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Jaime Hales

Ramiro Mendoza: De la arrogancia a la estupidez

Editora Diario Electrónico | Miércoles 6 de enero 2010 17:40 hrs.

Uno de los peores errores del actual gobierno ha sido nombrar personeros de claras posiciones de derecha y poco democráticos en ciertos cargos autónomos y determinantes del funcionamiento del Estado y la sociedad. Muchos malos, pero uno pésimo: el contralor Mendoza.



 


Quizás uno de los peores errores del actual gobierno ha sido nombrar personeros de claras posiciones de derecha y poco democráticos en ciertos cargos autónomos y determinantes del funcionamiento del Estado y la sociedad. Muchos malos, pero uno pésimo: el contralor Mendoza, quien no sólo es un activista de la derecha más conservadora, sino que permanentemente luce arrestos de poca confianza en la democracia.

Él, como le ha sucedido a otros personajes que por el momento evitaré nombrar para no distraerme, empiezan a creerse sátrapas sin limitaciones en su quehacer y se pronuncia sobre todo lo que le interesa políticamente, aunque exceda sus funciones.

Se siente todopoderoso y los medios de comunicación, muchas veces ignorantes a rabiar, también le reconocen poderes que no tiene y todos le hacen coro en sus jugarretas.

La última ha sido insistir en que los Ministros de Estado NO SON POLÍTICOS. Será éste el único país con formas democráticas que rechaza la idea de que estos "secretarios" del Presidente, que no son funcionarios públicos dada su naturaleza política y de estricta confianza política de quien los nombra, no pueden pronunciarse políticamente porque tienen rango de autoridades del Estado.

Insólito, para decirlo suavemente, porque ya su antidemocrática formación jurídica, nacida del corazón del pinochetismo, pasa a desvirtuar completamente lo que es de la naturaleza de los sistemas de gobierno democráticos.

Con este criterio, el Presidente de la República tampoco puede opinar de política, porque también es autoridad. Y ello podrá aplicarse a los Alcaldes (los concejales no todavía porque son de segundo orden) y a los diputados y senadores, quienes también son autoridades.

Desde su arrogancia al creerse facultado a todo, se pasa rápidamente a la estupidez de este tipo de decisiones que, sin ser la única, puede ser de las más graves.