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Año XI, 19 de septiembre de 2019

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José M. Galiano H.

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¿Qué es la derecha?

José M. Galiano H. | Viernes 27 de noviembre 2009 12:32 hrs.

En cualquier país del mundo se llama Derecha – no en el sentido de ubicación espacial sino social – a un colectivo de personas, que por su ancestro aristocrático, su dinero, sus vínculos familiares o sus relaciones comerciales o profesionales, conservan o asumen un juicio común y excluyente sobre la convivencia de los pueblos...

En cualquier país del mundo se llama Derecha – no en el sentido de ubicación espacial sino social – a un colectivo de personas, que por su ancestro aristocrático, su dinero, sus vínculos familiares o sus relaciones comerciales o profesionales, conservan o asumen un juicio común y excluyente sobre la convivencia de los pueblos.  Invocando el Humanismo bajo una original opción por la Justicia, el esquema de valores creídos o elegidos por los “derechistas”, se apoya y fundamenta en dos principios surgidos en la cultura de la antigua Grecia, cuya aparente solidez viene siendo horadada por las ciencias biológicas y sociales desde hace ya más de tres siglos.

El primero de esos principios es la presunta trasmisión hereditaria de las cualidades y aptitudes, morales e intelectuales, de padres a hijos.  Aceptan, sin embargo, que siendo una ley natural no es absoluta, pero las excepciones serían esporádicas y responderían generalmente a circunstancias sobrevinientes.  El segundo principio consiste en la convicción aristotélica del “libre albedrío”, incorporado por Sto. Tomás de Aquino en la Suma Teológica y asumido por el ideario de la Iglesia Católica con propósitos de formación moral.

La originalidad de ambos principios – que están en la base de la doctrina Liberal-Conservadora – es que tienen su significado, su aplicación y su relativa o discutible validez, en el ámbito de la “vida individual”; y no en las exigencias de reciprocidad, tolerancia, participación equitativa y solidaridad, que exige la “vida colectiva”; como realidad insoslayable del instinto gregario de todos, no obstante su infinita diversidad individual.  Naturalmente, es bueno para todos, que cada uno sea correcto, cumplidor, veraz, laborioso y creativo.  Pero la comunidad tiene que convivir y prosperar en paz; con la mayor justicia, equidad, orden, colaboración y eficacia que sea posible; pero con los millones de personas existentes, en cada Estado, aunque sean escasas sus virtudes y abundantes sus defectos, con su compleja e imprecisable variedad y en función, precisamente, del mejoramiento de todos y cada uno en el futuro próximo y distante.

Entendida esta diferencia sustancial, entre los principios esenciales que invoca la derecha y los que exhibe el resto de las corrientes democráticas; es no sólo razonable sino absolutamente lógico, calificar a la Derecha como la corriente INDIVIDUALISTA del pensamiento filosófico-social; y a todo el resto como la expresión COLECTIVISTA de este ideario reflexivo.  El resto de las controversias, generales o internas dentro de cada corriente, son intrascendentes; meros conflictos episódicos del presente circunstancial, o divergencias ocasionales de hoy o del futuro inmediato.

No es objeto de este análisis reiterar el prejuicio garrafal, que significa asignarle a la Política, la función de cambiar, mejorar o enmendar las conductas individuales.  Menos aún, de convencer a cada uno, que la satisfacción de sus elementales exigencias de vida, sólo depende del ejercicio racional de su libertad que – según los individualistas – sería común e igualmente accesible a todos.  Esto no significa que al Estado no le importe el progreso individual de cada ciudadano; pero su aporte a esa prosperidad es necesariamente indirecto.  Porque su exigencia ética elemental es la óptima organización y funcionamiento rigurosamente justos, de la nación entera; precisamente para que el progreso alcance para todos.

De manera que las tesis individualistas, no sólo son incompatibles con la vida colectiva, sino contradictorias con las obligaciones sociales que cada comunidad requiere para el efectivo acceso a los derechos humanos, de que son titulares todos sus integrantes.  En el caso particular de Chile – no muy distinto al del resto de las naciones de Iberoamérica – el drama histórico de su convivencia ha sido la desigualdad persistente, instalada en los estilos de relación: “entre patrón e inquilino”, “empleador y empleado”, “jefe y subalterno”, “señora y sirvienta”; hasta culminar en el escarnio del despotismo entre “el dictador con sus adláteres y el pueblo sometido”.

La historia de la derecha en nuestra patria está jalonada de las iniquidades de esta corrupta desigualdad.

