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Año XIV, 17 de mayo de 2022

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Desarrollo caótico

Columna de opinión por Julio Hurtado
Lunes 23 de noviembre 2009 21:36 hrs.


En Chile estamos viviendo un proceso de cambio social como pocas veces se había visto en la historia del país. Pese a las disparidades internas, cada vez nuevos grupos, fundamentalmente a través de sus crecientes posibilidades de consumo material...


En Chile estamos viviendo un proceso de cambio social como pocas veces se había visto en la historia del país. Pese a las disparidades internas, cada vez nuevos grupos, fundamentalmente a través de sus crecientes posibilidades de consumo material, entran a opinar y modificar la realidad. Los hoy consumidores de automóviles, de ropa, de artículos durables, de educación, etc,  en su gran mayoría son la primera generación de consumidores de esos productos.

Esta situación los valora como consumidores, pero no como ciudadanos. Por lo tanto, debemos cambiar los parámetros de análisis y de medición. Es así que, paradójicamente, muchas posiciones “progresistas” esconden un reverencial temor de las elites tradicionales a estos nuevos segmentos, calificados como incultas masas.

Esto se refleja también en la producción del territorio en general y, específicamente, en la construcción de la ciudad. Esta mirada elitista también se expresa en algunas demandas medioambientales y urbanas (de las cuales no es ajeno este comentarista).

Según el Fondo Monetario Internacional, Chile es el país con más alto ingreso percápita de America Latina. Por otro lado, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Chile es el país con mejor desarrollo humano de la región. También, vemos que, según estudios recientes, casi 8 de cada 10 estudiantes universitarios son primera generación en la universidad. Sin duda, que estamos en presencia de un cambio social y económico de gran envergadura.

Es cierto que estos informes son agregados y esconden disparidades internas, que son muy difíciles de superar en el corto plazo. Pero, tienen el merito de ser técnicamente confiables, de ser comparativos entre sí en distintos años (por lo tanto se puede seguir la evolución del país) y permitir la comparabilidad con otros países.

Este cambio acelerado en los comportamientos y posibilidades de consumo de nuevos actores, no se refleja en cultura. Pero, debemos tener en cuenta que lo que decidan consumir (¿cultura chatarra?) estos nuevos grupos es cosa de cada uno. No pueden, ni deben ser aquellos iluminados (portadores del buen gusto y las buenas costumbres) quienes decidan qué, cómo y dónde deben consumir los grupos sociales recién llegados al consumo. En este pretencioso afán se confunden las elites conservadoras y “progresistas”.

Independiente de la opinión político ideológica de cada uno, el progreso, o al menos el crecimiento,  es evidente. La pregunta es como se expresa esta explosiva situación en el desarrollo de nuestras ciudades.

Las ciudades chilenas no escapan a la tendencia mundial que en una primera etapa de crecimiento económico acelerado, como es el caso de Chile, se privilegia de manera irracional el uso del transporte privado y la consecuente construcción de autopistas urbanas; la diferenciación residencial de las tradicionales elites y los nuevos consumidores, respecto a los sectores pobres, lo que se traduce en segregación urbana; en la construcción indiscriminada de edificios vistosos y altos; y el caos urbano, como parte normal del paisaje.

En la medida que los niveles de consumo y los ingresos aumentan se pasan a privilegiar otros elementos, tales como la superación del caos urbano; la igualdad social urbana, como un bien colectivo;  el transporte publico; etc. Es así que en muchas ciudades incluso se llegó a la demolición de autopistas urbanas y a privilegiar la localización de viviendas sociales conviviendo en similares espacios de la ciudad con sectores sociales de mayor ingreso.

Sin duda que aún estamos muy lejos de aquel desarrollo más armonioso de la ciudad, ya que debido a nuestro nivel de desarrollo estamos atravesando la parte más oscura del túnel, es decir el crecimiento urbano caótico.  La pregunta que nos asalta es si deberemos esperar al aumento de nuestros ingresos, para la  generación de un desarrollo más integral, o tendremos elites preclaras que puedan ayudarnos a acortar el camino.

La elección presidencial debería ser un buen contexto para discutir este tema. O seguimos fomentando el desarrollo inorgánico de la ciudad basado en el lucro, o nos planteamos la construcción de una ciudad, y una sociedad, más equitativa.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.