Muchas veces, lo que comienza con ciertas directrices termina derivando en un proyecto completamente distinto al planeado inicialmente. Ese fue, justamente, el tránsito que vivió “Vuelvo donde nunca estuve“, película dirigida por Constanza Vásquez Palau y Andrés Morales Zambra que, a través de la historia de Fernanda Olivares, cuenta el retorno de un grupo de descendientes Selk’nam a Tierra del Fuego, a más de cien años del genocidio perpetrado en el archipiélago.
“Constanza estaba trabajando, antes de empezar el documental, en una serie sobre mujeres indígenas. En el fondo, ella era la encargada de buscar los casos que se iban a retratar”, recordó Morales sobre el origen del filme.
Se trataba del piloto de una serie que, finalmente, no llegó a ver la luz, aunque hubo una historia que persistió. “Buscó muchos casos y dio con un artículo que había escrito la mamá de Fernanda, Hema’ny Molina, sobre esta reivindicación del pueblo Selk’nam. En el fondo, decía ‘hubo sobrevivientes al genocidio, no nos mataron a todos, y los que estamos hoy en día estamos presentes'”, señaló el cineasta.
Así fue como arrancó la filmación de la película, que tendrá su estreno en salas chilenas este 8 de octubre, previo al Día de la Resistencia Indígena. Una fecha que, además, coincide con la intención del largometraje de poner sobre la mesa lo ocurrido con la población Selk’nam.
Para retratar esto, el equipo toma uno de los episodios más cruentos del genocidio, cuando 165 personas fueron capturadas en Tierra del Fuego y trasladadas hasta Punta Arenas en 1895 para ser exhibidas y subastadas, mientras las familias eran separadas y niños y niñas quedaban en manos de colonos europeos para realizar labores domésticas. Entre ellos estaba el abuelo de Fernanda, cuya historia permaneció silenciada durante décadas.
“Cuando decidimos tomar este caso antiguo del sumario de los vejámenes indígenas de 1895 como hilo conductor de esta historia B, que iba ocurriendo en paralelo al viaje de Fernanda, queríamos ilustrar con toda la información histórica que había, traer al presente el por qué el viaje de Fernanda era relevante para una persona que no sabe nada ni de Tierra del Fuego, ni de los Selk’nam, ni de nada de esto”, comentó el director.
Algo que no resulta del todo descabellado, pues se trata de un episodio que todavía es bastante desconocido incluso dentro del país: “Quizás, para la gente de Magallanes o de Chile, algunas cosas pueden resultar un poco evidentes, pero me da la sensación de que la información que estamos presentando no es tan conocida, ni siquiera lo que ocurrió con los estancieros. No se sabe mucho”.

“Uno podría decir que el genocidio fue hace cien años, pero no es tan así. Se sigue ejecutando de una forma más cultural. En el fondo, se invisibiliza a un pueblo como si estuviera extinto, cuando en verdad no es así”, manifestó.
De hecho, la sensación que primó dentro del equipo fue la de un descubrimiento colectivo. “Para todos fue un gran viaje porque ninguno de nosotros conocía Tierra del Fuego. Entonces, todas las impresiones que tenemos del primer viaje, sobre todo el que hicimos con Fernanda, son muy genuinas”, explicó.
“Era primera vez que veíamos Porvenir, que veíamos la pampa de Tierra del Fuego, que nos encontrábamos con la estancia patagónica, con los bosques donde desarrollamos algunas escenas del documental. Todo eso fue muy nuevo para nosotros. Era como que estábamos conociendo nuestro propio país por primera vez. Nos movíamos como un bloque, como un equipo que estaba conociendo en conjunto”, sumó el cineasta.

El viaje de Fernanda
Pero no todo el recorrido fue terrenal. Junto con el proceso de mudanza a Tierra del Fuego, Fernanda también adquirió una serie de habilidades cinematográficas que la llevaron a trabajar como guionista del documental.
“Es importante recalcar que Fernanda, más allá de un personaje retratado por el equipo de la película, se empezó a transformar en una más del equipo porque, finalmente, lo hicimos todo con ella”, señaló el propio Morales. “Todo lo íbamos conversando con ella, al punto que se transformó en una guionista más. Y así aparecen los créditos también, porque lo terminamos armando con ella”.
Además, el cineasta expresó que buscaban alejarse “de esta imagen del etnógrafo que ve a los pueblos indígenas como objetos de estudio. Nosotros no somos eso. Somos todos lo mismo y estábamos todos haciendo este proyecto juntos, finalmente. Y queríamos que fuera así”.

“Fernanda aprendió muy rápido del lenguaje audiovisual, de producción, esas cosas así. Ella se especializó en turismo, en el fondo tiene otra especialidad profesional, pero es brillante. En dos segundos cachó todo. Y empezó como a trabajar”, recalcó.
Por último, y en la previa al estreno en salas, el director expresó que busca que una de las reacciones generadas por la película sea poner sobre la mesa estos temas de conversación. “Si no hablamos de las cosas del pasado, se empieza a repetir”, manifestó.
“Siento que uno de los grandes problemas que tiene Chile y la sociedad en general, en todo el mundo, es que las cosas se ocultan y no se conversan. Pasan las familias, los gobiernos, los Estados, las historias de los pueblos, ocurren muchas cosas que terminan ocultándose debajo de la alfombra y nunca más se hablan. Como si no hubiesen ocurrido”, añadió.
“Esto es una historia cíclica. Lo vemos ahora con la política mundial, que está muy parecida a los años 30, de hace 100 años atrás, y uno piensa que quizás vamos camino a repetir lo mismo, con decisiones tan terribles como la Segunda Guerra Mundial. Si no hablamos de estos temas permanentemente, todas las generaciones que lo tomamos y lo volvemos a hablar, se empiezan a olvidar. Y las conductas humanas, por lo que se ve, comienzan a repetir estos patrones permanentemente. Por eso me encantaría que se converse del tema. De lo que fue el genocidio en Tierra del Fuego, sobre el rol que tuvieron los estancieros, el del Estado, y también de la Iglesia Católica, para entender cómo se vivió”, cerró Morales.






