Diario y Radio U Chile

Año X, 22 de septiembre de 2018

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Alberto Estévez

Crisis de honestidad y delincuencia

Alberto Estévez | Viernes 2 de febrero 2018 9:19 hrs.

No soy un experto, ni me aproximo a serlo. Sin embargo, cada vez que se trata el tema de cómo enfrentar a la delincuencia, quedo insatisfecho. Siento que se trata en forma muy parcial, insuficiente y sesgada.

En general, el tema se trata desde una perspectiva represiva: leyes poco drásticas, cárceles muy amables e insuficientes en cantidad, pocos policías, etc. Es decir, no percibo que se intente ir a los orígenes. Incluso más, cuando se alude a la imperfección humana (constitucional e intrínseca), se establece que, esta imperfección es de algunos humanos, no de todos. Como lo escuchamos en la reciente visita del Papa Francisco: “En Chile se encarcela la pobreza”.

Por otro lado, la represión en Chile consiste en algo así como: encarcelar por un determinado periodo, y luego de cumplido dicho periodo, excarcelar. No es visible un esfuerzo sistemático, por transformar el castigo en una instancia de recuperación de los castigados, que permita su reinserción productiva a la sociedad. Esta falta de esfuerzo también afecta a la sociedad en su conjunto, que no siente responsabilidad alguna por contribuir a lograr la reinserción productiva de quienes cumplen sus castigos.

Perspectiva represiva

Obviamente, la perspectiva represiva, en una discusión seria del problema, tiene un papel que jugar. Es indudable que hay espacio para mejorar en la represión de la delincuencia. Pero, no solo en lo cuantitativo, ni solo en la severidad de la represión. También hay espacio para mejorar la equidad y justicia de la represión. Qué duda cabe, que las leyes no tratan con la misma severidad, a los delitos cometidos habitualmente por los poderosos (que hacen las leyes), que a los delitos cometidos habitualmente por los no poderosos (que no hacen las leyes). También, qué duda cabe, que hay jueces que, con frecuencia, aplican la misma ley para un mismo delito, de manera distinta, según el delincuente sea poderoso o sea no poderoso. En consecuencia, mi solicitud es: perfeccionemos todos los aspectos represivos del problema.

Mujer, Familia y delincuencia

“A este niñito, la mamá no le enseñó a cepillarse las uñas”. Así me explicaba una gran profesora de pediatría (y madre), por qué tal estudiante era uno “problema”. Es decir, una mujer con ese currículo, atribuía más a la “mamá” que al “papá”, la responsabilidad familiar, de inculcar valores que guíen las conductas de los hijos.

Más allá de si se está de acuerdo con ella, los hechos muestran lo siguiente:

  • Mujeres viven más que los hombres (aproximadamente 7 años, en Chile 2017)
  • Mujeres chilenas tienen cada día menos hijos (en 2017: 1,7 hijos)
  • Mujeres trabajan jornada completa, independientemente de si tienen o no hijos menores
  • Los roles de padres y madres, dentro del hogar, son cada día más abiertos y definidos por cada matrimonio o pareja.
  • Los posnatales en Chile, son tomados muy mayoritariamente por las madres
  • Las pensiones de vejez de las mujeres son de montos muy inferiores a las de los hombres
  • En los países que han logrado disminuir la delincuencia, un factor común es que aumentaron el tiempo de contacto de los hijos con su familia, en especial la madre.

Si aceptamos las premisas anteriores, pareciera deseable que la mujer chilena:

  • Trabaje fuera del hogar, dado que su trabajo la enriquece, intelectual y espiritualmente, a ella, su matrimonio y a su familia
  • Aquellas que trabajan fuera del hogar, estén más tiempo en el hogar, que lo que están actualmente (sería lo que ellas como madres desearían, para entre otras cosas “enseñarle a cepillarse las uñas” a sus hijos), y que lo anterior no le cause perjuicios económicos a ella y su familia, ni presentes ni futuros.
  • Aumente su tasa de natalidad

Pienso que una política pública, del siguiente tenor, armonizaría todas esas necesidades:

  • Mujeres con hijos menores de 15 años, trabajen 6 horas diarias (no ocho). De este modo pueden estar más tiempo, y menos cansadas, en sus hogares. Las dos horas “no trabajadas” se las pagaremos todos con nuestros impuestos, incluidas todas las leyes sociales. Esto terminaría cuando el menor de sus hijos cumpla 15 años.
  • Lo anterior se complementará con una política de edad de jubilación que señale que la mujer, por cada hijo que tenga, jubilará un año antes que la edad legalmente establecida. Es decir, un año antes si tiene un hijo, dos años antes si tiene dos hijos, tres años antes si tiene 3 hijos, y así sucesivamente. El costo de esto lo pagaremos todos con nuestros impuestos generales. Es decir, las mujeres madres, jubilarán con la renta que les correspondería, si hubieran jubilado a la edad legal de jubilación de las mujeres no madres.

Es evidente que la propuesta no resuelva todos los problemas, pero cumple con incentivar la maternidad y aumentar la permanencia de las mujeres madres en sus hogares, lo cual, además de ser justo (lo que, por este solo atributo, contribuye a la disminución de la delincuencia), favorece la formación valórica de los hijos (lo que también debería favorecer la disminución de la delincuencia). Todo ello sin dañarlas económicamente en sus presentes (remuneración actual) ni en sus futuros (pensiones de vejez).

