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Christian Miranda y  Mónica Manhey

Alcances y desafíos en Carrera Docente y Calidad Educativa

Christian Miranda y Mónica Manhey | Lunes 3 de agosto 2015 11:41 hrs.


Intentar una comprensión de la actual discusión de la propuesta gubernamental de Carrera Docente implica necesariamente reflexionar sobre ¿qué se entiende por calidad educativa?, ¿cómo esta concepción se relaciona con los actores involucrados en el acto educativo? y ¿de qué manera incide en los actuales desafíos educacionales?

Cuando se piensa en calidad educativa, el sentido común remite al acto de educar, topándose con una acción que, si bien contiene una intencionalidad, mantiene un significado incompleto. Por lo cual requiere de complementos que posibiliten su explicitación y comunicabilidad. El primer agregado que precisa educar es contar con un contenido que permita adjetivar su calidad. Por tanto, es imprescindible dilucidar en el proyecto de Carrera Docente ¿cuál es su contenido que agrega calidad a la educación?

La discusión sobre la Carrera Docente, entonces, necesita para una aproximación inicial de su esclarecimiento, preguntarse ¿qué significado tiene educar un contenido de calidad? Es decir, tensionar lo que se enseña en nuestras aulas en relación a su pertinencia. Este es un primer desafío que debe enfrentar la propuesta.

Educar exige otro tipo de agregado para adjetivar su cualificación. Saber quién es el que se educa: en este caso, niños y niñas del sistema de educación pública. Por tanto, la calidad educativa incluye detenerse en la relación epistemológica objeto (contenido)- sujeto cognoscente (niño y niña) que está a la base del modelo educacional. Entender esto es aproximarse un poco más a la base del debate.

¿Es entonces una crisis de la teoría del conocimiento la que subyace al debate sobre la Carrera Docente? Si se admite la presencia de una crisis de la teoría del conocimiento, en cuyo núcleo está la brecha de capacidad del modelo educativo para garantizar contenidos educativos de calidad para niños y niñas del sistema escolar público, estamos en presencia de una comprensión más compleja del debate y, por medio de esta, ante el develamiento de una voz ausente en éste: la de niños y niñas y, por extensión, de sus familias. El reconocimiento de estas ausencias constituye un segundo desafío del actual debate y un paso adelante para su plausible resolución.

El tema empieza a complejizarse aun más, cuando interrogamos al proyecto de Carrera Docente por ¿cómo se entiende el acto de educar contenidos de calidad para niños y niñas en un sistema educativo que transita desde un enfoque centrado en la enseñanza a uno que pone en el medio el aprendizaje? Preguntarse ¿cómo se incentivan en la propuesta prácticas de enseñanza orientadas a entender a  niños y niñas como sujetos de derechos? y ¿cómo educar contenidos de calidad en condiciones laborales donde lo común sea muchos estudiantes por educador y poco tiempo para reflexionar, investigar y perfeccionarse? De este modo, el educar con calidad para niños y niñas del sistema educativo pasa irrevocablemente por reflexionar sobre quien educa: la maestra y el maestro. En este sentido, pues, es importante preguntarse ¿cómo el proyecto de Carrera Docente incluye medidas para el cambio en la enseñanza y condiciones materiales para su ejecución?, constituyendo un tercer desafío para avanzar en el debate.

De este modo, el desafío que se nos plantea como sociedad es que el debate sobre la Carrera Docente se relaciona estrechamente con la Calidad Educativa y pasa, necesariamente, por cuestionar las propias bases de nuestro sistema escolar. Sobre este último, la explicitación conceptual de lo que entendemos por educar con calidad no basta para mejorarlo; el reconocimiento de la centralidad que tienen niños y niñas en el acto educativo y la visibilidad de la voz de la familia no alcanza para transformarlo; el reconocimiento de centralidad de los maestros y maestras en el cambio educativo no llega a impactarlo. Para todo ello se precisa, además, poner en el centro del debate el tipo de sociedad que pretendemos ser.

Finalmente, se asume que los alcances y desafíos propuestos tienen un carácter reflexivo y provisional, constituyendo una aproximación educativa orientada a contribuir al debate sobre los principios y contenidos que están a la base del actual problema nacional: la Educación.

*Los autores son académicos del Departamento de Educación
 Facultad de Ciencias Sociales 
 Universidad de Chile.