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TV: con miel en los labios

Columna de opinión por Victoria Uranga
Martes 15 de diciembre 2009 17:20 hrs.


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Se calcula que en el futuro cercano la población mundial verá unas 24.000 millones de horas de televisión al día, o sea, unas cuatro horas por persona en el mundo.


Los medios están en el medio de nosotros hace rato y no necesitamos el nombre de Sociedad de la Información para recordarlo. Pero el cómo están es parte importante de la pregunta y para qué están siendo utilizados es parte de la inquietud generan. “La televisión salvará al mundo” tituló el número diciembre-enero de la revista Foreign Policy. El artículo identifica múltiples impactos positivos de esta caja nada de tonta. Entre ellos: cómo la explosión de la capacidad de elección de canales debilita el poder de los burócratas, cómo en la India se promueve como método de control anticonceptivo o cómo gracias a que una mujer quedó como finalista en “Afghan Star”,  el país tuvo un positivo impacto en la igualdad de género.

Se calcula que en el futuro cercano la población mundial verá unas 24.000 millones de horas de televisión al día, o sea, unas cuatro horas por persona en el mundo. Hoy sabemos que incluso en países en situación de pobreza el 80% de los hogares tiene televisores. Por lo tanto, más allá de las estrellas de las redes sociales como Facebook y Twitter,  sigue siendo la televisión la que cuenta y construye mayoritariamente nuestros destinos mediáticos.

Eurodata TV Worldwide, identificó a los programas más vistos en el mundo el año 2008. Luego de estudiar 66 países y un total de 1.600 millones de espectadores en total, los datos muestran que la serie más popular es “Los Guardianes de la Bahía”. Esta serie con sus esbeltos cuerpos y simples historias en las playas de California, se difundió en más de 142 países  y en su apogeo se calculaba una audiencia de mil millones de personas. Por estos días, el que lleva la delantera es “Dr. House”, sus aventuras médicas sólo el año pasado fueron vistas por más de 82 millones de televidentes.

Estos resultados me dan hambre. Me dan deseos de saborear miel en los labios. Me dan ganas de volver a soñar que en el Chile de hoy, afectado por la desigualdad, por la  falta de calidad en la educación y de oportunidades, la televisión puede ser gestora de convivencia y desarrollo. Hoy entre medio de una desalentadora segunda vuelta electoral, pendientes están los debates en torno a las leyes de televisión digital y televisión pública. De fondo, sigue en espera una  conversación amplia en torno a la televisión que queremos.

No estoy apelando a que todo sea televisión cultural o educativa. Ya aprendimos con Valerio Fuenzalida que su lenguaje icónico es más apto para la ficción narrativa, la identificación emocional, para lo sugerente, lo polisémico, lo evocador que para la razón crítica-analítica. Por lo tanto, debe contar historias y la tele sabe bien como contarlas. Pero queremos cuentos nuevos, con otros actores y actrices, con narrativas diversas que ayuden a confrontar ideas, a compartir sueños y a crear nuevos horizontes.

Los recientes resultados del Latinobarómetro nos mostró que para informarse de asuntos políticos, los latinoamericanos vemos a los medios de comunicación como tomando partido en época de elecciones, y por tanto, dejan de ser fuente objetiva en períodos electorales. Pese a eso, seguimos prefiriendo a la televisión  aunque ha aumentado la importancia de la familia y los amigos.

Sí, estoy invitando a hablar de Televisión para el desarrollo. Eso dice el título de esta canción pendiente, pero pensar la televisión para el desarrollo es arriesgado. Sobre todo cuando lo que prima es una lógica de mercado donde cualquier aspiración más allá del raiting resulta con facilidad obsoleta y enredada en mitos no superados. Pese a esto, la televisión sigue siendo el medio de entretención e información preferido por la gran mayoría de los chilenos, por lo tanto, es nuestro deber ciudadano el  problematizarla y contribuir a su enriquecimiento.

Victoria Uranga Harboe es directora de la Cátedra UNESCO-UDP  “Medios de Comunicación y participación ciudadana”

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.