Crisis de honestidad (Papel del ejemplo de las autoridades)

Cuando leí que el premio nacional Humberto Maturana, dijo que en Chile vivimos una crisis de honestidad, sentí que él, había encontrado la expresión precisa, que yo no encontré.

Asocié esa sintética definición, al papel de las autoridades, empezando por los padres, abarcando a todos los docentes, a los medios, y alcanzando a todas las autoridades institucionales: políticas, judiciales, religiosas y afines (masonería), académicas, policiales, militares, corporativas, sindicales, deportivas, etc.

Qué duda cabe que la reciente aprobación (parcial) de la agenda legislativa de probidad es un avance. Que el nuevo trato a los docentes, también debería ser un avance, aunque de impacto más lento. Que, aparentemente a nivel religioso (y afines) hay también avances. Asumo que el hecho que muchas de las gravísimas faltas de la FFAA y de Orden (En especial de sus altos mandos), hayan salido a la luz pública (aunque con poca fuerza en algunas de ellas), contribuirá a corregir sus corruptas conductas de modo de disminuir el riesgo que se mantengan o reaparezcan.

En fin, considero que este aspecto del problema, “Papel del ejemplo de las autoridades”, es crucial, y que, en general, está poco destacado y visible en los medios de comunicación de masas.

Drogas adictivas ilegales y paraísos fiscales

A este respecto, solo sé que el o los caminos seguidos hasta ahora (En Chile y el mundo) han fracasado rotundamente, de modo que el problema asociado a su producción, distribución y consumo, crece y crece, cobrando vidas y corrompiendo a la sociedad en los más diversos ámbitos. En palabras simples, cada día más, este problema nos destruye como individuos y como sociedad.

En consecuencia, al abordar el problema, hay que hacerlo con la mente y el corazón dispuestos a encontrar nuevos enfoques de solución.

Medios

Qué duda cabe, que la responsabilidad de los medios en este tema, es enorme. Pueden jugar un papel vitalmente positivo o negativo.

Siento que, a la fecha, en Chile, lo han hecho más mal que bien, orientados fundamentalmente a la denuncia, a mostrar el delito, concentrando sus informes en los delitos de los pobres y menos en los de cuello y corbata, además con un enfoque algo superficial, y probablemente con un sesgo político. Es así como se destaca el no pago masivo en el Transantiago, y se informa dejando la sensación que los evasores son solo los pobres y los de la periferia, cuando el problema es bastante generalizado. Por otro lado, no se destacan situaciones que pueden significar mermas económicas mucho mayores, pero cometidas por los poderosos. Otro ejemplo, es el hecho que la debacle moral que Maturana llama crisis de honestidad, está detrás del hecho que un 25% de los chilenos justifican las licencias médicas falsas, sin embargo, los medios no profundizan en intentar buscar explicaciones para este hecho. Explicaciones que, obviamente contribuirían a encontrar soluciones.

Sin censurar lo que han hecho, pienso que deben también prepararse para educar a la nación con relación a este tema, que tanto nos afecta, y que aparentemente crece y crece. Y crece en cantidad y también en “calidad”: cada día más, los delitos aumentan en complejidad policial, y cada día más, la vida (humana y no humana) pierde más valor.

Holanda y otras naciones que han disminuido la delincuencia

Hay países que están logrando disminuir la delincuencia, entre ellos está Holanda, que, según noticias, está “cerrando cárceles”. Es decir, su capacidad carcelaria es excesiva con relación a la demanda por ellas. También Islandia ha disminuido sus niveles de delincuencia, al parecer uno de los determinantes de este éxito, sería un aumento de vida familiar, es decir los hijos “disponen” de más tiempo con su familia (padres) en sus hogares.

En fin, qué duda cabe, que deberíamos aprender intencional y sistemáticamente de estas exitosas experiencias.

Educación

Siento que la visión y misión de los antiguos profesores, que sentían que su papel educativo era ayudar a sus educandos a ser ciudadanos honestos y útiles para la sociedad, y hacerlo con el “pretexto” de enseñar una específica disciplina: Educación Física, Artes, Matemáticas, Lenguas, etc., no está vigente.

Observando nuestra cotidiana realidad actual, me formo la impresión que, a pesar de ser una nación menos pobre económicamente, y quizás más instruida; la siento, en términos generales, mucho menos educada, y en consecuencia más pobre en valores y en capacidad de plantearse preguntas relevantes y de darse respuestas válidas. Si a lo anterior agregamos que, paradójicamente, los chilenos estamos mucho más endeudados que antes, nuestras posibilidades de aportar críticamente, al desarrollo están disminuidas.

Síntesis:

Obviamente estas reflexiones no agotan yodos los factores detrás del problema.

Pienso que palabras claves para estudiar el problema, y encontrar soluciones son:

Justicia, Educación, Ética, Honestidad, Transparencia, Humildad. Cada lector puede agregar (o quitar) palabras.

Obviamente este es un enunciado muy simple y general. Si la sociedad decidiera acogerlo, serán los expertos, multidisciplinarios, quienes lo transformen en una Política Pública responsable a implementar con la gradualidad que la realidad exija.