Diario y Radio Uchile

Año IX, 15 de diciembre de 2017

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Las balas II: o de los montajes nacerán las verdades

Pavel Guiñez N. |Cartas al Director |Martes 13 de junio 2017 7:31 hrs.

Señor Director:

Domingo por la mañana, prendo la radio “dos asaltantes mueren por las balas certeras de un parcelero”… y habría pasado sin sorpresas, pero al poco bucear en las noticias del día, el parcelero se transforma en Ignacio Gallegos Pereira, ex capitán de carabineros ya retirado y con un historial no muy grato en la zona.

Los “furiosos asaltantes con nutrido prontuario” se transforman en Patricio González y Luis Marileo Cariqueo, este último de la comunidad Cacique José Guiñon, con al menos 2,5 años en prisión en el cuerpo (algo así como el 10% de su vida) y dos huelgas de hambre a cuestas, la primera a los 16 años (la segunda a los 20) todo gracias a la “prisión preventiva” de la ley antiterrorista, convirtiéndose en el primer menor de edad acusado de terrorismo y secuestrado por el Estado Chileno, obvio sin pruebas, impidiéndole terminar 3ro medio bajo una presunción de culpabilidad jamás demostrada y de la que por supuesto, nadie se responsabilizó cuando quedó en libertad por falta de pruebas.

Luis junto a otros menores mapuche secuestrados por las mismas razones en 2010, pedían entonces, visionariamente quizás, que el SENAME se responsabilizara de su situación en que se los mantenía sin estudiar, lejos de sus familias y que, de una vez por todas intercediera por los derechos de los niños y niñas, ¡ay! Si los hubieran escuchado… ¿Cuántos menores murieron después, víctimas de la desidia del Sename y las autoridades? ni siquiera ellos lo saben. Hoy uno de sus primeros denunciantes hace casi una década, aparece muerto, la atemorizada sociedad chilena lo celebra, un ladrón menos (sic), el Estado lo ha logrado, una vez más ha logrado hacer pasar un conflicto político como uno policial.

Mientras tanto la presidenta saliente, en su cuenta anual plantea con fuerza “…terminar con el conflicto de 500 años”, los candidatos en carrera responden: “Hay que combatir la violencia, imponer el estado de derecho” o “…el estado de derecho se va a recuperar en un 100% y si hay que meter balas, hay que meter balas, al que sea terrorista”, dos cuñas, supuestos polos opuestos (como Villalobos y Saavedra Peláez, un fascista y un marxista respectivamente), pero con una increíble similitud en este tema ¿Qué más los unirá?…

El conflicto Estado chileno-Pueblo Mapuche es uno de los pocos que no admite zonas grises, que constituye en sí mismo un rompehielos entre las posiciones de derecha o izquierda, conservadoras o progresistas, donde o se asume el riesgo de plantear lo que se debe: reconocer en la autonomía con autodeterminación un pilar trascendental para una nueva relación entre Estado y los Pueblos Originarios, o se corre el riesgo de, con la omisión, ayudar a instalar una verdad a medias (que en rigor no es verdad) que nos cierre el paso ante situaciones como las de hoy, donde los y las  frenteamplistas esperamos (todavía) oír de ambos candidatos, posiciones contundentes que ubiquen el conflicto Estado Chileno – Pueblo Mapuche lejos de las páginas rojas y las portadas sensacionalistas.

Para lo anterior, es requisito reconocer en el conflicto Estado – Pueblo Mapuche, un conflicto de cuño político-cultural, de mundos distintos, y por tanto de formas de vivir distintas, supone entender que el conflicto se inicia con la negación del Estado al ejercicio de los derechos políticos colectivos fundamentales de un pueblo distinto y previo al chileno (mapuche en este caso) para invadir, usurpar y disponer de los recursos naturales que existían en un territorio dominado por una nación distinta a la chilena, y que post invasión son los recursos que han cimentado la acumulación de riquezas del 1% del país y de los que pretenderá disponer cualquier proyecto político al corto plazo, este ejercicio implica reconocer que se le exigirá al Estado (y a los grupos económicos que controlan el país) ceder el poder que se han arrogado sobre un grupo humano que no los reconoce como gobernantes en un territorio claramente delimitado y que perfectamente puede ser dispuesto por esas fuerzas sociales para fines distintos al desarrollo extractivo neoliberal que en su depredación, ha destruido formas de vida dejando la violencia como única alternativa. Son las consecuencias de ese modelo las que nos despiertan cada tanto con noticias como la de ayer.

Es un deber entonces para salir de este aparente zapato chino, hablar del modelo económico extractivo y su relación con la pobreza brutal de las zonas de sacrificio, del monocultivo forestal y sus consecuencias auspiciadas por el D701, de la falta de aguas y tierras entregadas en premio a propietarios que a balazos aseguren el control del territorio usurpado hasta que el tiempo pase y la memoria olvide, de las escuelas transformadas en cuarteles y de los sistemáticos derechos territoriales, sociales, culturales y espirituales negados gracias a un entramado jurídico racista creado para despojarnos en pos de un modelo de desarrollo económico y social cifrado en el sacrificio de millones para beneficio de un puñado de familias enriquecidas desde la dictadura.

En otras palabras si no se sitúa el problema real en un marco mayor donde para entender el conflicto Estado-Pueblo Mapuche, sea un factor determinante asumir como necesaria la transformación del modelo económico, político y cultural impuesto por el neoliberalismo pinochetista y sostenido por los gobiernos sucesores para acumular y producir riquezas en chile a nuestras expensas, ni este ni otros conflictos tendrán solución definitiva.

La crudeza de la realidad que vivimos los pueblos originarios abonada por la forma política en la que nos educaron (competitiva, hegemonista, colonialista y neoliberal) nos exige de manera permanente, creemos, más respuestas y menos preguntas en los escenarios públicos, tan esquivos para las fuerzas transformadoras, pero …a detenerse un momento acá, quizás una arista está en que quizás la relación fecunda entre las fuerzas políticas y las organizaciones de los pueblos originarios requieren más caminos y menos metas, un horizonte común con diversidad de caminos, como los ríos que se nutren de afluentes imperceptibles, así donde la norma instruye dar cuenta de sesudos equipos de trabajo debemos poner más reflexión colectiva, más comunidad organizada y más trabajo mancomunado, en otras palabras aprender de los pueblos originarios la perenne deliberación y soberanía colectiva articulada en poder, local y territorialmente ejercido.

El problema y el desafío no es programático sino colonial, ideológico (descolonizar el saber, el poder, le dicen), y no sólo político en tanto “quiénes”, sino cultural o sea “cómo”, y en ese binomio Derecha y Concertación (hoy NM) son lo mismo, de la alternativa que emerge será la tarea de plantearse el horizonte político a debatir con nosotros, es decir resolver adecuadamente el problema del poder para sí, para luego resolverlo en conjunto, situación que los anteriores gobiernos “democráticos” han negado y criminalizado con las consecuencias ya conocidas, de lo contrario seguiremos creyéndole a los medios que “Luis Marileo” murió mientras intentaba robar animales, sin preguntarnos si quizás intentaba recuperar lo que a él y su gente le robaron, y entonces seguirán prescindiendo de un actor relevante y necesario para cualquier transformación que se pretenda en el país por no vernos entre sus sombras a nosotros, los mapuche.

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