–    1810: la Derecha, abiertamente realista, transforma la 1ª. Junta Nacional en un acto solemne de lealtad al Rey de España Fernando VII; y ha conseguido conservar durante 200 años, que la fecha de ese acto sea considerada – hasta hoy – como el día de la Independencia Nacional.

–    Abril de 1811: Induce y planifica el “Motín de Figueroa” para disolver la Junta e impedir que convoque a un Congreso Nacional.

–    1811: Consigue derrocar al Gobierno de José Miguel Carrera, que había declarado oficialmente la Independencia, dictado la 1ª. acta constitucional y abolido la esclavitud a través de la “Ley de Libertad de Vientres”.

–    1823: Impone a O’Higgins su abdicación, por haber tenido la audacia de abolir los títulos de nobleza, crear el primer cementerio laico, intentar la abolición de los mayorazgos, crear la Legión al Mérito, ratificar la abolición de la esclavitud y dictar la Constitución de 1822.

–    Julio de 1823: Al iniciarse el Gobierno de Ramón Freire, había aún en Chile más de 20.000 esclavos.  Por ello, su primera Ley fue la absoluta abolición, estableciendo sanciones contra los esclavistas que la infringieren.  La Derecha ejerció su última resistencia a través de su líder intelectual Mariano Egaña, exigiendo que “al menos”, se debía “indemnizar a los propietarios de esclavos que serían privados de sus bienes”.

–    1830-1837: La Derecha despliega su arrogante despotismo a través de la llamada “Obra de Portales”.  Un personaje de la aristocracia que durante la guerra de la Independencia se mantuvo absolutamente indiferente, con manifiesta convicción realista; ingresó al elegante colegio Carolino; entró a estudiar derecho pero no aprobó ninguna asignatura; antes de un año abandonó la carrera para dedicarse a la DOCIMASIA, actividad dedicada a “descubrir alguna proporción de metales preciosos en los metales y metaloides NO preciosos”, rama de la química que podía conducir a la riqueza de la noche a la mañana.  En definitiva se dedica al comercio, forma la sociedad “Portales Cea y Cía.”, que quiebra dos años después.  Obtiene del Vicepresidente Tomás Ovalle – amigo de la familia – el monopolio de la importación de licores, tabacos y naipes, privilegio escandaloso que la Derecha llamó “Estanco”.  Siendo Ministro del propio Ovalle y luego del Presidente Joaquín Prieto, incurrió en infinidad de atropellos; el siguiente es un breve resumen entre muchos otros.  El confinamiento de Ramón Freire – héroe de la Independencia – a la Colonia Penal Inglesa de Sidney en Australia.  La imposición de trabajos forzados a los presos y su encarcelamiento en “carretas jaulas”, para ahorrar el gasto que implicaba su traslado.  La Constitución de 1833, que la Derecha le adjudica, en circunstancias que Portales era asaz ignorante en Derecho, Historia y Ciencias Humanistas; su texto fue obra exclusiva de Mariano Egaña y Manuel José Gandarillas.  Finalmente, Portales declara la guerra, con móviles políticos, insensata e impopular, contra la supuesta “Confederación Perú-Boliviana”; conflicto que le permitió dictar la ley de los Consejos de Guerra Permanentes, contra cuyos fallos no había apelación ni recurso alguno.  Procedimiento sencillo y formal pero perverso, que le permitió eliminar a decenas de opositores; sirviendo además de precedente histórico, a los crímenes que también habría de inducir la derecha 140 años después.

–    1831-1891: Sin desconocer las obras de progreso material y algunos avances sociales, más propios de la calidad personal de determinados gobernantes como Manuel Bulnes, Manuel Montt, Aníbal Pinto y José Manuel Balmaceda; fue un período de nuestra historia en que la soberanía no estaba radicada en la Nación, sino en la Derecha.  Pero solo durante el Gobierno de Federico Errázuriz Zañartu, calificado como liberal progresista y con el apoyo del naciente Partido Radical y del llamado Club de la Reforma, se logran pequeños avances, que insinúan, en 1871 un permiso condicional respecto de la práctica de otros cultos cristianos marginados del catolicismo 300 años antes; y en 1874 una sutil ampliación del electorado, que sólo correspondía a los mayores contribuyentes.  Es decir de un 5% aproximadamente, que era la población adulta masculina con derecho a voto; esa proporción subió aproximadamente a un 8%, por la vía de reducir levemente la suma tributaria que habilitaba como “contribuyente electoral”.

