrario: La negación del rival, la descalificación y la escaza apertura frente a la derrota.
Estas escenas no ocurren en el vacío. Las examinan millones de personas y, en especial niñas, niños y adolescentes que están formando su identidad. Ellos observan a sus ídolos para aprender cómo enfrentar la competencia, la frustración y la convivencia, ya que las acciones de un/una deportista trascienden para muchos como un modelo valido de interpretar.
Ahí aparece una responsabilidad que con frecuencia no es aprovechada. Nuestros ídolos deportivos no siempre dimensionan la relevancia de su ejemplo, y como sociedad tampoco destacamos. Celebramos goles y récords y en menor medida el saludo al rival, la ayuda a quien cae o la dignidad frente a un resultado fallido.
Este mes volvemos a tener una oportunidad. Los XIII Juegos Suramericanos Santa Fe reúnen a deportistas de toda nuestra región, ofreciéndonos algo que trasciende al medallero: los juegos nos permiten observar cómo nuestros ídolos viven el triunfo, enfrentan la derrota y conviven con otros en la competencia. Cada una de esas interacciones puede convertirse en un modelo de reconocimiento legítimo de si mismos y del otro.
En este contexto, hemos sido testigos de las manifestaciones de sus acciones. La invitación es a mirarlas con atención: preguntarnos y reflexionar respecto de quiénes son nuestros ídolos como seres humanos y qué valores transmiten en su interacción con los demás enfatizando las acciones que fortalecen el convivir en nuestras comunidades.
Porque los ídolos que siguen nuestras niñas, niños y adolescentes no solamente les enseñan a ganar. También les enseñan a cómo vivir consigo mismos y convivir con sus pares. Esta lección, a diferencia de una medalla los acompañará durante toda su vida.
Adolfo Rocuant Urzúa
Académico investigador Escuela de Pedagogía en Educación Física Universidad de Las Américas
Carlos Sánchez Robles
Magíster en Motricidad Infantil – Director Fullkids






