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Año X, 11 de diciembre de 2018

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Gabriel Salazar, Premio Nacional 2006

La Historia de Chile está plagada de bandidos y saqueos


El historiador explicó en el programa A Fondo que los robos que presenciamos después del terremoto responden a una estructura social de Chile originaria del siglo XIX, asentada en el XX y mantenida en la actualidad como consecuencia del sistema de trabajo precario, claro que en la actualidad "la rebelión de las masas marginales ha sido más virulenta, extendida y desafiante que nunca".

Vivian Lavín

  Sábado 6 de marzo 2010 16:50 hrs. 
Radio-Uchile

El historiador explicó en el programa A Fondo que los robos que presenciamos después del terremoto responden a una estructura social de Chile originaria del siglo XIX, asentada en el XX y mantenida en la actualidad como consecuencia del sistema de trabajo precario, claro que en la actualidad "la rebelión de las masas marginales ha sido más virulenta, extendida y desafiante que nunca".

Uno de los aspectos que ha impactado casi tanto como el terremoto mismo ha sido el de los saqueos y robos en las ciudades y localidades devastadas. Turbas de personas que en carrera frenética han aparecido frente a las cámaras de televisión una y otra vez con alimentos o cuestiones básicas, pero también con electrodomésticos que no dicen relación con las necesidades urgentes del momento.

Las raíces de estos hechos no estarían, tanto como se ha querido decir, en el lado oscuro del alma humana sino que estaría asentado en una estructura social que heredamos desde el siglo XIX y que se convirtió en una terrible amenaza para el entonces naciente Estado chileno.

Un privilegiado conocedor de nuestro país es el historiador y Premio Nacional 2006 Gabriel Salazar, afirmó en el programa A Fondo de Radio Universidad de Chile que “hay que partir de la base de que en Chile no existe un verdadero campesinado. Esta es una sociedad donde falta una clase social, que es la clase media rural, que es el campesino con tierra y con casa. El campesinado chileno fue destruido en el siglo XIX y lo que quedó luego fueron los inquilinos, que no son campesinos, no son independientes, no tienen tierra,  no es un microempresariado ni tiene derecho a voto. La única parte en Chile donde subsistió fue entre Talca y Bío y Bío, lo que es Chillán y sus alrededores, porque como era zona bélica, no sobrevivió la gran hacienda”.

En reemplazo de este campesinado surgió en Chile una masa marginal semicesante, que hace “un pololito de vez en cuando”, semivagabunda, que va de aquí para allá, que no es otro que el  “roto chileno patiperro”, que no puede asentarse y formar una familia porque no tiene un trabajo estable. Y así va repartiendo hijos, los llamados “huachos” por doquier, pero que también va sembrando el terror, ya que ante la necesidad o la oportunidad no duda en robar o asaltar. Los chilenos y nuestra mala memoria o mejor dicho, tan desconocedores de nuestra propia historia…

Según el autor de “La Violencia Política Popular en las Grandes Alamedas” (Ed. Lom), “todo el s.XIX está salpicado por acciones de ese tipo hasta entrado el siglo XX. Hay que recordar que en Chile había nidos de bandidos en los cordones de  los cerros: los de Batuco, de Angostura o de Teno, en la zona de Curicó. Chile se llenó de gente que cuando podía asaltaba o robaba y, así, una cultura popular que podía trabajar en cualquier cosa, pero al mismo tiempo robar lo que se pudiera”.

La pregunta que surge de inmediato es si quienes cometen el bandidaje hoy son los mismos de entonces. Salazar responde: “Es que no ha cambiado el sistema laboral. Yo hice los cálculos para el siglo XIX y entonces el 66 por ciento de la fuerza laboral tenía un trabajo precario, peonal, estacional, sin previsión, el típico maestro chasquilla. Los cálculos actuales, publicados por El Mercurio, hace un mes atrás, en el Cuerpo B que es donde no miente o lo hace menos, establecía que el 68 por ciento de la fuerza laboral chilena es trabajo precario o de autoempleo”.