–    1891: La aristocracia despótica no pudo tolerar los avances sociales del gobierno extraordinariamente progresista de José Manuel Balmaceda; y corrompió la lealtad de gran parte de la Armada y del Ejército del Norte.  El sacrificio inútil de muchos miles de chilenos caídos en esa guerra civil, ambiciosa y mezquina; y el desorden generalizado del funcionamiento político, económico, social y cultural del país, a partir del triunfo de los sublevados, son nuevos cargos graves y antisociales que se acumulan a la trayectoria abusiva y sórdida de la Derecha en nuestra historia.

–    1907: Una huelga de los obreros del salitre, sometidos a condiciones inhumanas de trabajo, concluye con una masacre colectiva en  la Escuela de Santa María de Iquique, donde fueron ametralladas dos mil personas, entre obreros, esposas e hijos.  Esta tragedia – que forma parte de los acontecimientos más deprimentes e inhumanos – es revelador del estilo de convivencia clasista que generaron los Gobiernos de la Derecha, también en esa época – 1891 a 1920 – cuando surgían en todo el mundo movimientos sociales por la Igualdad.

–    Septiembre de 1938: Un nuevo episodio de ensañamiento de la autoridad, tuvo lugar bajo la autoría del propio Jefe de Estado, Arturo Alessandri Palma, el día 5 de Septiembre de ese año, en el Edificio del entonces Seguro Obrero, contra 90 o 100 muchachos estudiantes, que se habían tomado la casa Central de la Universidad de Chile.  Después de ser detenidos fueron llevados a ese recinto – frente a la Moneda – y ejecutados en masa.

–    1973-1990: No es necesario mencionar los horrores perpetrados por la Dictadura inducida, organizada e integrada por la Derecha, que bajo el pretexto absurdo de impedir la instauración de un gobierno marxista, indujo a miles de empresarios a retirar sus inversiones de Chile, creando una grave crisis; para luego promover a un grupo de militares ambiciosos a quebrantar su juramento de lealtad al orden constitucional de la República.  Los atropellos abrumadores, por su frecuencia, cantidad y ensañamiento, contra los derechos humanos esenciales, fueron inducidos, cometidos, compartidos, aprobados, acentuados o encubiertos por la dirigencia política de la Derecha, durante los 17 años en que se prolongó la peor tragedia que haya experimentado Chile, en sus 200 años de vida independiente.  Resulta difícil de comprender, que una vez rescatada pacíficamente la democracia, se haya juzgado – y en algunos casos condenado – sólo a los ejecutores materiales – es decir solo a los miembros de las F.F.A.A. y Carabineros – de los crímenes numerosos y atroces que se cometieron en Chile durante dos décadas.  Los autores intelectuales – partiendo por el que exhibía ostentosamente el título de Dictador – murieron impunes o sobreviven con sus prontuarios en blanco.  Pero habría que estar ciego, o mentalmente extraviado, para no advertir que todos los civiles integrantes del Gobierno de facto – que en esta cultura caballeresca aún subsistente, pasaron filtrados la red de la justicia – tuvieron igual o más responsabilidad en ese asalto colectivo a la dignidad histórica de Chile.  Baste recordar uno de los “detalles olvidados”: durante los años 1971 a septiembre de 1973, las juventudes de la Derecha se dedicaron a lanzar maíz en los cuarteles de las F.F.A.A., significándoles el apodo de gallinas; frente a la crisis que sus propios correligionarios habían creado.

Este esquemático recuento es el “Diario de Vida” de la Derecha a través de los 200 años de nuestra historia independiente.  Su coherencia o ajuste con el juicio de valores que declara solemnemente, “inspirado en la inclaudicable LIBERTAD”, resulta un acertijo indescifrable para la racionalidad de la mente humana.

–    ¿Cuál es entonces el vínculo que une a esta categoría política?  Parece bastante lógico, que la relación consista en una suerte de comunidad del dinero.  Cuyo objetivo político y social es mantener la estructura constitucional vigente que les ha venido garantizando, no sólo la conservación de sus riquezas, sino la seguridad de seguir incrementándolas; sin condiciones y sin enmiendas al ordenamiento jurídico, que pudiere conducir al renacimiento de las “utopías sobre justicia, trabajo e igualdad”.

Es cierto que la caída del Muro de Berlín no fue el cumplimiento de un contrato de demolición.  Pero también es cierto, que en Alemania Occidental no quedaban vestigios del “escarnio nazi”; y la concurrencia coherente entre la libertad y la igualdad alcanzaba ya una adecuada proporción.

Porque la justicia social sigue siendo una esperanza, al parecer inalcanzable, bajo el imperio económico del sistema Neoliberal; vigente e interactivo en el mundo entero; que implica una abusiva desproporción entre las rentas del capital y las rentas del trabajo. Su cambio solo podrá lograrse a través de un movimiento coordinado de todas las fuerzas sociales del Planeta.

