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La izquierda europea otra vez en la disyuntiva

Columna de opinión por Hugo Mery
Viernes 9 de octubre 2009 13:54 hrs.


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Ante la caída de la social democracia, Die Linke y otras formaciones de izquierda en ascenso deberán decidir, llegado el momento, si reproducen las conductas de los progresistas de ayer para conservar los cimientos del sistema en que triunfaron.

Se ha recordado que el 9 de octubre empezó la marcha pacífica que exactamente un mes más tarde culminaría con la caída del Muro de Berlín. Hace dos domingos, Alemania hizo también noticia con el resultado de sus elecciones federales, que puso de manifiesto la caída libre de la social democracia en ese país en particular y en otras naciones europeas.

A ese fenómeno nos circunscribimos en el comentario anterior, pero ahora quisiéramos poner de relieve otro hecho que no fue suficientemente destacado por la gran prensa: la arremetida de “La Izquierda” -“Die Linke” en su idioma original-, el partido de esa tendencia que logró ubicarse, apenas tres años después de su creación, en el cuarto lugar a escala federal, superando a los desprestigiados verdes, y contrastando con la declinación social demócrata.

Es interesante notar que la desaparición de la  República del Este conocida como la RDA dejó células políticas que hoy tienden a reproducirse en otras porciones del tejido alemán. Porque Die Linke es la conjunción de los post comunistas orientales y los disidentes de la social democracia occidental. Pero al constituirse con más de 70 mil miembros, 60 mil de ellos procedían del partido socialista de la ex RDA y sólo 9 mil de la escisión liderada por el ex dirigente y ministro social demócrata Oskar Lafontaine. Esto se atribuyó al hecho de que en el Este estaban las zonas más pobres de la Alemania Unificada. El propio Canciller Federal Schröder, al celebrar durante uno de sus gobiernos el aniversario de la reunificación de 1990, dijo que si bien las fronteras visibles entre los dos antiguas Repúblicas habían desaparecido, persistían los límites creados por las diferencias sociales y económicas entre los habitantes de una y otra.

Lo que no previó el líder social demócrata -responsable de los drásticos recortes sociales del último gobierno encabezado por ese partido- es que la exclusión llegaría al conjunto de la nación reunificada. Hoy, el 14 por ciento de los 82 millones de alemanes vive en la pobreza. Los más críticos hablan del 25 por ciento. Bajo la premisa “Riqueza para todos”, el programa de La Izquierda propone un  sueldo mínimo que en el país no existe y una inversión de 200 mil millones de euros en planes estatales de trabajo; para que los desempleados y los pensionistas tengan, los primeros, una vida digna, y los segundos, una vejez protegida. Es justamente lo que los gobiernos social demócratas-verdes abandonaron, para integrarse luego a una coalición presidida por Ángela Merkel, de la Democracia Cristiana, que en ese país ocupa la derecha del espectro partidario.

La caída de las antiguas banderas progresistas incluyó el apoyo a dos guerras y a la energía nuclear, lo que para un partido pacifista y ambientalista como el Verde significó abjurar de su ADN doctrinario.

El resultado fue un inesperado crecimiento de Die Linke a un 20 por ciento en las elecciones regionales de agosto y a un significativo 12 por ciento en los comicios de septiembre para el Bundestag, el Parlamento Federal de donde sale el Gobierno central.

En lo inmediato, el buen  desempeño de los liberales y el malo de los social demócratas significó que éstos últimos ya no serán llamados a gobernar por los democristianos. Para el futuro, abre interrogantes para La Izquierda bien posicionada a nivel nacional y mejor aún en algunas regiones. Lo resumió brillantemente un editorialista europeo: “Die Linke está en la misma situación que estuvieron los verdes antes de 1998: decidir si participará en el mantenimiento del sistema político-económico, realizando algunas reformas, pero protegiendo sus cimientos, o si va por un camino que conduzca a otra República”.

¿Se tratará, en definitiva, de llenar una vez más las vacantes que se producen cada vez que los rebeldes tienden a amoldarse a las condiciones que se les impone fácticamente para el ejercicio del poder?  Una pregunta menos ominosa que los silencios que suele provocar.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.