Diario y Radio Uchile

Año IX, 16 de octubre de 2017

Escritorio
Orlando Alfonso Olave

El amor en la nueva en era

Orlando Alfonso Olave | Lunes 25 de septiembre 2017 6:40 hrs.

Todas las épocas de la sociedad humana guardan sus arquetipos. Nuestro tiempo sin duda está marcado por  la comunicación en red. El Internet  ha logrado convertir el  tiempo y el espacio en dimensiones  paralelas controladas al antojo.  Una dimensión virtual  en  que el aquí y el ahora es aún más relativo de lo que efectivamente nos parece.  No es sólo la velocidad del proceso del conocimiento el que ha cambiado, sino que la aceleración del estado de nuestras conciencias con el presente. Se ha conformado una nueva sociedad humana sobre la base de la red.

Es la percepción del ser, el estar y la relación con el otro que ha llegado a cambiar la perspectiva humana gracias al internet como herramienta y medio. La caótica sensación de los juegos de roles, la lúdica provocación del avatar en las redes sociales, el anonimato esquizoide, la simulación de los sentidos y la confrontación con lo real humano-cotidiano es cada vez más estrecha y abismal.

Todo constata que el acto humano es comunicación.

Desde el circuito neuronal  a lo incomprensible de los neutrinos probamos que la información y el tipo de ella es lo que determina al ser. Es la  conexión, potencia, velocidad y coherencia la que definirá el efecto que causará en nosotros.

El acto de comunicar desde las diversas redes de seres microscópicos a nuestro  prosaico tú a tú; sella lisa y llanamente a nuestra  condición y nos determina como un nuevo enlace para rearmar en cada milésima de segundo nuestra realidad y nuestro entorno.

Al final es nuestra conciencia la que recibe todo. ¿Tanta complejidad para construir un nuevo estereotipo humano, algo tan humilde y sencillo como nosotros en constante cambio?   O tan  grandioso… que viene a ser lo mismo. Así es no más.

Lo que sucede en la red y con ella ha pasado antes sin ella. Tal vez más lento, menos intrincado o quizás con más interrogantes. Pero ha sido así. Las conversaciones siempre son las mismas.

Todo se repite y no hay nada nuevo bajo el sol. Al igual como sucede con LA VIDA, esto es lo mismo; son sus formas las distintas. Como lo es cuando se instala esta manera virtual de vernos y ver las cosas proyectándonos a la realidad cuando efectivamente la vivimos; ¿cuáles son las nuevas necesidades para subsistir y según ellas provocar los cambios en nosotros  antes que el entorno de la red lo haga?

El amor, el odio, la amistad, el enojo, la rabia, la alegría o la soledad; es distinta y es igual. Ni siquiera el amor ha cambiado. Ha estado y estará donde siempre. El amor no es más que producto de conexiones químicas. Lo que ha cambiado es la forma de reconocerlo y reconstruirlo con la nueva imaginería de la era internet.

Son los caminos los distintos, las señas y el tiempo comprimido. Todo tan cerca y tan lejos, tan rápido y tan lento. Tan repleto y vacío. La relatividad de nuestra era agobia.

Antes de la red, la necesidad de acercarnos tenía como medio a las cartas, las fiestas, las plazas, los paseos, las revistas o los sueños dibujados en la pared y en  la historia transmitida en la conversación directa. Las miradas furtivas y las palabras truncadas. Las manos tímidas y los rostros sonrojados.

Sin embargo, la sensación del camino largo para llegar a sentir la cercanía, el afecto o el amor no han cambiado  por la  instantaneidad actual o a pesar de ella.

La relatividad es el asunto. Porque  internet no es un simple medio que acerca. Es un nuevo mundo en sí mismo. ¿Es  legítimo entonces otorgar valor ético a lo logrado?

Las historias de amor producto del contacto creadas desde las redes  sociales se han convirtiendo  en una suerte de misterio, sueño o utopía. Las indirectas se escriben en tuits. Los paseos se  reemplazan por las fotos en facebook. Los selfies dicen lo feliz que somos. El Wasap nos aísla.  El silencio ya no es antónimo de sonido. Las ausencias duelen tanto como antes, con la salvedad que sabemos que no son tales. Siempre estás ahí o alguien está ahí observando tus movimientos.

Las travesías que se debían cubrir  para acercarse han cambiado en su forma y tiempo pero siguen siendo angustiantes y agotadoras.

Por lo tanto la era internet ha creado un nuevo mundo personal, con sensaciones incluidas, que a pesar de estar al mismísimo lado de millones de seres humanos, estás solo(a) digitando tus redes y tu espacio, transformando tu mundo en algo más abstracto, irreal  y frágil que antes.

La cultura  construida en la transmisión de puño y lápiz,oral y  presente parece no ser tan frágil como creímos.