Francia atraviesa una de las movilizaciones estudiantiles más importantes de los últimos años. Una protesta que comenzó hace poco más de una semana en liceos de la periferia parisina se extendió rápidamente por todo el país.
Las movilizaciones iniciadas hace poco menos de dos semanas en un liceo de la periferia parisina hoy ya incorpora, cientos de liceos y universidades de todo el país. Más de mil establecimientos han registrado algún tipo de movilización y las últimas jornadas dejaron miles de detenciones, cientos de heridos y una violencia que crece con las manifestaciones.
De un liceo a todo el país
El movimiento comenzó alrededor del 17 de septiembre en el liceo Saint-Exupéry de Créteil, al sureste de París. Profesores, trabajadores y familias denunciaban que, varias semanas después del inicio del año escolar, continuaban faltando docentes, un subdirector, personal de enfermería, asistencia social y apoyo para estudiantes con necesidades especiales.
Al día siguiente, cerca de 200 alumnos comenzaron a bloquear el establecimiento en apoyo a estas demandas. Sin embargo, los medios franceses sitúan principalmente el 21 de septiembre como el inicio del actual movimiento, cuando los estudiantes marcharon hacia el rectorado y las imágenes de la protesta comenzaron a circular ampliamente.

Desde ese momento la expansión fue extraordinariamente rápida. Hacia el 24 y 25 de septiembre ya se registraban acciones en unos 60 liceos de Île-de-France, la región que comprende París y buena parte de su área metropolitana. Pocos días después eran cerca de 180 establecimientos y posteriormente alrededor de 400. Para el 1 de octubre, el Ministerio del Interior contabilizaba algún tipo de acción en más de mil centros educativos, mientras las organizaciones estudiantiles hablaban de unos 640 liceos y más de 30 universidades bloqueadas.
Las reivindicaciones también comenzaron a ampliarse. Los estudiantes denuncian falta de profesores y personal, docentes que no son reemplazados, cursos demasiado numerosos, jornadas escolares excesivamente largas y edificios deteriorados. En algunos establecimientos de la periferia parisina incluso se ha denunciado falta de elementos básicos como mesas, sillas, jabón o papel higiénico.
Con la expansión del movimiento aparecieron también críticas contra Parcoursup, el sistema de acceso a la educación superior, y demandas por mayor financiamiento, mejores condiciones materiales y contratación de profesores y funcionarios. En las universidades se sumaron cuestionamientos a Mon Masterm, la página del gobierno de búsqueda y admisión a posgrados de universidades públicas. Además de posibles aumentos de matrículas, restricciones a las ayudas de vivienda y la precariedad estudiantil.
La violencia también se ha expandido
Hasta comienzos de esta semana predominaban principalmente los bloqueos de establecimientos, concentraciones y enfrentamientos relativamente localizados. Sin embargo, el miércoles 30 de septiembre ya se registraron cientos de detenciones y decenas de policías y gendarmes heridos.
El jueves 1 de octubre marcó un punto de inflexión, las autoridades informaron cerca de mil 950 detenciones durante esa jornada y más de 300 integrantes de las fuerzas de seguridad lesionados. La mayoría de los detenidos eran jóvenes y muchos de ellos menores de edad.
Asimismo, el Ministerio de Educación contabilizaba para entonces 170 estudiantes y 65 trabajadores de establecimientos educacionales heridos desde el comienzo de las movilizaciones. Se han registrado incendios en establecimientos, ataques con botellas y proyectiles, fuegos artificiales dirigidos contra la policía y, según el ministerio del interior, incluso lanzamiento de sustancias ácidas. En Nantes ardió parte del liceo Nelson-Mandela; en Le Havre otro establecimiento resultó dañado por el fuego y en Marsella un grupo obligó a bomberos a abandonar uno de sus vehículos antes de incendiarlo. Las alteraciones fueron de tal magnitud que el transporte público llegó a suspenderse temporalmente en algunas ciudades.

