Almudena Ariza y la neutralidad en el periodismo: “No podemos poner en el mismo lugar a la víctima y al verdugo”

La corresponsal española llegará este jueves 1 de octubre al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos para participar de la conferencia “Periodismo y Derechos Humanos: el límite de la neutralidad”, donde abordará los desafíos del oficio.

La corresponsal española llegará este jueves 1 de octubre al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos para participar de la conferencia “Periodismo y Derechos Humanos: el límite de la neutralidad”, donde abordará los desafíos del oficio.

La memoria no mira únicamente hacia atrás. También puede ser una herramienta para comprender el presente, evitar errores y construir el futuro. Esa es una de las ideas que la periodista y corresponsal internacional española Almudena Ariza llevará este jueves 1 de octubre hasta el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, donde participará de la conferencia “Periodismo y Derechos Humanos: el límite de la neutralidad”.

Para Ariza, regresar al Museo tiene además una dimensión personal. Hace algunos años recorrió sus archivos mientras investigaba para un podcast sobre la dictadura civil-militar chilena, en una historia protagonizada por un compañero suyo, camarógrafo y refugiado chileno, cuyo padre fue torturado y asesinado durante la dictadura.

“Me pareció un lugar increíble, tan lleno de documentos, fotografías, de información. Un espacio que a mí me pareció sobrecogedor, pero al mismo tiempo muy interesante, porque hay mucha documentación y mucha información para aquellos que queremos conocer e investigar”, recordó.

Ahora, su regreso tendrá también una conexión con la memoria española, pues el Museo está resguardando, investigando y digitalizando archivos vinculados al exilio y a los españoles que llegaron a Chile. Un trabajo que, a juicio de la periodista, convierte al espacio en un lugar que “debemos proteger, que debemos cuidar y del que debemos estar orgullosos, tanto chilenos como españoles”.

Almudena Ariza, corresponsal española.
Almudena Ariza, corresponsal española.

Cuando la neutralidad no basta

La experiencia acumulada por Ariza como corresponsal en distintos conflictos internacionales atraviesa buena parte de su reflexión sobre el periodismo y los derechos humanos. Frente a escenarios de violencia, sostiene que la neutralidad no puede confundirse con equidistancia ni con poner todas las versiones al mismo nivel.

Para explicarlo, recurrió a una imagen sencilla: “El periodista no debe ser aquella persona que diga que Fulano dice que llueve y Mengano dice que no llueve. El periodista es aquella persona que abre la ventana para saber si está lloviendo”.

En esa búsqueda, agregó, existe una responsabilidad fundamental: “No podemos poner en el mismo lugar a la víctima y al verdugo. Pero para hacerlo tenemos que investigar, tenemos que conocer, tenemos que saber cuál es la responsabilidad de cada uno”.

La periodista puso como ejemplo su experiencia durante los dos años en que fue corresponsal en Israel. Debido a las restricciones para el ingreso de periodistas internacionales a Gaza, explica, no pudo documentar directamente todos los hechos ocurridos allí. Sin embargo, destaca el trabajo realizado por periodistas palestinos, voluntarios y otras personas presentes en el territorio.

Su experiencia en Cisjordania le permitió, en cambio, investigar directamente algunos de los casos que estaban siendo presentados de una determinada manera por las autoridades israelíes. “Muchas veces Israel hacía pasar por terroristas o decía que había matado terroristas, cuando en realidad eran jóvenes estudiantes, niños que fueron asesinados por francotiradores, madres de familia, civiles que habían sido asesinados”, relató.

Almudena Ariza, corresponsal española.
Almudena Ariza, corresponsal española.

Por eso, sostuvo que el trabajo periodístico no puede terminar en reproducir una versión oficial. “El papel del periodista no es decir: ‘Israel ha matado a tres personas, a tres terroristas, según dice el gobierno israelí’, sino ir a conocer qué es lo que ha pasado y qué hay detrás de esas historias”.

Un trabajo que, reconoció, está lejos de ser sencillo. “Hay que dedicarle tiempo, hay que investigar mucho, nos ponen muchos obstáculos a los periodistas para llegar a la verdad, pero ese sigue siendo nuestro objetivo”, afirmó.

Para Ariza, esa exigencia adquiere todavía mayor relevancia en un escenario marcado por los bulos, la desinformación y la inteligencia artificial. La proliferación de contenidos hace que incluso para los periodistas resulte cada vez más complejo determinar qué es verdadero y qué no.

“Hacer un periodismo riguroso es cada vez más difícil, pero también es cada vez más necesario”, sostuvo. Y aunque plantea que la neutralidad no siempre es posible frente a determinadas líneas rojas, insiste en que aquello no significa abandonar el rigor. “El periodista debe ser honesto, riguroso, exigente y debe seguir todos los procesos de verificación que exige la tarea del periodismo, porque eso es el periodismo”.

Para ella, justamente ahí está una de las diferencias centrales entre el trabajo de un periodista y el de quienes producen contenidos en redes sociales. “Lo que diferencia a un periodista de un influencer, de una persona que se pone a contar cualquier cosa delante de una cámara —con todos mis respetos— es el proceso de verificación”, afirmó.

Almudena Ariza, corresponsal española.
Almudena Ariza, corresponsal española.

De la guitarra a las zonas de conflicto

La trayectoria de Ariza hacia el periodismo tampoco fue un camino trazado desde el comienzo. Antes de los estudios de comunicación y de convertirse en corresponsal internacional, soñaba con ser concertista de guitarra.

Criada en una familia de Andalucía, comenzó desde pequeña a estudiar guitarra flamenca, además de armonía, solfeo y percusión. La radio apareció casi por casualidad. Mientras buscaba un trabajo que le permitiera seguir perfeccionando sus estudios musicales, escuchó un anuncio en el que buscaban personas para presentar un programa de música.

Escribió una carta, realizó una prueba y consiguió un contrato de tres meses. “Empecé. Fue mi primera experiencia con la radio y me pareció mágico”, recordó. La radio, además, le permitió superar una de sus propias barreras: “Yo era muy tímida, muy poco social, estaba todo el día ahí con mi música y mis cosas, y me gustaba mucho escribir, pero realmente no me atrevía, me daba miedo la gente”.

Pero frente al micrófono encontró un espacio inesperado: “Paradójicamente en la radio podía expresarme, pero no veía las caras de las personas. Esto me pareció maravilloso”. Después vendrían el periodismo, la televisión y, finalmente, el terreno. Un recorrido que la llevó a cubrir guerras, catástrofes humanitarias y desastres naturales, pero también política, cultura, sociedad e incluso los premios Oscar durante sus ocho años como corresponsal en Estados Unidos.

La primera gran cobertura internacional llegó con los atentados del 11 de septiembre de 2001. Desde entonces, una sucesión de “breaking news” la llevó a distintos lugares del mundo. Sin embargo, entre guerras y tragedias, Ariza dice haber encontrado también algo que pocas veces aparece en los titulares: lecciones de humanidad.

Recuerda especialmente los meses que pasó cubriendo el tsunami de Japón y recorriendo la zona de Fukushima. Allí, aseguró, descubrió una resiliencia que no había visto antes. Algo similar volvió a encontrar recientemente en los terremotos de Venezuela y Colombia, donde observó a voluntarios ayudando a personas que ni siquiera conocían.





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