Diario y Radio Uchile

Año IX, 16 de diciembre de 2017

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Enrique Villanueva

Sandino y Gabriela Mistral

Enrique Villanueva | Miércoles 22 de febrero 2017 8:18 hrs.

A lo largo de su historia han surgido nombres, patriotas, hombres y mujeres, quienes se han enfrentado a la intromisión y a la invasión extranjera, propiciada y apoyada por políticos nacionales ambiciosos, quienes en todo tiempo han buscado enriquecerse a costa de la explotación y la pobreza de nuestros pueblos. Son héroes que, con su ejemplo, han señalado un camino distinto, con unos valores humanos tremendos, antimperialistas, solidarios e internacionalistas, transformándose en un referente que debe ser guardado y defendido.

Uno de ellos es Augusto Cesar Sandino, a quien Gabriela Mistral llamo General de hombres libres,” hombre heroico, héroe legítimo, como tal vez no me toque ver otro”, destacando la noble causa de su “pequeño ejército loco de voluntad de sacrificio”. Todos artículos escritos publicados por ella entre 1928, 1930 mucho antes de obtener el premio nobel de literatura (1945) protestando además por la invasión norteamericana en Nicaragua.

Con valentía Gabriela Mistral escribió que Sandino era “un héroe”, para objetar el calificativo de “bandido” que le daba el presidente norteamericano, Herbert Hoover, o el de “insignificante jefe desequilibrado” que le añadía el The New York Times. Desde París, Marsella o Nueva York, nuestra poetisa escribía artículos y con su pluma profunda, le salía al paso a las tergiversaciones y caricaturizaciones que la prensa norteamericana hacía de Sandino; “el (Sandino) carga las dos o tres pistolas que le dan las fotografías malignas de los semanarios neoyorquinos, porque corre perseguido por los ajenos y los propios, y cada árbol y cada piedra de su región le son desleales. Y su defensa toma aspectos de locura porque vive un caso fabuloso como para voltear a cualquiera la masa de sangre”.

Gabriela Mistral apoyo valientemente la gesta sandinista de la época, solicitando públicamente a políticos latinoamericanos y del mundo, una colecta continental para la causa sandinista: “Nunca los dólares, los sucres, o los bolívares sudamericanos, que se gastan tan fluvialmente en sensualidades capitalinas, estarán mejor donados”. Son varios los mensajes enviados al mundo por nuestra Premio Nobel, pero hay uno en el cual decididamente llama a formar “la Legión hispanoamericana de Nicaragua”, motivando a los jóvenes “para ofrecerle a Sandino lo mejor que puede cederse, que es la sangre joven, y una lealtad temeraria y perfecta que sólo la juventud puede dar”. “la sangre joven nunca ha sido mal aprovechada cuando se entrega por una carta justa y libertaria”.

Con pasión, ella animó desde sus escritos, al ejército de Sandino, al que bautizó como “Pequeño ejército loco de voluntad de sacrificio”, nombre que más tarde le dará la vuelta al mundo.La lucha de Sandino es poco conocida, pero de un valor extraordinario, retorna desde México, (1926) en esos años aún se mantenía fresca la idea de la Revolución Zapatista, para integrarse con las fuerzas liberales quienes se resistieron al golpe de Estado de 1926, en contra del Presidente Constitucional Carlos José Solórzano. Los liberales se alzan en armas y se produce, ese año, la Guerra Constitucionalista.

En un libro escrito por Carlos Fonseca, este señala que posteriormente Sandino hizo crecer su ejército, para desarrollar “una lucha popular en la que “los pobres, los humildes, empuñan el fusil en busca de justicia, pero el mando del movimiento rebelde está putrefacto de individuos ayunos de principios y cargados de ambiciones”.

Las fuerzas rebeldes liberales, a las que se había sumado Sandino, claudican prontamente, firman lo que se conoce como “el Pacto del Espino Negro” o “la Traición del Espino Negro”. Mediante ese pacto, Moncada y los liberales aceptan rendirse, con la promesa de unas nuevas elecciones vigiladas por Estados Unidos. Exigen que los rebeldes entreguen sus armas y ofrecen por cada fusil entregado, la suma de 10 dólares. Pero Sandino no se rinde y se traslada al norte del país (Las Segovias). Explica la situación a sus oficiales y soldados, el no está dispuesto acogerse a los términos pactados y lo explica de esta manera “Mi resolución es ésta: Yo no estoy dispuesto a entregar mis armas en caso de que todos lo hagan. Yo me haré morir con los pocos que me acompañan, porque es preferible hacernos morir como rebeldes y no vivir como esclavos”.