Sin embargo, también existe una discusión importante sobre la actuación policial. En redes sociales y medios franceses se han difundido ampliamente imágenes de intervenciones contra menores de edad, incluido el caso de un estudiante de 14 años que resultó herido en la mandíbula por un disparo policial efectuado a corta distancia. El episodio generó una importante indignación, el Ministerio del Interior abrió investigaciones sobre algunas actuaciones y organizaciones de derechos humanos han expresado preocupación por el tratamiento de adolescentes durante las protestas.
Por eso, uno de los elementos que mejor permite entender lo que ocurre actualmente en Francia es una verdadera guerra de imágenes. Por una parte circulan videos de establecimientos incendiados, grupos encapuchados, ataques contra policías y enfrentamientos en las calles. Estas imágenes alimentan la lectura del gobierno de que parte de la movilización está dejando de ser estrictamente estudiantil para transformarse en un problema de orden público. Pero, por otra parte, circulan videos de adolescentes golpeados, gaseados o heridos durante intervenciones policiales, que entre muchos estudiantes refuerzan la percepción de que sus demandas no están siendo escuchadas y que la respuesta estatal se concentra principalmente en la represión.
Las redes sociales son además fundamentales para explicar la velocidad con la que se extendió el movimiento. TikTok, Snapchat e Instagram permitieron que las protestas se propagaran antes incluso de que existiera una coordinación política nacional clara. Uno de los videos sobre los bloqueos superó las 800 mil visualizaciones y los 120 mil “me gusta” en apenas 48 horas. Hasta ahora, el organismo francés encargado de detectar interferencias digitales extranjeras no ha encontrado una amplificación artificial significativa desde el exterior. Es decir, la extensión de las protestas parece responder principalmente a una dinámica interna y profundamente generacional.
La disputa política y el horizonte electoral
Esto también permite entender la creciente disputa política sobre quién está detrás de las movilizaciones. El gobierno de Emmanuel Macron sostiene que las demandas educativas iniciales pueden ser legítimas, pero denuncia que grupos violentos están aprovechando los bloqueos.
El ministro de Educación, Édouard Geffray, afirmó que el movimiento estaba siendo secuestrado por grupos marginales ultraviolentos, mientras el ministro de justicia, Gérald Darmanin, acusó a dirigentes de La Francia Insumisa (LFI) de contribuir a la escalada mediante sus llamados a mantener las protestas.

Jean-Luc Mélenchon, líder de LFI, acusó al gobierno de intentar responsabilizar a su partido y de justificar actuaciones policiales contra jóvenes. La Francia Insumisa ha apoyado públicamente las movilizaciones y los bloqueos, pero la evidencia muestra que la protesta nació de conflictos locales dentro de establecimientos escolares y que posteriormente fue adquiriendo una dimensión política nacional.
El gobierno comenzó además a intentar desactivar la crisis mediante reuniones con sindicatos docentes, asociaciones de padres, representantes estudiantiles y autoridades escolares. Cerca de 400 de los 3 mil 700 liceos franceses permanecerán cerrados este viernes y numerosos establecimientos organizarán clases de manera remota. El Ejecutivo busca impedir nuevos enfrentamientos, mientras las organizaciones estudiantiles mantienen las convocatorias. Los próximos días serán decisivos para saber si comienza una desescalada o si el movimiento consigue conectar el malestar estudiantil con profesores, funcionarios públicos y otros sectores sociales.
Todo esto adquiere además una dimensión electoral porque Francia se encuentra a poco más de siete meses de las elecciones presidenciales de 2027. Todavía sería apresurado sostener que las protestas están modificando directamente las preferencias de voto, porque las principales encuestas disponibles fueron realizadas antes de esta escalada. Pero esas mediciones ya mostraban a Marine Le Pen y al Rassemblement National (RN) llegando a esta crisis con un electorado particularmente consolidado, mientras el espacio político heredero del macronismo aparecía mucho más fragmentado entre figuras como Édouard Philippe y Gabriel Attal.
El centro político, en cambio, ha quedado cada vez más relegado y debe responder simultáneamente a ambos problemas, atender las demandas educativas y sociales, pero también demostrar capacidad para recuperar el control frente a los episodios de violencia.
Más que alterar inmediatamente el equilibrio electoral, estas movilizaciones pueden profundizar una tendencia que ya estaba presente antes de septiembre. Oposiciones fuertes que cuestionan al sistema desde posiciones muy diferentes y un centro político con crecientes dificultades para presentarse simultáneamente como continuidad, estabilidad y gobernabilidad.
Las próximas jornadas de protesta están fijadas para el paro nacional del 6 de octubre, las primeras encuestas realizadas después de esta crisis permitirán saber si esa presión comienza también a trasladarse hacia el escenario presidencial de 2027.






