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Año IX, 16 de diciembre de 2017

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¿A quién le interesa hoy la América latina ?

José Cañas |Cartas al Director |Domingo 18 de junio 2017 13:08 hrs.

Si hubiera que responder a esta pregunta habría que contestar francamente: A nadie.

Desde hace algún tiempo nuestro subcontinente no sólo ha desaparecido de las portadas de los principales medios de comunicación del mundo sino que ha estado completamente ausente también de las agendas tratadas en las principales reuniones internacionales, como es el caso del G7 y del G20 que acaban de tener lugar.

Aquellos que quisieran interpretar esta situación como el signo de que todo va tan bien en estas latitudes, que no vale la pena preocuparse, se equivocan. Lo que ocurre es que nuestra región no cuenta hoy para nada, o casi nada, en la conducción de los asuntos mundiales.

Para los europeos y los norteamericanos lo único que les interesa en estos días son los conflictos y los negocios (petróleo y armas de preferencia) en el Próximo y en el Extremo Oriente, así como los estados del centro y del este de Europa convertidos en nuevos mercados y en instrumentos de hostilidad frente a los rusos. Por otra parte, no es ni siquiera necesario recordar el peso que ha adquirido la China en todas las decisiones de las grandes potencias. Pero respecto de América Latina, nada.

La verdad es que después de los años de la revolución cubana y de los gobiernos progresistas del comienzo de los setenta, la América Latina no ha hecho hablar de ella sino por las aberraciones de las dictaduras militares que siguieron y que llevaron a miles de perseguidos a refugiarse en el extranjero. Después, unos regímenes civiles que pusieron el acento más en el comercio que en el desarrollo de una verdadera democracia han terminado por defraudar a quienes se hacían ilusiones  sobre un devenir diferente para nuestra región, que pudiera inspirar al mundo.

Así, hoy en día los árabes y los africanos constituyen la prioridad de los europeos, como lo han afirmado los alemanes y franceses en el último G20, y si se ha hablado en algún momento de Brasil es por su corrupción galopante y tentacular  y los riesgos que ella plantea  para los capitales foráneos allí invertidos.

Reconozcamos, sin embargo, que nosotros somos por una parte importante responsables de esta situación. Fuera de las experiencias relevantes del Ecuador y de Bolivia y del Venezuela del comandante Chávez, que supieron innovar ajustándose al sentir y al temperamento de sus pueblos, lo que domina en nuestros países es una gran mediocridad y una ausencia de imaginación política.

La mediocridad de dirigentes como los chilenos del pospinochetismo, que nos hablan de la evolución de las exportaciones en sus cuentas al país; o de los argentinos de la época Macri, que privatizan todo lo que encuentran en su camino; y otros casos similares podrían ser señalados. Unos dirigentes que por lo esencial han dado la espalda a la historia y a los intereses de nuestros pueblos y que, prisioneros de recetas arcaicas y exógenas, han reemplazado la acción política por una actividad de vulgares agentes comerciales.

 

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