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Copenhague, la “última oportunidad” para salvar la tierra

A pocos días de que se inicie el encuentro que reunirá a representantes de todos los países del mundo para establecer las directrices que se tomarán en relación al cambio climático, aún existen suspicacias respecto del compromiso que asumirán los estados para concretar este cometido.

Loreto Soto

  Lunes 7 de diciembre 2009 12:39 hrs. 
Radio-Uchile

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A pocos días de que se inicie el encuentro que reunirá a representantes de todos los países del mundo para establecer las directrices que se tomarán en relación al cambio climático, aún existen suspicacias respecto del compromiso que asumirán los estados para concretar este cometido. Y uno de los requerimientos más importantes pasa porque Estados Unidos y China, dos de las potencias más contaminantes, acepten las condiciones que emanen de la instancia.

Polos y glaciales se derriten mientras el nivel de los océanos aumenta y las aguas arrasan con las principales ciudades costeras. Los archipiélagos desaparecen del mapa, se incrementan los huracanes y tifones y miles de especies de animales se extinguen. Estas no son escenas de una película de ciencia ficción sobre el fin del mundo, es una realidad que, según la comunidad científica, se acerca a pasos agigantados.

Y es que las consecuencias del cambio climático, provocado principalmente por la actividad productiva humana, es una amenaza que exige el compromiso de toda la humanidad, en especial, de sus dirigentes.

Es por eso que representantes de todos los países del mundo se reunirán, a partir del próximo lunes 7 y hasta el 18 de diciembre, en Copenhague, Dinamarca, para determinar las directrices obligatorias que se seguirán para mitigar las consecuencias del incremento de la temperatura en el mundo.

Pero las medidas deben ser concretas: expertos de todo el globo indican que es necesaria una reducción urgente del 50 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, en especial del dióxido de carbono (CO2) que se emite a partir del consumo de combustibles fósiles como el carbón, petróleo y el gas natural, para evitar que la situación se vuelva insostenible.

Sin embargo, la tarea no será nada fácil ya que entran en juego las voluntades políticas, el desarrollo económico y la protección del medio ambiente, una triada que, hasta el momento, no ha podido conciliar posturas.

De hecho, uno de los obstáculos que ya se vislumbran, tiene que ver con la reticencia de Estados Unidos y China de comprometerse a una disminución de sus emisiones de los niveles acordados en el encuentro, que debe reemplazar los estándares establecidos en el Protocolo de Kyoto, asumido en 1997 y que vencerá en el 2012.

Estas potencias, junto con otros países del primer mundo, son responsables del 80 por ciento de la generación de estos gases y sólo reúnen al 20 por ciento de la población mundial. Por lo mismo, desde diferentes sectores se señala que este nuevo acuerdo sólo tendrá sentido si es aceptado, firmado y ratificado por estos gigantes.

Estados Unidos fue el único país que no ratificó el protocolo de Kyoto, a pesar de haber participado en todas las reuniones. Sin embargo, se espera que esta vez sí adscriba al las propuestas emanadas por Copenhague, pero el propio Presidente Barak Obama, dijo que "No debemos hacernos ilusiones” porque estamos en medio de una crisis económica y afirmó que “la prioridad de cada país es rescatar su economía y dar trabajo a su población”.

De todas formas, Obama puso en manos del Congreso una ley que plantea la reducción para 2020 de emisiones a los niveles de 1990 en ese país, pero el Capitolio ya anunció que no la van a aprobar hasta el próximo año, por lo que la participación de EEUU en este nuevo protocolo y su “aporte” a acelerar al cambio climático, que nos afecta a todos, queda reducido a problemas de la política interna.

Por su parte, China se comprometió  a reducir sus emisiones de CO2 para el 2020, tomando como referencia sus niveles de 2005, a través de la producción de energías renovables y el uso de la energía nuclear, aunque no ha dado una cifra concreta.

Los desafíos de Chile y América Latina

Dentro de los temas que se abordarán en la Cumbre por el Cambio Climático está la determinación de la responsabilidad histórica de cada Estado, teniendo en cuenta que la mayor cantidad generación de CO2 es producida por los países desarrollados y las peores consecuencias se presentan en los territorios de las naciones más pobres.

El adelgazamiento de la capa de ozono en el hemisferio sur es un ejemplo de ello. En Chile se han alcanzado niveles preocupantes en las últimas décadas y los peligros, tanto como para la conservación de las especies como para la salud de las personas, son inminentes.

Es por eso que uno de los planteamientos con que los estados llegan a Copenhague tiene que ver con una compensación financiera para que los países que más han contribuido en la degradación del medio ambiente ayuden a aquellos en que los efectos de este fenómeno se han presentado con mayor agresividad. De esta manera, se podría invertir en la implementación de sistemas de energías renovables no convencionales, que evitarían la utilización de los combustibles fósiles.

En esa posición se encuentran la mayoría de los países de América Latina, excepto Brasil, que en su condición de potencia emergente, se le exige cumplir con estándares de disminución de emisiones.

Mientras, en Chile, los aprontes al encuentro no han sido fáciles. Diversas organizaciones ambientalistas han criticado la posición de las autoridades que no recogieron sus propuestas y que, según ellos, no han mostrado claridad respecto de la posición que adoptarán en el encuentro.

Sin embargo, con la ratificación de la comitiva de doce personas que viajará a Dinamarca, la ministra del Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte, salió a aclarar las dudas.

Según la autoridad ,la propuesta es que los países en vías de desarrollo –como Chile- se comprometan a luchar contra el aumento de la temperatura en el planeta en la medida de sus circunstancias y siempre que cuenten con el apoyo de las grandes potencias contaminantes.

Esto a través de acciones nacionales apropiadas de mitigación reportables, verificables y medibles.

“La posición chilena es una que contribuye al encuentro de dos mundos: el de los países desarrollados y de los que están en vía de ello, haciéndose cargo éticamente del asunto que, sin lugar a dudas, es el tema del siglo XXI. No hay otro desafío que enfrente la humanidad más importante que el del cambio climático”, afirmó la secretaria de Estado.

En ese sentido, Ana Lya Uriarte, calificó como clave el rol que Chile podría jugar en la cumbre como país bisagra, pues pertenece al gran grupo de  naciones emergentes y en su condición de futuro miembro de la OCDE, puede negociar con las grandes potencias y producir acercamientos.

La agenda

La primera semana de actividades estará centrada en negociaciones técnicas para dar con el perfil de las exigencias que se solicitarán para el resguardo del medio ambiente.

En esas jornadas estratégicas, Chile estará representado por el director ejecutivo de la Corporación Nacional del Medio Ambiente (Conama), Álvaro Sapag.

La segunda semana de trabajo, en tanto, se concentrará en las negociaciones políticas a cargo de los ministros pertinentes que, en nuestro caso, estarán lideradas por Ana Lya Uriarte.

Aún no está confirmada la presencia de la Presidenta Michelle Bachelet en la cita en que participarán más de cien Jefes de Estado y 15 mil personas, que ha sido calificada como “la reunión de la última oportunidad” para la supervivencia de la humanidad.

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