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Identidad, territorio y colaboración: Los componentes de “la otra economía”

Karina Palma |Sábado 8 de julio 2017 11:02 hrs.

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Agrupaciones de al menos 12 territorios diferentes constituyeron la Red de Economías Territoriales, cuyo objetivo es impulsar proyectos en áreas como la gastronomía, la artesanía, la agricultura y el turismo. Del mismo modo, otra iniciativa de gestión económica local se desarrolla en el Lago Budi, a través de la organización Grupo de Apoyo Mutuo.

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Impulsar prácticas económicas asociadas a los productos de cada territorio es uno de los objetivos que destaca en las ferias y mercados que está promoviendo la Red de Economías Territoriales, la cual cuenta con la presencia de organizaciones provenientes de al menos 12 lugares diferentes, incluyendo las localidades de Aluminé y San Martín de los Andes en Argentina.

Se trata de un proceso de articulación de iniciativas mapuches, campesinas y populares, que llevan más de una década impulsando un sistema alternativo al modelo económico actual en sectores como la agricultura, la artesanía, el turismo y la gastronomía.

Del mismo modo, dicha Red busca construir propuestas para políticas, inspiradas en principios de solidaridad y procesos asociativos, cooperativos y colaborativos.

Gonzalo Silva, economista de la Cooperativa Fën de Villarrica y miembro de la Red de Economías Territoriales, explicó que esta asociación nace de otras redes y que el estar organizados ha permitido que muchos grupos logren construir mercados propios, en los que se visibilizan productos que estaban desapareciendo o siendo marginados a un espacio familiar.

De este modo, entre quienes son parte de la red se han ido configurando estrategias para reposicionar productos, como por ejemplo hongos silvestres que provienen de los bosques o el mismo maqui, que ya ha logrado cierta popularidad en la sociedad chilena. El economista también destaca que estas instancias permiten un intercambio entre territorios, que genera fuerza y potencia el aprendizaje de logros y técnicas que se utilizan en otros lugares.

“Hay localidades que antes estaban bastante deprimidas, en las que hoy existen grupos de mujeres que pertenecen a la Red y levantan mercados propios, donde pueden comercializar, mostrar su cultura y su forma de hacer las cosas. Son personas que han tomado las riendas de su economía. Lo interesante es que estos procesos no vienen desde el Estado, son iniciativas autónomas que dialogan con instrumentos del Estado, cuando todavía no se ha logrado un cambio en la racionalidad del instrumento público”, sostuvo.

De acuerdo a Gonzalo Silva, esta iniciativa responde a una economía del buen vivir, la cual plantea otro modelo de desarrollo y progreso, que nace en Latinoamérica a partir del conocimiento de los pueblos originarios.

Esta forma de concebir la economía ha sido reconocida tanto en la Constitución de Bolivia como en la de Ecuador. La primera, aprobada el año 2009, propone “reconocer, promover y proteger la economía plural constituida por cuatro formas de organización económica: comunitaria (sistemas de producción y reproducción de la vida social fundados en los principios y la visión  propios  de  los  pueblos  y naciones indígena originario y campesinos); estatal (las empresas  y entidades económicas de propiedad estatal); privada (las empresas y entidades económicas de propiedad privada); y cooperativa”.

Asimismo, la Constitución Política de Ecuador del año 2008 señala en su artículo 282: “El sistema económico es social y solidario; reconoce al ser humano como sujeto y fin; propende a una relación dinámica y equilibrada entre sociedad, Estado y mercado, en armonía con la naturaleza; y tiene por objetivo garantizar la producción y reproducción de las condiciones materiales que posibiliten el buen vivir. El sistema económico se integrará por las formas de organización económica pública, privada, mixta, popular y solidaria, y las demás que la Constitución determine. La economía popular y solidaria se regulará de acuerdo con la ley e incluirá a los sectores cooperativistas, asociativos y comunitarios”.

Gonzalo Silva mencionó que en la actualidad en los profesionales existe mucho desconocimiento sobre este tipo de economía, debido a que en las escuelas de negocio no se enseña. “Nos ponen los lentes de la cultura occidental que ve todas estas iniciativas como economías pobres, subdesarrolladas y marginadas. Sin embargo, es todo lo contrario, son economías ricas que permitieron la  subsistencia de muchos pueblos durante siglos”.

En esa misma línea, el economista advirtió la necesidad del reconocimiento de estos modelos, no solo desde la academia, sino también desde la legislación, partiendo por la Constitución. “Estamos entrampados en una racionalidad y tratamos de resolver los problemas dentro de esa misma racionalidad, por ejemplo, desde el individualismo, la explotación y la competencia. Acá nosotros hablamos de una economía de buen vivir y de colaboración. Creemos que la nueva Constitución requiere urgente considerar estas otras vías”.

Desde la Red de Economías Territoriales anunciaron una actividad para reafirmar este proceso el próximo 14 de julio en Melipeuco. Además, ya se planean encuentro en Panguipulli y Temuco para los meses de septiembre y octubre.

Otras iniciativas en el Budi 

Desde el Lago Budi en la Novena Región, Silvia Calfuqueo, integrante del Grupo Apoyo Mutuo en la Comunidad de Llaguepulli, relató la importancia y el impacto que ha tenido esta organización en el lof (comunidad).

Dicha iniciativa lleva cuatro años o ciclos impulsando mediante apoyo económico, técnico y colaborativo, proyectos de las familias de la comunidad en distintas áreas. “Primero que todo, la base y los objetivos de Apoyo Mutuo tienen un fundamento cultural, que hace que esa economía se pueda fortalecer día a día. El mayor impacto de esto es la confianza que ha generado en los miembros de la organización y la comunidad”.

Alison Guzman e Ignacio Krell son parte de la ONG Maple Microdesarrollo, originaria de Oregon, y también participan de esta experiencia en Llaguepulli, desde donde investigan y colaboran con herramientas técnicas para implementar, junto a la comunidad, co-diseños de mecanismos que les permiten gestionar sus recursos con mayor autonomía.

Para Alison estos proyectos “son maneras de gestión y soluciones locales, pero al mismo tiempo modelos para el futuro. Al fortalecer estas economías propias en contextos locales que, a su vez, integran conceptos ´occidentales´ o globales que fortalecen estas iniciativas, se dan soluciones a nivel local y regional. Nosotros tenemos la visión que los micromodelos entregan resiliencias al largo plazo”.

Por su parte, Ignacio Krell agregó: “Desde nuestra perspectiva, como investigadores, creemos que las instituciones públicas pueden aprender mucho del trabajo que están haciendo las comunidades y el mundo sin fines de lucro, en el sentido de buscar mecanismos más participativos y horizontales. Esto es un proceso bastante largo y que requiere mucho tiempo, no es un política que se pueda implementar de un día para otro”.