Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 5 de diciembre de 2022

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“American way of life “versus “Estado Benefactor”

Columna de opinión por Hugo Mery
Viernes 11 de septiembre 2009 11:41 hrs.


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Inútiles han sido los esfuerzos de los “liberals” estadounidenses para garantizar el acceso de todos a la atención de salud. Al revés que sufrieron los Clinton desde 1994 se suman ahora los esfuerzos de Obama para saldar un histórico déficit que en Europa los social demócratas lograron paliar,pese a todas las embestidas conservadoras.


Inútiles han sido los esfuerzos de los “liberals” estadounidenses para garantizar el acceso de todos a la atención de salud. Al revés que sufrieron los Clinton desde 1994 se suman ahora los esfuerzos de Obama para saldar un histórico déficit que en Europa los social demócratas lograron paliar,pese a todas las embestidas conservadoras.

Estados Unidos “es la única democracia avanzada sobre la tierra, la única nación rica que permite dificultades (para la atención de salud) de millones de sus habitantes”.

Esto no lo decimos nosotros. Lo dijo el Presidente Barack Obama en una inusual reunión conjunta de ambas cámaras del Congreso Federal en Washington. El número exacto de carentes de un seguro médico es de 46,3 millones, 600 mil más que el año pasado, antes de que se desatara la actual crisis económica. Yendo más allá de las palabras del Mandatario, se podría decir que esta situación es una de las aristas más agudas del “american way of life”, un concepto en el que predomina la iniciativa privada y no da cabida al “Estado benefactor” que es propio de las democracias europeas.

Es curioso, porque tanto en ese continente como en EEUU existe un ala progresista de la política, constituido en el primero por los “social demócratas” y en el segundo por los “liberales” y, sin embargo, estos últimos no han podido nunca instituir un sistema que garantice atención de salud para todos, pese a que ya hace casi un siglo que Theodore Rooselvelt llamó a una reforma en el sector. Así lo recordó Obama en su discurso, al hablar de “nuestro fracaso colectivo a la hora de enfrentar este desafío, año tras año, década tras década”.

Un “fracaso actualizado”, agregaríamos nosotros, porque en 1994 el Presidente Bill Clinton intentó dar un giro a este histórico retraso, apelando también dramáticamente al Congreso Pleno y a la Nación, sin que la Comisión de Salud que encabezaba entonces la Primera Dama Hillary lograra hacer pasar la reforma. Hoy es el propio Presidente quien decidió copar la escena y entregar los detalles del plan, el que denomina el gran proyecto de su administración, pero la alta retórica de su alegato no convenció a sus más encarnizados opositores. Hubo risas en la bancada republicana cuando dijo que “faltaban aún algunos detalles que afinar” y un parlamentario conservador de California le gritó “mientes” cuando el Presidente aseguró que no se gastaría dinero público en atender a los inmigrantes ilegales.

Lo que ocurre es que los conservadores no quieren saber nada de gastos fiscales en un negocio cubierto por las compañías de seguros y farmacéuticas y las clínicas privadas. Y no se trata sólo de republicanos, también de demócratas conservadores conocidos como los “perros azules”. Aún así, las bancadas del partido de Obama tendrían mayoría para imponer sus puntos de vista, pero el Presidente está empeñado en una ley consensuada a nivel bipartidista.

En el fondo de tal estrategia está el hecho de que aquellos estadounidenses que tienen seguro temen por su estabilidad. Uno de estos ciudadanos decía ayer que “los consultorios están abarrotados y lo estarán aún más con un plan público desfinanciado”, mientras exigen la reforma quienes sufren las negativas de las compañías de seguros de financiarles enfermedades preexistentes.

Todo este debate aparece anacrónico en un país tan desarrollado económicamente, pero que  -como se desprende del ”testamento legislativo” del senador Ted Kennedy- ostenta un endémico déficit en materia social y particularmente en el acceso garantizado de salud para todos.   

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.