A partir del 4 de mayo de 1927, Sandino combate a los invasores, a las fuerzas mercenarias, utilizando tácticas de guerrillas y en condiciones desiguales logra infringir de manera creciente fundamentales derrotas al enemigo. El espíritu de Sandino fue imbatible, nunca vencido, solo con su cobarde asesinato, a traición, el 21 de febrero de 1934.

Según consta en los registros históricos y en las crónicas de la época, antes de 1932 la invasión norteamericana se realizó con 6 cruceros de guerra frente a las costas nicaragüenses, 5000 marines, 27 aviones y 14 buques de guerra.  En contra de todo este tremendo arsenal y tropas, Sandino y su pequeño ejército loco, infringió la primera derrota militar a los marines norteamericanos, en los suelos de América Latina, expulsándoles de Nicaragua.

La honestidad y firmes convicciones de Sandino se ponen a prueba en noviembre de 1928, cuando se realizan elecciones intervenidas por EEUU e instalan en el poder a un presidente títere (Moncada). En esta ocasión el Almirante norteamericano (Seller) lo conmina a rendirse ante lo cual este le contesta de la siguiente manera: “El patriotismo al que usted apela es el que me ha mantenido repeliendo la fuerza contra la fuerza, desconociendo en absoluto toda intromisión del gobierno de Usted en los asuntos interiores de nuestra nación, y demostrando que la soberanía de un pueblo no se discute, sino que se defiende con las armas en la mano. Fundado en lo anterior es que expongo a usted que, para llegar a ese arreglo de paz efectiva con el General José María Moncada, ponemos como primera base, absolutamente indispensable, el retiro de las fuerzas norteamericanas al mando de usted en nuestro territorio.

La vida y la muerte de Sandino son una lección no solo para los nicaragüenses, sino para todos los latinoamericanos y caribeños. Es cierto que su suerte, final, fue similar a la de grandes hombres como Bolívar, Manuel Rodríguez, Emiliano Zapata, Pancho Villa, el propio Che, Salvador Allende y otros. Todos traicionados o asesinados por mentes ambiciosas, oscuras, que en todo tiempo aparecen y apuestan por la división y la intriga.

Pero la rueda de la historia sigue caminando y en algún momento sus ejemplos de valor y consecuencia, que no se contienen con su muerte, se multiplican y son paradigmas para nuevas generaciones de luchadores sociales. Por eso es que la historia pasada es parte de la construcción del futuro, porque nos impulsa a continuar soñando y trabajando con la utopía de una sociedad distinta, inclusiva con justicia social.

Sandino, en su legado, nos muestra que la política es para luchar por el poder político, porque es su esencia, un contexto en el cual la política internacional, al igual que toda la política, es la lucha por el poder, no importa cuales son los objetivos de la política internacional, es el poder es lo que se constituye como el objetivo inmediato.

Dejo establecido, que los procesos revolucionarios libertarios, de cambio social, no son fáciles, nunca lo han sido, menos en estos tiempos, en los cuales las ideas de cambio han sido fuertemente tergiversadas, también desde la propia izquierda. Su asesinato nos muestra que también el egoísmo de falsos héroes, con pies de barro, quienes se apropian de luchas y grandes sacrificios solo con fines de carácter personal terminan destruyendo el legado revolucionario.

Es cierto que la sociedad neoliberal ha hecho evolucionar el capitalismo, pero la realidad de los que trabajan, hombres y mujeres, en todos nuestros países, a pesar del paso de los años, es que no tienen otro camino, que vender su trabajo a bajo costo, para conseguir sus medios básicos de subsistencia, en una casi total inexistencia del Estado, tal cual lo fue en los siglos pasados.

En su primer manifiesto político, Sandino sintetizó su pensamiento: “Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, más que cualquiera, la sangre india americana, que por atavismo encierra el misterio de ser patriota, leal y sincero, el vínculo de nacionalidad me da derecho a asumir la responsabilidad de mis actos en las cuestiones de Nicaragua y por ende, de la América Central y de todo el Continente de nuestra habla, sin importarme que los pesimistas y cobardes me den el título que a su calidad de eunucos más les acomode.