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Año IX, 18 de diciembre de 2017

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El rodeo, pugna entre la identidad aristócrata y la violencia animal

Martín Espinoza |Jueves 14 de septiembre 2017 10:12 hrs.

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Son vísperas de fiestas patrias y el rodeo nuevamente se toma el debate. Organizaciones animalistas presentaron solicitud al Consejo Nacional de Televisión para no transmitir la polémica tradición en televisión abierta. Desde los pro rodeos insisten en que no existe sufrimiento animal, a pesar de que el activismo insiste en que es absurdo pensar en que el animal no sufre de daños a su integridad.

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Ni hacer la empanada más grande, ni elevar los volantines más altos: que el rodeo no sea transmitido en televisión. Ese es el objetivo que se planteó la ONG Animal Libre para este 18 de septiembre.

A juicio de la organización, la transmisión de la “tradición” podría transgredir dos artículos de la normativa sobre contenidos de las emisiones en televisión: la prohibición de emitir contenidos que contengan violencia excesiva y aquella que señala que se entenderá como violencia excesiva “el ejercicio de la fuerza o coacción en forma desmesurada, especialmente cuando es realizado con ensañamiento sobre seres vivos”.

La idea, según comentan desde la ONG, es no naturalizar prácticas por el solo hecho de estas arraigadas en las costumbres locales. Eso es lo que comenta Mauricio Serrano, fundador de Animal Libre: “Cuando hay actividades en las que hay un directo abuso a individuos que sienten como nosotros, y se naturaliza, es cuando nosotros lo cuestionamos y comenzamos a hacer un trabajo para acabar con él, para dar cuenta del perjuicio que conlleva para los animales”.

La reacción

Pero la idea de terminar con el rodeo, o de por lo menos no transmitirlo, siempre ha despertado la reacción de una acotada porción de la población. Se notó cuando Joaquín Lavín, alcalde de Las Condes, tomó la decisión de reducir la cantidad de rodeos que se lleven a cabo durante las fiestas patrias en su comuna. La opción del alcalde fue duramente criticada por sus pares.  El ex candidato presidencial Manuel José Ossandón calificó la medida como “populista” y el senador Juan Antonio Coloma señaló que defenderá el rodeo, por ser uno de los únicos espectáculos “o vivencias familiares” existentes en la actualidad.

Adimark elaboró una encuesta en septiembre del año pasado en la cual consultaba “¿cuál de estas tradiciones crees que identifican más a los chilenos?”. El rodeo ocupaba la sexta posición, con solo un 13% de adherencia. En una encuesta realizada por Cadem en 2015 los resultados arrojaron que un 65% de los chilenos no se identifica con esta práctica.

En ese contexto cabe cuestionarse por qué para el mundo animalista ha sido tan complejo lograr avances en una discusión que parece tener los argumentos de su lado. El rodeo, una práctica rural, en la actualidad ha desarrollado y fortalecido un vínculo con las capas más aristocráticas del país, estrechamente relacionadas al latifundio y la terratenencia. Jorge Larraín, sociólogo y autor del libro “Identidad Chilena”, señala que es propio de estos grupos sociales la idea de generar reacción ante estos cambios: “En la confrontación actual pareciera ser la clase dominante la que toma las banderas, la que hace del rodeo un punto de separación con otros que quieren cambiar las cosas. Ellos están en contra de todo ese tipo de cambios: en lo valórico, en lo social, en lo cultural, en lo económico”.

El rodeo fue declarado deporte nacional por el Comité Olímpico en 1962. A pesar de eso Pablo Squella, actual ministro del Deporte, señaló hace algunos días que no tiene calidad de deporte nacional: “No existe dicha nomenclatura o categoría en el ordenamiento jurídico vigente. De hecho, sólo se ha reconocido a la rayuela como deporte nacional”, comentó a La Segunda.

Sobre el argumento de que se trata de una tradición nacional, Larraín es tajante al señalar que eso no constituye un impedimento para dejar de practicarlo: “Lo único en lo cual ellos están parcialmente equivocados es que no todas aquellas traiciones que han formado parte de nuestra identidad son necesariamente buenas por el hecho de formar parte de nuestra identidad. Es posible que algunas cosas de nuestra identidad necesiten ser cambiadas”.

Mauricio Serrano, de Animal Libre, cree que quienes están a favor del rodeo se han quedado sin líneas de defensa: “Si se analiza, el argumento por los derechos animales tiene mucho más peso. Lograr que la gente lo conozca es la tarea difícil y en la que trabajamos. La gente, cuando lo conoce, se posiciona a favor de los derechos animales y no hay ningún contraargumento que pueda hacerle pensar a una persona que no hay maltrato. Tenemos todas por ganar”.

Sufrir o no sufrir

El presidente de la Federación del Rodeo, Cristián Moreno, declaró en una entrevista a Cooperativa que “lo que se hace en el rodeo es mostrar destreza de caballos y jinetes en el manejo de ganado. Con el tema del maltrato, nosotros nos hemos preocupado siempre del bienestar de los animales. Hemos ido implementando medidas que se van poniendo al día”. Además, refiriéndose al dolor ejercido sobre los novillos, señaló que “si el animal sufriera dolor y tuviera consecuencias de daño que se esgrimen, el animal  tendría que pasar tiempos de recuperación, perdería kilos, tendría efectos prácticos visibles. Efecto hay, lo que no hay es daño. Los estímulos eléctricos son sistemas calibrados y regulados”.

Sobre este punto en específico, el del daño que se ejerce sobre el animal, hay versiones encontradas. Los pro rodeo insisten en que las lesiones a los novillos son prácticamente insignificantes y que el animal no sufre mientras dura la práctica. Sin embargo, hay voces animalistas y especialistas que manifiestan su divergencia al respecto. El problema es que no existen estudios que documenten dicha posición. Karen Mussa, veterinaria de la Universidad Católica de Talca, es clara a la hora de señalar que efectivamente los animales son víctimas de maltratos en la práctica de esta costumbre: “El principal daño que se produce es hacia los novillos. El peso que ejerce el caballo puede generar fracturas de costillas, contusiones y hematomas, que son las principales lesiones que se generan. El caballo también puede terminar dañado. Cuando el novillo se queda en el suelo, porque no puede más, porque ha sido trasladado por largas distancias, hacinado con otros novillos y además ha sido sometido al rodeo, lo levantan con picanas o descargas eléctricas. A veces le tiran la cola, donde hay muchas terminaciones nerviosas. Eso puede generar dolores crónicos o daños medulares”.

Hay voces que señalan que el mundo del rodeo es sumamente hermético y que trabajan con sus propios veterinarios. En ese caso la veracidad de los balances de los daños sobre los animales, elaborados precisamente por ese círculo, entran en cuestionamiento.

El debate está instalado, como cada víspera de fiestas patrias. La posición de los defensores del rodeo se sustenta principalmente en el hecho de que es una tradición, pero todo parece indicar  que esto no sería argumento suficiente para sustentar una práctica que, con el afán de entretener a los seres humanos, daña la integridad de un ser vivo. Desde Animal Libre, con el apoyo del Colegio de Periodistas, están a la espera de la resolución del Consejo Nacional de Televisión sobre la transmisión de rodeo en televisión abierta.