Las cifras ocultan esta realidad porque hoy quienes trabajan una vez en el año, las estadísticas las suman como fuerza de trabajo ocupada. Por otro lado, “hoy las casas comerciales conceden crédito con una mínima base imaginable y el promedio de ingreso  en Chile para el 50 y 60 por ciento de la población es de $150 mil pesos, pero si le dan crédito por el doble, se puede comprar el doble de lo que se gana, de ahí que los saqueadores se vieran bien vestidos, diferente de la pobreza de antaño, de niños llamados “mocosos” por sus narices siempre mojadas, a pie pelado y con la cara cubierta de costras por el frío”, acota el también autor del célebre ensayo “Ser niño huacho en la Historia de Chile” (Ed. Lom).

Más violencia que antes

En su célebre ensayo sobre  “La Noción de Estado en Chile”, el historiador Mario Góngora  se refiere al permanente proceso de decadencia y descomposición de la idea de Estado, donde surge el Ejército como fuerza aglutinadora de nuestra idea de nación. “Tiene razón Mario Góngora. Es que en Chile los grandes mercaderes, lo que yo llamo el ‘patriciado mercantil’,  pero que la derecha llama “aristocracia castellano vasca”, a la que pertenecían Diego Portales y su red de asociados, era minoría, porque la mayoría hacia 1830, que es cuando empieza a construirse la idea de Estado, era en su mayoría gente con derecho a voto y que se desempeñaban como artesanos, pequeños propietarios, mineros del norte y ganaban todas las elecciones con un 60 por ciento. Entonces lo que hizo Portales fue organizar y costear ‘de su platita’ un ejército mercenario y dio un golpe de Estado y con ese ejército construyen un Estado ‘a su pinta’, un Estado con un ejército privativo de esa oligarquía y que gobierna desde 1833 hasta 1925. Este Ejército además actuaba como policía interna debido a la incapacidad de la otra policía para controlar a las masas marginales y como ejército externo. Y el único método para establecer el orden fue ‘matar rotos…El ejército chileno ha combatido más hacia adentro que hacia afuera. Comenzó combatiendo a los mapuches en la frontera, primero, y luego durante todo el siglo XIX y XX yo he contado 23 masacres y todas contra la clase popular”, asevera Salazar.

Con todo, no deja de haber un elemento nuevo en la situación actual. “Lo más notable hoy es que rebelión de las masas marginales o mejor dicho de los de empleo precario ha sido más virulenta, extendida y desafiante que nunca y eso hay que examinarlo porque hay cuestiones de fondo que tienen que ver con la forma en que Piñera eventualmente pueda intentar resolver el problema de la reconstrucción nacional”, concluye.

“Bendito” terremoto

Se dice que los terremotos “afirman a los Presidentes” y les dan piso para promover sus agendas sociales. Los analistas de la época aseguraban que  Pedro Aguirre Cerda sin el terremoto del 1939, ocurrido apenas dos meses desde que asumió el cargo, le habría sido más difícil aprobar muchas leyes de beneficio popular y la creación de la CORFO. Lo mismo que Alessandri con el terremoto de 1960, “quien tuvo todo el apoyo para aprobar leyes de reconstrucción, créditos y con facilidades económicas para levantar las miles de viviendas que estaban en el suelo”, como lo señala el libro “Terremotos en Chile”, publicado recientemente por el Museo Histórico Nacional.

“Esto no está tan claro, porque el de Valparaíso se le vino en contra a Pedro Montt. Fue entonces cuando los estudiantes de medicina partieron a Valparaíso a trabajar con los damnificados durante un mes y, de regreso, el gobierno decide hacerles un homenaje en el Teatro Municipal. Allí se reunió a toda la aristocracia y cuando los empiezan a llamar, los hijos de la oligarquía se rebelan en frente de sus papitos”, con una rechifla y zapateo. Salen a la calle y se empiezan a reunir y deciden fundar la Federación de Estudiantes de Chile. Al poco tiempo, viene de visita el Nuncio Papal, a quien persiguen por Santiago a piedrazos y, a partir de ahí, la FECH se rebela definitivamente y se pone a luchar del lado de los trabajadores”, recuerda Salazar.