Hasta aquí, una breve reseña conceptual e histórica de esta derecha: la que opera en Chile, disimulando su origen, sus ancestros de nobleza y su pertenencia integrada a las convicciones universales del pensamiento conservador y liberal.  Por eso, parece conveniente echar también una mirada objetiva al pasado de esta derecha universal, que cobija ideológicamente a la mayor parte del reducido mundo de los ricos.

Históricamente hubo en realidad un motivo “espacial” para llamarla DERECHA.  En los prolegómenos de la Revolución Francesa, la nobleza, los altos prelados del clero católico, los dignatarios de la corte y las máximas autoridades de la administración del Reino, ocupaban las bancadas del lado derecho, en el hemiciclo en que sesionaba la Asamblea Nacional.  Los escaños del lado izquierdo estaban destinados a los representantes del Estado Llano.  El significado político, social y cultural que tuvo la sangrienta revolución – que no solo decapitó a la monarquía absoluta, sino que mutiló el contubernio simbiótico y perverso entre el ejercicio de la soberanía y el derecho a la propiedad – ha venido difundiendo, en occidente, e incluso en algunas culturas orientales, términos, ideas y episodios, que le dan significado a los móviles y a los resultados de ese trágico y trascendental conflicto.

Los personajes que estaban a la derecha se oponían tenazmente a los cambios que reclamaban los miembros del Estado Llano, que se ubicaban a la izquierda.  Fue la primera vez, en la Historia de la Humanidad, en que la Libertad y la Igualdad fueron asumidas por los más débiles, como valores coherentes, destinados a favorecer a todos, en condiciones éticas y sensatas de pacífica convivencia.

Pero, aunque la intransigencia de los poderosos desencadenó una lucha desenfrenada de crueldad; los principios en que se inspiró la batalla de esa izquierda naciente han perdurado hasta ahora; siempre bajo condiciones de abuso y despotismo, pero considerablemente menores que antes de esa revolución histórica y universal.  Ya no existe la “Institución de la Esclavitud”, ni la “Nobleza formal y hereditaria”.  Pero en materia de libertad económica – que fue exigida y conseguida por el Estado Llano a fines del siglo XVIII – se trataba entonces de una actividad de acceso libre, informal, igualitario y disponible, a una economía en expansión por obra del trabajo creativo, honrado y eficaz.  Hoy se trata de una economía contractiva, por efecto de una extraña y original “fuerza de gravedad”, en que los volúmenes de las grandes riquezas atraen y se tragan hasta los más modestos ingresos de los pobres.  Es esta la “libertad económica” que defienden las Derechas de hoy, en todos los rincones del planeta; y es precisamente ese desvío corrupto del quehacer económico, contaminado de codicia, explotación y mezquindad, el curso antisocial del proceso que obstruye, cercena o impide el acceso de la gente de trabajo, a casi todas las demás libertades.  Más aún; que priva del derecho a vivir – en este mundo – a 30 millones de personas que mueren de hambre al año.

La derecha chilena no escapa a la decadencia moral de todas las derechas del orbe.  Como ocurre – con ligeras diferencias – en los demás países de Iberoamérica, en Chile exhibe un luctuoso pasado no sólo económico; sino rebelde, sedicioso y despótico en el ámbito político; complementado con abusos expolios y atropellos a los derechos humanos en el campo social.  La breve reseña histórica antes expuesta, basta para advertir la constante disposición golpista y la invariable complicidad en los delitos políticos, que jalonan la existencia de la derecha en nuestra patria.

El peligro latente, que se cierne una vez más sobre nosotros, es que esta Derecha Troncal – esta comunidad del dinero – logra complementarse numéricamente con muchas personas, que por falta de convicciones, ignorancia, ingenuidad o necesidad, aparecen contribuyendo a que esa asociación egolátrica y codiciosa se apodere también – por vía formalmente válida pero éticamente espuria – del único instrumento de mando que no posee.

La Comunidad del Dinero es numéricamente muy reducida; pero son muy pocas las cosas que el dinero no puede comprar.  Cuando es mucha la gente que se necesita – como urge en las épocas de elecciones – se recurre a los grupos de personas que necesitan conservar el trabajo que les ha concedido algún rico; a los arribistas que les agrada coincidir con lo que opinan los ricos; y a ese cuantioso número de ingenuos que confunden el mérito con la riqueza, que asumen como verdadero lo que aparece en las pantallas o está escrito con letra de imprenta; o que la precariedad de su memoria solo les conserva en sus mentes lo ocurrido en las dos últimas décadas.

José M. Galiano H.
Abogado