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Año IX, 20 de septiembre de 2017

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Ricardo Farrú

Los dioses del Olimpo

Ricardo Farrú | Lunes 21 de agosto 2017 6:51 hrs.

Se acaba de votar la reposición del aborto en tres causales, que hasta el fin de la dictadura se conocía como aborto terapéutico y era un derecho sanitario del que gozaban las mujeres chilenas, abolido entre cuatro paredes por la Junta Militar y sus acólitos que definieron, a espaldas del país, quitarle un derecho a nuestras compatriotas que estuvo vigente desde el 31 de mayo de 1931 hasta el 24 de agosto de 1989, echando al trasto un período largo de nuestra historia, con gobiernos de variados signos, desde la derecha hasta la UP, pasando por el gobierno Demócrata cristiano de Eduardo Frei Montalva donde este derecho no sólo no se abolió o restringió, sino que se mejoró y amplió.

Lo curioso de esta situación es que de la dictadura de Pinochet salimos en 1990 y a mediados del 2017 aún se discute con argumentos religiosos fundamentalistas si se puede o no reponer esta ley.

Después de muchos años, la señora Bachelet decidió mandar una ley al desprestigiado parlamento para tener en Chile la posibilidad de abortar bajo tres causales:

  1. Inviabilidad del feto
  2. Peligro de la vida de la madre
  3. Violación

Obviamente que la discusión producida en la casta política estuvo impregnada de  visiones fundamentalistas y no del derecho a la salud o, al más simple, el de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, invalidando incluso las opiniones científicas sobre el real inicio de la vida.

¿Tienen razón?

Obvio que cada persona tiene derecho a llevar su vida según sus creencias más profundas, pero a lo que no tienen ningún derecho es a imponerle al resto sus puntos de vista en este supuesto estado laico donde tanto la Iglesia Católica, como los cristianos agrupados en diversas iglesias hacen sentir un peso sobre el gobierno que no representa a la mayoría del país.

De hecho, todas las encuestas apuntan a que un 70 % de la población nacional está a favor del aborto en tres causales, pero eso no es impedimento para que en estas ambilicadas y retorcidas estructuras legales y de poder heredadas constitucionalmente de la dictadura y mantenidas con mucho esmero por los gobiernos de la ex Concertación y ex Nueva mayoría, se tuerza la voluntad popular para mantener ad eternum un país salvajemente neoliberal en lo económico y decimonónico en lo mal llamado valórico.

Después de haber sorteado el paso por el Parlamento, no exento de dificultades y cosas absurdas, como el voto en contra de un par de democratacristianos que han aprovechado generosamente el hecho de ser de gobierno y la inexplicable ausencia ex profeso de un par de radicales, la ley fue aprobada y lista para ser promulgada.

¿Lista para ser promulgada?

Eso pasa en el mundo moderno, en el resto de la OCDE a la cual tan orgullosamente pertenecemos, pero no en Chile

Antes que el pan terminara de salir del horno, la reaccionaria e hipócrita derecha chilena, al haber perdido en el Parlamento, partió desesperada a poner una denuncia en contra de la ley a ese enclave de la dictadura llamado Tribunal Constitucional, donde 10 personas designadas por cuoteo político, no por sus supuestas capacidades profesionales, tienen la facultad y el poder omnímodo de definir si las leyes que salen del Parlamento son legales o no. En resumen, 10 personas cuyo único y gran mérito en la vida es ser amigo, pariente o cercano a alguien con poder y ya es elegido para un cargo muy bien remunerado y de no mucho esfuerzo laboral.

Las decisiones que emanan de este suprapoder no pueden ser discutidas por nadie y sólo se pueden acatar.

Vale decir, 10 personas que no representan a nadie, más que a los poderes fácticos tan enraizados en nuestro país, han sido elevados a la categoría de dioses del Olimpo, injuzgables, inaccesibles, pero sobre todo, ¡IMPRESENTABLES! para un país que se autodenomina moderno y en pleno siglo XXI y que se llena la boca con el hecho de ser territorio OCDE, aunque seamos la cola del león, o más bien dicho en buen campesino, el último pelo de la cola del caballo.

Es tan absurdo este Tribunal Constitucional, que incluso se podría dar el lujo de declarar inconstitucional una ley aprobada en el Congreso para derogar la Constitución de Pinochet y crear una nueva, democrática en su génesis y contenido, lo que llevaría a que la Constitución sea la que nos regirá hasta el fin de los tiempos y, con ello, que este Tribunal lleno de Dioses del Olimpo, no elegidos por nadie sigan disfrutando de los enormes beneficios de la más burda forma del poder de la dictadura, del cual tan generosa y yanaconamente se han hecho parte los miembros de la ex Concertación y actual ex Nueva Mayoría.

Entonces, las preguntas de fondo son

¿Por qué la Concertación, nunca le puso real empeño a cambiar una Constitución que vicia y envicia todo proceso democrático?

¿Cómo es posible que 10 personas voten y boten una ley sin mayores convencimientos que sus posturas valóricas personales?

¿Y cómo es posible que nosotros permitamos que estos Dioses del Olimpo tuerzan la voluntad de nuestros legisladores?

Y la respuesta es compleja, pero se puede resumir en los grandes logros de los gobiernos de la Concertación:

  • destruyeron la prensa progresista y democrática, con lo que no hay denuncias ni verdades, sólo manipulación informativa,
  • absorbieron a la CUT, que de ser una agrupación de trabajadores aguerridos, pasaron a ser simples voceros del gobierno de turno, aniquilando las luchas sociales y desarticulando los sindicatos,
  • endeudaron a miles de familias con el sueño de la educación superior,
  • han mantenido indecorosamente la desigualdad en el país
  • desideologizaron toda actividad política y la tecnificaron, sólo los elegidos pueden hablar o pensar,
  • eliminaron la educación cívica y la filosofía de la enseñanza, privando a la población de un derecho básico para acceder al conocimiento de sus derechos.

En definitiva, en nombre del supuesto progreso, quienes ostentan el poder económico, político, social y cultural nos han transformado en un país de seres individualistas, sin más ideología que aquella que le rinde pleitesía al consumo, ignorantes e incapaces de acceder al pensamiento crítico, donde la angustia por llegar a fin de mes impide que nos demos cuenta de que no hay dioses en el Olimpo y que ni siquiera tenemos un Olimpo, sólo descarados que aprovechan un sistema que les queda cómodo a sus intereses y que nos venden agua con endulzante como la cura a todas las enfermedades y esto, única y exclusivamente porque a los socios del club Concertación S.A. les gustaron demasiados las prebendas del poder y los regalos del gran capital.